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CORONAVIRUS EN VIGO

Clases ‘online’ por prescripción médica

Amalia Adrio junto a su hija Elena en el domicilio familiar

Amalia Adrio junto a su hija Elena en el domicilio familiar Alba Villar

Cincuenta alumnos del área de Vigo reciben educación domiciliaria por enfermedad, 16 de forma telemática por vulnerabilidad al COVID

Las aulas de prácticamente todos los centros escolares del municipio amanecieron, en algún momento durante el último curso escolar, con parte de sus pupitres vacíos. Los motivos, desde un absentismo no justificado hasta ser positivo por coronavirus o haber estado en contacto con uno. Evitar estos dos últimos motivos están detrás de otra buena parte de las ausencias a los colegios e institutos. Es el caso de cerca de ochenta alumnos de Educación Primaria y Secundaria del área de Vigo, quienes recibieron atención educativa domiciliaria, bien presencial –con profesorado que se desplazaba a sus casas– o bien telemático.

Este último programa, conocido como AVA (Atención Virtual al Alumnado) entró en funcionamiento a finales de 2020 para dar respuesta no solo a aquellos alumnos que no podían acudir a sus centros por enfermedad, sino que además tenían una especial vulnerabilidad al COVID. Así, que para limitar su contacto con personas ajenas a su circular familiar, la Xunta puso en marcha este proyecto, que cuenta con dos coordinadores, uno por cada etapa escolar.

“Al alumno lo evalúa su centro, nosotros los reforzamos con las explicaciones”

Obdulia - Coordinadora Primaria

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Obdulia es la profesora que se encarga de impartir las materias de Educación Primaria a un total de 10 niños en el área viguesa. “Cada uno de estos alumnos está en un centro educativo diferente y por lo tanto el plan de trabajo es diferente. No hay que olvidar el que va a evaluar al niño es el centro; la dirección o a través del aula virtual, suben los contenidos, el temario que dan y nosotros, los profesores, reforzamos con explicaciones o apoyo para estos contenidos”, subraya la coordinadora de E. Primaria en la provincia.

Todo este trabajo se realiza de forma telemática con “dos o tres horas semanales hasta un máximo de cinco”. “Muchas veces adaptamos los horarios a las citas médicas o incluso también a su situación personal, si está peor o mejor. El objetivo es que logren los estándares mínimos del curso, para que el año que viene, cuando se reincorporen, no tengan problemas para seguir las clases. Nos paramos mucho más en las asignaturas troncales, Matemáticas, Lengua, Lingua, Naturales y Sociales”, explica la docente.

Amalia junto a su hija Elena Vázquez, en su domicilio. ALBA VILLAR

Precisamente este era el temor de María Dolores, la madre de Irene, una adolescente que cursa 3º de la ESO en un instituto de Vigo. “Mi miedo era que ella no fuese capaz de engancharse a 4º de la ESO, hay materias que por mucho que yo me ponga con ella, necesitaba de una explicación. Esta herramienta le vino muy bien; se queda con lo más importante, sin que pierda el hilo el próximo curso. Será un año malo, pero no perdido”, narra.

Esta alumna lleva en el programa AVA desde marzo, tras comprender que “repetir no era una opción”. “La niña estaba preparada para incorporarse al curso en el tercer trimestre, pero se alargó todo a consecuencia de una bacteria y además el médico optó por no darle el alta ya que tiene una afectación de pulmón que es lo que más ataca el COVID, por ello optamos por este programa y así evitamos que entren en casa personas de fuera. Ella lleva año y medio sin ir al colegio”, apunta Mª Dolores.

Su historia no dista de la de Sara o Elena, otras dos escolares de sendos CEIP de Vigo y O Porriño. En el caso de la primera, su madre Sandra optó en un principio por la docencia domiciliaria presencial, pero terminó cambiando al AVA. “Sara es una niña vulnerable por eso siempre hemos tenido mucho cuidado con el COVID en casa. Al principio venía una profesora a casa, pero no estábamos contentos, eran menos horas, no tenían el contacto directo con el colegio, ni los libros... No era lo que buscábamos. Ahora con el programa AVA, la niña está genial, es cierto que siguen siendo pocas horas pero están muy bien aprovechadas. La profesora entra en el aula virtual de la niña, ve lo que han dado y lo que no, comparten la pantalla para hacer juntos los ejercicios; se siente como en una clase”, apremia Sandra, su madre.

Elena Vázquez, en su domicilio. ALBA VILLAR

Al ritmo de la clase

Amalia, la mamá de Elena, suscribe estas palabras tanto en lo limitado del horario como en sus beneficios. “Llevamos desde enero con las clases, la niña está encantada. Yo también le estoy muy encima porque son muy poquitas horas, pero ante cualquier problema, la profesora a través del ordenador le explica y le ayuda, y le viene muy bien. Como madre me facilita mucho el trabajo. Ella está aprobando todas, da lo mismo que sus compañeros, lo que le permite ir al mismo ritmo que el resto. Y eso que ella lleva un año sin ir a clase”, cuenta.

“Dar lo fundamental de cada curso es el objetivo, lograr el contenido mínimo”

Emilio - Coordinador secundaria

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Aunque reconoce que todavía es “pronto” para valorar el rendimiento educativo de este programa AVA, Emilio, el coordinador de Educación Secundaria, sí aprecia muchas diferencias con las clases telemáticas que se impartían en el confinamiento. “Aquí todo es individual y personalizado. No es lo mismo atender a 25 chicos a la vez que a una. Hay chicos que tienen muy buenas notas, otros que están un poco más perdidos, pero sabemos que al menos van a tener los contenidos mínimos para no perder el ritmo”, explica el docente de ESO. 

“Pasamos de 5 a 11 docentes; la demanda creció muchísimo”

Antes de que muchos alumnos puedan recibir esta educación domiciliaria, es frecuente que las largas estancias hospitalarias motiven el seguimiento de las clases desde la camilla. De ello se encargan las dos docentes a cargo del área hospitalaria. Una de ella, Chus Iglesias –también coordinadora del área domiciliaria– cuenta cómo la afectación del COVID y en consecuencia el mayor conocimiento de estos programas educativos motivó un aumento sin precedentes de la demanda. “Si antes, de media en el área de Vigo contábamos con 5 profesores, ahora tenemos 10 y estamos pendiente de un onceavo”, destaca Iglesias, quien apremia el “enorme” trabajo de estos profesionales. “Su capacidad de adaptación es brutal ya que estas clases tienen un componente itinerante muy grande”, explica.

Otro de los aspectos que destaca Iglesias es que este año se ha logrado una coordinación entre ambas áreas –hospitalaria y domiciliaria–, de modo que si un alumno no puede recibir a su profesor en casa porque se encuentra en una cita médica, este docente podrá acudir a dar clases al centro hospitalario. “Se aumentó mucho la carga de trabajo y así podemos ofrecer un servicio de mayor calidad”, concluye Chus Iglesias.

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