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Ana Lía Taborda Brich | Pediatra de la Unidad de Trastornos Alimentarios

“La obesidad infantil era ya una pandemia y con el confinamiento se ha disparado un 5%”

“El tramo con más afectados está entre los 9 y 14 años. También creció la anorexia”

Ana Lia Taborda, pediatra de 
la Unidad de Trastornos
Alimentarios del CHUVI.  | // FDV

Ana Lia Taborda, pediatra de la Unidad de Trastornos Alimentarios del CHUVI. | // FDV

El Estudio de Alimentación, Actividad Física, Desarrollo Infantil y Obesidad en España (ALADINO 2019) cifraba que la mitad de los adultos y el 40% de los niños de seis a nueve años tenían sobrepeso y se apunta que la obesidad infantil ha crecido un 400 por ciento en cuatro décadas. Una situación que ha empeorado con la pandemia del COVID ya que los niños han visto restringidos sus movimientos y han tenido la nevera a mano durante el confinamiento. Ana Lia Taborda Brich, pediatra de la Unidad de Trastornos Alimentarios del CHUVI, advierte que hay que poner freno a la situación.

–¿Se ha disparado la obesidad infantil con la pandemia?

–Se habla de la pandemia del COVID y del incremento de la obesidad infantil, pero me gustaría aclarar que la obesidad infantil, especialmente durante los últimos tres o cuatro años, se ha transformado en una pandemia. No estamos hablando de algo nuevo para la obesidad, sino de que superamos los índices de los países europeos. Lo que se nos ha juntado ahora son dos pandemias, la de la obesidad que ya la teníamos y la del COVID, que nos ha condicionado a todos, a los niños también. El Hospital del La Sociedad Española de Obesidad estima que se ha producido un aumento del 5% en general, no está cuantificado el total porque estamos al inicio del año, sobre el aumento de peso en niños y adolescentes. Las cifras del Hospital Niño Jesús de Madrid elevan al 20% el aumento de ingresos por trastornos de alimentación.

–¿Cómo han afectado las restricciones a la dieta?

–Con el confinamiento los niños no pudieron salir y algunos han estado en casa un año sin hacer ejercicio. En caso de obesidad grave, esos niños estaban controlados de forma habitual por sus pediatras, pero como no se podía ir a los centros de salud, porque se priorizó el coronavirus, se quedaron con la dieta que tenían en casa y la convivencia permanente llevó a que niños, que normalmente estaban fuera, se prestaran más a picar. Tengo una franja de edad –desde los 2 a los 7 años– que mejoraron mucho y son los escolares que normalmente no quieren comer. Sin embargo los casos de niños obesos y anoréxicos se dispararon.

–¿Qué hay que hacer ahora para solucionar la situación?

–Que esos parámetros de peso que tenemos no se consoliden. Ahí está a partir de ahora el trabajo del pediatra de Primaria, que es fundamental. También lo fue durante la pandemia. No se dejó de atender a los niños, pero la gente tiene la idea de que la obesidad es como algo menos importante, sin que eso sea la realidad. Todos tenemos parámetros y los pediatras son fundamentales en las revisiones de salud al detectar cosas que a lo mejor a los padres se les pasan. Lo fundamental en la obesidad es prevenir, no esperar a que el niño esté gordo. Hay que revisar los sistemas metabólicos porque estos niños pueden tener hipertensión arterial, trastornos oculares, hígado graso … y tenemos que evitarlo.

Hay niños que en un año no han salido de casa, tienen sedentarismo extremo"

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–Dice que nunca había notado tanta afluencia de niños obesos en la Unidad de Trastornos...

–Tenemos niños con casi 90 y cien kilos de peso y eso antes no me pasaba. No se pueden dejar las cosas como hasta ahora. Lo que el niño quería se le daba y el ejercicio era casi nulo. No tuvieron un hábito saludable de nutrición y tampoco actividades extraescolares. ¿Qué es lo que teníamos? Pues la comida, y se les daba. Desgraciadamente la situación de confinamiento ha llevado a los más pequeños a tener una ausencia, en algunos casos casi total, de movimiento, de ejercicio físico. Solo se movían por la casa y tienen sedentarismo extremo. Por otro lado, el poder observar las veinticuatro horas permitió también que los padres de niños que comían mal lo detectaran.

La genética no influye en la obesidad, pero sí el ambiente obesogénico

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–¿De padres obesos hijos obesos? ¿Es una cuestión de genética o de educación?

–La obesidad sigue siendo el gran interrogante. Lo que si sabemos es que la genética no influye, no tenemos un cromosoma de la obesidad. Lo que sí importa y mucho, es que muchos niños que están obesos se han criado en lo que se llama ambiente obesogénico.

–¿En que tramos de edad se dan más casos en Vigo?

–Entre los 9 y los 14 años. Y hay que estar alerta porque tenemos algunas obesidades mórbidas. No se puede perpetuar que el niño coma de cualquier forma y en cualquier momento. La educación alimentaria es fundamental. Debe ser sana y con variación de alimentos. No podemos olvidar que hay mucho paro y las familias no podrán comprar siempre pollo o pescado. Hay casos en los que tenemos que llamar a Servicios Sociales

No se puede perpetuar que el niño coma lo que sea en cualquier momento

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–La anorexia sigue creciendo.

–Desde marzo del año pasado al de este año no recordaba yo una cantidad tan elevada de niños con trastornos del comportamiento alimentario en la Unidad. La mayoría son niñas con trastornos restrictivos de alimentación. Cuando hablamos de anorexia hablamos de una enfermedad, necesitan psiquiatra, médico nutricionista, pediatra y enfermeros. ¡Y los tenemos! No es un problema solo de masa corporal, sino psiquiátrico. Tienen una percepción alterada de su propia imagen corporal. Se ven gordos aunque no sea así. Muchas veces eso no hay forma de manejarlo en casa y hay que ingresarlos en el hospital.

–De la anorexia se pasa a los vómitos y a la bulimia?

–Los trastornos del comportamiento alimentario que llevan vómitos afectan, sobre todo, a adolescentes mayores, de 18 y 19 años. Es la bulimia, que ahora se denomina trastornos por atracón. Todos estos niños con trastornos alimentarios necesitan ayuda.

Consejos de experta: beber mucha agua y comida casera


–Hay quienes creen que la obesidad en los menores es “salud”.

–Hay que dejar claro que los niños obesos comen mal, son malnutridos y muchos tienen anemia y otras patologías que ponen en riesgo su salud. Hay todo un calendario de las revisiones pediátricas de salud desde que el niño nace hasta que cumple 14 años. Ahí entra la obesidad, hay que revisar los sistemas metabólicos porque estos niños pueden tener hipertensión arterial, trastornos oculares, hígado graso … y ¡tenemos que evitarlo! He tenido padres que llegaban a la consulta del hospital con sus hijos comiendo patatillas y teníamos que decirles que ni era el sitio para ello, ni eran un alimento saludable.

–¿Qué consejo daría a los padres para prevenir la obesidad en sus hijos?

–Si hablamos de niños sanos, lo primero es darles ejemplo. Si yo estoy en casa con alimentación basura, aunque le ponga manzana o fruta al pequeño no la va a comer. También hay que aumentar el consumo de agua en función de la edad. Así, en los primeros cuatro años de vida deben beber 750 ml al día, incluidos los zumos; con 9 y 10 años conviene tomar un litro y, a partir de esa edad, litro y medio de agua como todo el mundo. Por último, hay que planificar las comidas porque sino improvisamos y recurrimos mucho a alimentos precocinados que no están mal, pero el problema es que tienen muchas grasas saturadas para poderse conservar. Entonces, conviene hacer la comida lo más posible en casa.

–La situación económica de cada familia influye mucho en la alimentación...

–Tenemos que tener en cuenta el paro actual. Está claro que no todas las familias podrán comprar pescado o pollo a diario. Tendrán que tomar más pasta con carne picada o alguna cosa así. En caso de ser necesario hay que referirlo a la asistente social o a Cáritas para que se hagan cargo.

–¿Hay también efectos psicológicos?

–Hay que prestar atención al efecto psicológico que tiene en los niños haber perdido la posibilidad de salir a jugar al parque, de ir al colegio, de relacionarse. Esto tuvo gran repercusión en los niños pequeños. También todos sabemos el estigma que tiene la obesidad en la escuela.

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