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La "conexión americana" del ombú del Castro

El profesor jubilado Xulio Dobarro ante el ombú del IES do Castro

El profesor jubilado Xulio Dobarro ante el ombú del IES do Castro

Entre el peculiar equipaje con el que Martín Echegaray arribó a Vigo en marzo de 1931, a bordo del velero Sierra Morena y tras haber pasado varios meses en Argentina, destacaban dos bultos, cargas poco habituales en un viaje transoceánico: una bandera y un árbol que el empresario, político y filántropo gallego se había encargado de custodiar con un celo especial desde su embarque en la quinta provincia gallega, al otro lado del Atlántico.

Ni eran suyas, ni las había comprado, ni tenía tampoco Echegaray ningún plan especial en mente para aquellas piezas que traía de Argentina; al contrario, las transportaba a modo de mensajero, como un recadero entre las dos Galicias separadas por el océano, la de la diáspora y la que esperaba en casa.

La bandera lucía los colores de Nicaragua. Echegaray la había tomado en Buenos Aires de manos de Gumersindo Busto, impulsor de la Biblioteca América, con el encargo de que –una vez en Galicia– se la entregase a la Universidad de Santiago para su biblioteca.

Retrato de Martín Echegaray.

Retrato de Martín Echegaray. Fdv

El árbol, un ejemplar de ombú, se lo había dado a Echegaray el Centro Gallego de la capital argentina para que, a su llegada a Vigo, se lo regalase en nombre de la institución al alcalde de la villa. Aunque cuando crecen alcanzan una talla “mastodóntica” que los hace destacar en la Pampa, el ombú viajaba entonces con más simbolismo que porte: tenía solo cinco años, pero lo había cultivado con mimo el jardinero municipal de Buenos Aires, Manuel Ocampo, gallego también, para que arropase con su sombra a los compatriotas de Vigo.

La idea del Centro Gallego era que el árbol se plantase en alguno de los paseos de Vigo, los mismos que probablemente más de uno de sus socios había recorrido la víspera de su embarque en A Laxe.

Noventa años después de aquel encargo, Xulio Dobarro, profesor jubilado de literatura gallega, excava en la historia para dar con las raíces de aquel ombú que atravesó el Atlántico entre las maletas de Echegaray. Tras indagar en libros, hemerotecas y actas municipales de los años 30, Dobarro ha establecido un hilo directo entre el viejo regalo de la diáspora bonaerense y el gran árbol que crece en los jardines del IES O Castro, el centro en el que él mismo impartió clase desde su inauguración, en 1993, hasta que se jubiló, en 2016.

En un artículo publicado a principios de año en la web del instituto, Dobarro recupera un acta del 9 de marzo de 1931 de la Comisión Permanente del Concello que permite seguir el hilo de la historia tras la llegada de Echegaray a Vigo a bordo del Sierra Morena.

En el escrito municipal, la Corporación –encabezada entonces por Manuel San Román Ceballos– deja constancia de haber recibido el regalo “en nombre de los 31.000 asociados” del Centro Gallego y adelanta cómo se planteaba corresponder al detalle. Si los argentinos habían recurrido a Echegaray; Vigo echaría mano de otro mensajero distinguido al que encomendó transmitir su gratitud a Buenos Aires: la directiva del Coro de Ruada, que tenía previsto embarcarse poco después a América. A renglón seguido y a modo de broche, el acta desliza una frase clave para continuar con la crónica del árbol: “Se acusará recibo del mensaje y que el ombú de referencia ha sido plantado en el monte del Castro”.

Acta municipal de 1931 que recoge la llegada del ombú a Vigo. Fdv.

Aunque el lugar en el que hendería sus raíces el árbol se anunciaba poco después de la llegada de Echegaray a Vigo, su elección no estuvo libre de debate. El Pueblo Gallego abogaba por la Plaza de Portugal “como el sitio más a propósito” para plantarlo e incluso sugería –“para completar el simbolismo de la confraternidad”– acompañarlo de un olivo.

La idea no triunfó. Se escogió O Castro. Y en O Castro permaneció el ombú hasta que seis décadas después lo encontraron semioculto entre zarzas, ya con un tronco robusto y toda su exuberancia de la Pampa desplegada, los obreros que desbrozaban la parcela para construir el IES O Castro, que abriría en 1993.

El impulso del IES y en especial el de Dobarro permitió que años más tarde, en 2017, el viejo ombú se incorporase al Catálogo Galego de Árbores Senlleiras. Ahora sugiere que el conjunto pueda catalogarse como “jardín histórico”. De momento el profesor ha logrado ya arrojar luz sobre el pasado del bellasombra, una crónica que también han estudiado en la Estación de Areeiro. Quedan algunas incógnitas, en cualquier caso, como por qué el árbol quedó en una parcela privada del Castro cuando era un regalo para toda la ciudad.

El ombú del IES do Castro. Pablo Hernández

“Tengo con él una relación que ya es casi afectiva”, explica Dobarro, que, aunque jubilado del IES, tiene vistas al ombú desde casa.

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