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Archivo Pacheco: la memoria visual de Vigo cumple 30 años

Jaime y Alberto Pacheco, hijos del fundador del estudio, en una imagen extraída del propio Archivo municipal.

Jaime y Alberto Pacheco, hijos del fundador del estudio, en una imagen extraída del propio Archivo municipal. Foto tomada por Marta G. Brea

El mayor mirador de Vigo está en un sótano. Dentro de una cámara acorazada excavada hace décadas entre las calles Policarpo Sanz y Reconquista, para ser más precisos. Sus vistas no se alcanzan ni desde lo alto de A Guía, ni desde O Castro, ni desde la terraza del Xeral; ni siquiera encaramado al Sireno, levantado a solo unos metros de allí en 1991.

Sin importar las nubes, ni si es de día o de noche, quien lo visita puede ojear cómo era el Vigo de finales del XIX y la primera mitad del XX, cómo eran las calles que pisaban sus vecinos, las tiendas en las que compraban, sus parques, las fiestas con las que descargaban la tensión del crispado arranque de siglo o la forma en que animaban los partidos del Real Fortuna y el Vigo Sporting antes de que el Celta fuese siquiera una idea garabateada en papel. Por poder, quien se asoma al sótano puede incluso echar un vistazo a los salones de hace un siglo y mirar a la cara a muchos de los tatarabuelos de la gente que hoy vive en Vigo... Tal vez hasta a su propio tatarabuelo.

Estanterías con material del Archivo Pacheco, en Casa das Artes. Marta G. Brea

El mayor mirador de Vigo huele entre otras cosas a restos de goma arábiga y bromuro, está formado por placas de vidrio y negativos y tiene nombre propio: Archivo Pacheco. Sus “vistas” las componen las 140.000 imágenes acumuladas durante décadas –entre 1870 y mediados de la década de 1970– por dos de los apellidos con más huella en la historia documental gallega: Prosperi y Pacheco, fotógrafos que desempeñaron su oficio durante los años en los que Vigo se estiraba hacia el Ensanche y sacaba músculo industrial.

En cuestión de un mes se cumplirán 30 años desde que el Concello se hizo con ese valioso legado. Con altibajos y a diferentes ritmos, durante las tres últimas décadas sus técnicos se han encargado de preservar los negativos y placas y se han encargado de estudiar, catalogar y tratar parte de las imágenes para su consulta. A día de hoy el Concello calcula que se han escaneado alrededor de 58.000 como parte de una labor que sigue aún en marcha. “Se continúa con el proceso de digitalización y catalogación de los originales del fondo”, señalan. En 2005 se estimaba que estaban escaneadas 38.000.

En un guiño a su doble valor como joya artística y tesoro histórico, el archivo se conserva en una cámara acorazada instalada en la planta baja de Casa das Artes, el mismo edificio que entre la década de 1930 y la de los 80 acogió las oficinas del Banco de España en Vigo.

Además de las placas de vidrio, películas de nitrato, acetato y poliéster, los positivos en papel y las diapositivas en acetato, en Casa das Artes se custodian también parte del instrumental que se empleaba en el estudio de Pacheco: cámaras, lentes, objetivos guillotinas, trípodes, obturadores... Incluso atrezzo que usaban los fotógrafos para las sesiones de posado, como una cruz o un cochecito para niños. La amplitud y diversidad del archivo, apunta el alcalde, Abel Caballero, “muestra la brillantez de la historia de Vigo”. Aunque en su día se apuntó a que el material podría trasladarse al edificio del Centro de Arte Fotográfico (CAF), activado durante varios meses en 2015 y hoy reconvertido en sede de la Diputación de Pontevedra, el fondo se mantiene en Policarpo Sanz.

La cámara acorazada en la que se conservan los originales está cerrada para preservar el material, pero el contenido de buena parte del archivo se puede consultar. Hace más de década y media, en febrero de 2005, el Concello abrió una sala con ese propósito en la planta baja de Casa das Artes. Quienes visitan el archivo pueden ojear a través de monitores las 58.000 imágenes digitalizadas.

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El Archivo Pacheco, una ventana a la historia de Vigo

La puesta en marcha de la sala, en 2005, sirvió también para dejar claro el vínculo entre el fondo y la propia ciudad. Se estrenó con una muestra, “A Galería”, en la que se animaba a los visitantes a consultar las más de 3.000 fotos que integran la colección de retratos del archivo con la esperanza de poner nombre a las personas anónimas retratadas. Con el resultado de aquella experiencia se montó otra exposición en 2006: “Marcas e Luz”.

No fueron las primeras. Ni las últimas. A los ocho años de haber adquirido el fondo y tras planificar la catalogación, en 1999 se montó la muestra inaugural, “A memoria revelada”. En 2002 le siguió “A memoria dun tempo e un país” y en 2006 –tras la puesta en marcha de la sala de Casa das Artes– “Pano de lona”, a la que se sumaron “Mulleres”, “Anos Escuros”, “Cartas de Punto Maior”... En paralelo los técnicos siguieron avanzando en el escaneado de imágenes –solo en 2014 se procesaron e inventariaron 5.000– y el archivo fue ganando eco entre organismos como la Real Academia Galega, EMAO y la Universidad; editoriales y colectivos culturales.

Su objetivo es el mismo en todos los casos, bien sea para elaborar libros o exposiciones: aprovechar la riqueza de las miles de imágenes que componen un relato visual único del Vigo de finales del XIX y principios del siglo pasado; una crónica local que, ironías de la historia –o no, en una ciudad portuaria y cosmopolita como Vigo– se cimenta en el trabajo de dos extranjeros que echaron raíces en tierras gallegas: Filippo Prosperi Cortechi, llegado de Italia, y el luso Jaime de Sousa Guedes Pacheco. 

Una de las cámaras que se conservan en el archivo. Marta G. Brea

Prosperi es el vínculo del fondo con la ciudad de finales del siglo XIX. El fotógrafo llegó a un Vigo que empezaba a conocer las bondades de la luz eléctrica procedente de Italia y hacia 1870 aparece ya instalado con su esposa, la pontevedresa Cándida Otero, en la calle Sombrereiros, donde abrió un estudio al que la gente se refería como “Prosperi y Señora”. Diez años después –en 1880– el matrimonio decidió trasladar su negocio al nº 4 de la calle Triunfo. Allí volvieron a hacer las maletas en 1884 para mudarse a Príncipe.

A lo largo de su trayectoria, el matrimonio retrató sobre todo vistas de la ciudad, imágenes de los arenales del Berbés, el trabajo de los pescadores, las obras del Ensanche... A partir de 1899, con el fallecimiento de Prosperi, el peso del negocio recayó sobre su mujer, Cándida Otero.

En 1907 la viuda decidió asociarse con un joven portugués: Jaime de Sousa Guedes Pacheco, quien había llegado poco antes a la ciudad tras aprender fotografía con su hermano en Ourense. La alianza funcionó y la sociedad “Pacheco y Viuda de Prosperi” dio buenos frutos hasta el fallecimiento de Otero, en 1915.

Al verse solo al frente del negocio, Pacheco fichó a su sobrino, Horacio, al que siguió César. Con el paso del tiempo se unirían al estudio los hijos del propio Jaime: Jaime y Alberto. En su labor, sobre todo en la fase técnica, contaban con el apoyo de colaboradores como Emilio Nogueira, Sanlés y Amoedo.

Durante años los Pacheco retrataron a los vecinos de Vigo y los actos que marcaban el día a día de la ciudad. El estudio sobrevivió a la muerte del patriarca, en 1954, y llegaría a pasar a una tercera generación de la familia antes de cerrar sus puertas de forma definitiva en 1994. Hoy su legado –el más numeroso del Archivo– compone un relato único que aún deja un amplio campo para el estudio.

Un fondo compuesto por imágenes y material

El legado de Pacheco no se compone solo por negativos, imágenes reveladas y placas de vidrio. En Casa das Artes se conservan también productos químicos, atrezzo, objetivos, cámaras, trípodes, lentes... que formaban parte del equipo con el que Jaime Pacheco y sus descendientes capturaron buena parte del Vigo del siglo XX.

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