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Los vigueses, de saldo en el posconfinamiento

Productos de segunda mano de la tienda Nolotire, ubicada en Travesía de Vigo. Alba Villar

Nadie olvida los primeros meses del año pasado. La llegada de los primeros casos de COVID-19 a España hacía saltar todas las alarmas y empezaron a aplicarse medidas de restricción como el cierre de instalaciones públicas y la obligatoriedad en muchos casos del teletrabajo. Con el paso de los días fueron creciendo los rumores sobre un confinamiento tras la declaración del estado de alarma, que provocaría que durante varios meses solo se pudiese salir de casa para ir a la farmacia o hacer la compra, para trabajar o obviamente por motivos de salud.

Fue entonces cuando los vigueses y la sociedad española en general se lanzaron en masa a la compra de productos para entretenerse o para mantenerse en forma en casa. Mejores televisiones, tabletas, nuevos teléfonos móviles, cintas de correr, bicicletas estáticas, máquinas elípticas, mancuernas...

La incertidumbre sobre cuánto iba a durar el confinamiento hizo que muchos de lanzaran a realizar esas compras. Finalmente duró tres meses y, con el inicio de la desescalada, empezaron a llegar los arrepentimientos por esas costosas adquisiciones. En primer lugar, simplemente, porque los compradores se aburrieron de esos productos y dejaron de usarlos. Pero otro de los motivos también se debe a las dificultades económicas: algunos productos supusieron un gran desembolso y la gente quería recuperar al menos parte del dinero gastado.

Un empleado de TodoConsolas ordenando las últimas compras. | Alba Villar

De estas circunstancias dan buena fe las tiendas de segunda mano de la ciudad olívica, que en los últimos meses han recibido a decenas de clientes buscando desprenderse de esos objetos comprados para la pandemia. “La gente está con ganas de vender los productos que adquirieron para el confinamiento. También en ocasiones por falta de espacio, y porque ya no tienen las necesidades que tenían hace unos meses. A nosotros nos están llegando continuamente videoconsolas, juegos...”, explica Gerardo Alonso, empleado de TodoConsolas, establecimiento ubicado en Urzáiz.

También en Nolotire, en Travesía de Vigo, están recibiendo constantemente clientes que buscan desprenderse de bicicletas estáticas o cambiar su teléfono móvil por uno de una gama más baja para tener una compensación económica. “Ahora nos llegan personas que parece que están vaciando sus trasteros y quieren vender todo lo que allí tenían, cosas antiguas de la casa que ya no usan o las tradicionales vajillas de Sargadelos”, explica Borja Cacharrón, de la tiende de segunda mano Nolotire. En este local también están percibiendo un aumento de los empeños, es decir, personas que buscan dinero en efectivo al instante a cambio de dejar como garantía y depósito un objeto de su propiedad, fundamentalmente ahora dispositivos tecnológicos, como teléfonos móviles o tabletas. Ese dinero es un préstamo y el objeto es la garantía, por lo que una vez se liquide la deuda, el cliente recupera su producto. En caso de no hacerlo en el plazo estipulado, se le aplicarán las comisiones correspondientes o incluso se puede arriesgar a perder el objeto que dejó como depósito en el proceso de empeño.

Hay que señalar, no obstante, que es tal el volumen de clientes que buscan desprenderse de sus cosas para obtener dinero en tiendas de segunda mano que cada vez es más habitual que los responsables de estos establecimientos rechacen los productos que se les están ofreciendo. El motivo es evidente: también están bajando las ventas. “Si nuestras ventas no suben, no podemos seguir comprando cosas. No tendría ningún sentido”, explica Ángeles Sebastián, que está al frente de El Rastro, en la calle Pino. Se espera además que con la llegada del verano todas las personas que compraron bicicletas estáticas o cintas para correr en casa las intenten vender al poder hacer deporte ya en el exterior gracias al buen tiempo.

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