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José Ángel Álvarez Moreira | Alumno de la UVigo desde 1987

Más de 30 años matriculado y sin prisa por acabar: “La Universidad es mi ‘hobby’"

Álvarez Moreira es alumno de la UVigo desde hace 34 años.

Álvarez Moreira es alumno de la UVigo desde hace 34 años. PABLO HERNÁNDEZ GAMARRA

Después de tres décadas matriculado en Economía y a falta de un curso para terminar, titularse ya no es el principal objetivo para el alumno más veterano de la UVigo. Continúa por afición y tampoco renuncia a las tareas de delegado estudiantil, de hecho, sus interpelaciones al equipo de gobierno se han convertido en todo un clásico de las sesiones del Claustro. Álvarez Moreira (Vigo, 1965) trabaja actualmente en el sector de la limpieza, pero cuenta con numerosos certificados profesionales de nivel 2 y 3 –desde marinero a secretariado y gestión de pymes–, además de un ciclo medio y superior en deporte. También es árbitro de voleibol y, hasta la pandemia, compatibilizaba su vida laboral y personal con la tarea de entrenador de fútbol sala. Esta es la segunda entrevista que concede a FARO desde 2006 y no descarta una tercera. "Mientras no me aburra y las normativas de permanencia no me echen...", bromea.

–Se matriculó por primera vez en 1987. Empezó la licenciatura de Economía y ahora mismo está en el grado. ¿Por qué sigue?

–Tenía que haber acabado en el 92 y he pasado por 4 o 5 planes de estudio diferentes. Para mí, la Universidad se ha convertido en un hobby. Igual que otros van a echar la partida. Ahora mismo, no tengo especial interés en acabar la carrera. Es algo secundario, terciario o casi lo último. No es una de mis prioridades.

–¿Pero cuánto le queda para poder graduarse?

–Pues creo que, con el último cambio, me queda un año completo más el trabajo final de grado. Al ir saltando de planes de estudio tengo asignaturas sueltas de diferentes cursos.

“Este año fui a un examen porque ese día tenía tiempo y hacía mucho que no me presentaba”

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–¿Y va a clase?

–Qué va, qué va. Prácticamente, no voy ni a los exámenes. Este año me presenté a uno porque ese día tenía tiempo.

–¿Aprobó?

–No (risas). Fui a ver cómo era porque ya hacía mucho tiempo que no me presentaba a un examen.

–Al menos, no iría nervioso.

–Para nada. Si voy nervioso a estas alturas de mi vida...

–¿Algún compañero del principio ha llegado ser profesor?

–Sí, pero no me han dado clase.

–Por edad, tiene más experiencia laboral que algunos docentes.

–He currado en casi todo. Una vez que en clase hablaban de sectores le dije al profesor que yo había trabajado en todos (risas).

–¿Y conoce a sus compañeros?

–Nada. Tienen la edad de mi hijo, 19 años.

–¿No será también alumno de la UVigo?

–No, él lo tenía claro desde pequeño. Está haciendo un ciclo superior de FP y va estupendamente. Pero a lo mejor después va a la universidad. Igual todavía lo convenzo.

“La Universidad es un ‘hobby’, no tengo especial interés en acabar”

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–¿En qué momento se dio cuenta de que no iba a acabar la carrera?

–Casi desde el principio. Cuando estaba en 3º o 4º me fui a trabajar con mi padre, perdí dos exámenes y ya me dije que igual acabar la carrera no era lo mío y empecé a buscarme la vida por otro sitio.

–¿Qué le dicen la familia y los amigos, que acabe de una vez o que lo deje?

–Ya no dicen nada.

–Durante todos estos años también se ha mantenido como delegado estudiantil.

–Sí, me sigo presentando y como ahora ya no lo hace casi nadie salgo elegido. Antes era más fácil por los horarios pero ahora cada vez es más complicado que los alumnos se involucren.

–No hay Claustro que se precie en el que usted no intervenga. ¿Siempre hace las mismas preguntas?

–Casi siempre. Últimamente eran sobre el reglamento de estudiantes, que ya se aprobó en el último Claustro, y el de exámenes. También planteo preguntas que no hacen los miembros del Consello de Estudiantes (Ceuvi) o que van surgiendo. A mí no me cuesta preguntar. Y en vez de estar en casa mirando la tele o no haciendo nada pues doy un paseo y voy subiendo al campus de vez en cuando.

–¿Alguna vez le han dicho algo sobre sus intervenciones?

–No. Yo ya procuro que no sean largas. Las llevo por escrito para no enrollarme mucho y suelen ocupar un folio.

Álvarez Moreira es alumno de la UVigo desde hace 34 años. PABLO HERNÁNDEZ GAMARRA

–Ha conocido a todos los rectores, ¿cuál ha estado más dispuesto a escuchar a los alumnos?

–La relación suele ser bastante cordial. Todos han sido bastante dialogantes y se han preocupado hasta donde han podido. Muchas veces, no es que ellos no quieran, sino que los acuerdos también dependen de los profesores y hay algunos, una minoría, que no están por la labor.

–¿Y los miembros del Ceuvi lo aceptan bien?

–Sí, sí, sin problema. Les cuento mis historias de abuelo cebolleta para que entiendan de dónde vienen muchas cosas. El problema es que solo están aquí 4 o 5 años, son jóvenes y muchas veces creen que las cosas no salen y se enfadan. Pero yo les digo que estén tranquilos, que yo llevo desde 2010 preguntando dónde está el reglamento de exámenes. Hay que remar y negociar y tener paciencia. De todas formas, sí se van consiguiendo muchas cosas gracias a la labor de los anteriores. Y porque el Rectorado tiene una actitud dialogante. Vigo fue una de las primeras universidades que consiguió ordenadores para los alumnos en el confinamiento.

–Ha visto cómo crecía el campus estos 30 años, ¿qué opina del traslado de títulos a la ciudad?

–Sigo sin tener una opinión porque hay muchos flecos, muchos. He escuchado al rector en el Claustro y en la junta de facultad y sigo sin tenerlo claro. Me parece hasta normal que Ciencias del Mar esté en la ETEA, pero mover otros títulos como ‘Teleco’ o Química simplemente por aprovechar que puede haber un edificio no lo entiendo. ¿Y qué van a hacer con todos los edificios del campus?

–¿Cómo definiría a la actual generación de universitarios?

–Son como la sociedad, un poco más finalistas, más egoístas. En mi época pedías apuntes y había catorce compañeros que te los dejaban, hoy algunos sí y otros no. Hay más competitividad e individualismo, igual que en la sociedad. No son mejores ni peores.

–¿No cree que deberían de convalidarle de alguna manera todos los años que lleva en la Universidad?

–Un día dije de broma que iba ser antes honoris causa que licenciado (risas). Que me den algo o no a estas alturas no me preocupa. Mientras no me aburra ni me quite tiempo de la familia seguiré. Como el que colecciona sellos o lee libros, lo hacen porque les gusta. Y el coste tampoco ha sido muy elevado. La matrícula es cara, pero si lo calculo respeto a un fumador o alguien que va todos los días al bar a echar la partida y tomarse dos cervezas o ser socio del Celta en Tribuna me sale baratísimo.

–O sea, que queda universitario para rato.

–Tendré que hacer yo la normativa de permanencia para que me echen (risas). Hablando en serio, no es lógico que una persona pueda estar tantos años en una universidad pública sin sacar una carrera. Igual que no lo es la tasa de endogamia de los profesores. No es normal que pases de estudiante a profesor en la misma universidad sin más currículo.

–Quiere que su propio caso sea una denuncia.

–Hay muchas cosas que no son lógicas y que no deberían pasar. Hay cambios, pero son muy lentos.

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