Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El Banco de Alimentos: una tabla de salvación para beneficiarios... y voluntarios

Marcial Abalde y Ruth Villar, en la nave del Banco de Alimentos

Marcial Abalde y Ruth Villar, en la nave del Banco de Alimentos

Más de dos millones de kilos de alimentos repartidos durante 2020. Es la radiografía de la actividad de la Fundación Provincial Banco de Alimentos a lo largo del pasado año, marcado por la pandemia del COVID, que contribuyó a que esta cifra aumentase un 17% en comparación con el ejercicio anterior: unos 300.000 kilos más. En esta particular lista de la compra, destacaron por su volumen de entrega la leche –más de 560.000 litros–, la pasta y el arroz –casi 200.000 kg–, el pescado –más de 160.000 kg–, la fruta fresca –más de 150.000 kg–, las conservas vegetales –casi 115.000 kg– y el aceite –casi 120.000 litros–.

La primera Operación Kilo virtual de la historia de la entidad jugó un papel crucial en estos datos. Se lanzó el 16 de abril para dar cobertura a las necesidades de la población en un momento en el que el COVID ahogaba al sector sanitario y al económico. Precisamente, esta iniciativa es uno de los recuerdos que elige Ruth Villar (Zamora, 5 de agosto de 1977) al ser preguntada por su trayectoria en el Banco de Alimentos de Vigo, en el que empezó como voluntaria en 2014. Desde 2015, es la responsable de comunicación. Actualmente, es la integrante más joven. “El Banco de Alimentos fue el supermercado de los que no tenían para comer durante el confinamiento, fue el colchón de las personas que vieron que no podían llevar un plato a la mesa. Gracias a la capacidad y el esfuerzo de nuestros voluntarios y de la sociedad, creo que conseguimos estar a la altura”, manifiesta.

“Me reconcilia con el ser humano, recibo más de lo que doy; el que entra se queda”

Ruth Villar - Voluntaria desde 2014

decoration

Más de seis años después de comenzar a regalar su tiempo al Banco de Alimentos, actividad que compagina con un trabajo relacionado con el mundo de la comunicación, asegura que recibe “mucho más” de la entidad de lo que esta le da. “Me reconcilia con el ser humano. Durante la primera parte de la pandemia, me vi afectada por un ERTE y el Banco de Alimentos fue mi tabla de salvación. A lo largo de todos estos años, me he encargado de fichar a famosos para que fueran padrinos o madrinas: Carlota Corredera, Gonzo, María Castro, María Rey, David Amor... Tengo contacto directo con estas personas y es maravilloso que estén para ayudar no solo durante el año de reinado, sino siempre, independientemente del éxito o de las audiencias. Son supercercanos y cariñosos”, señala Villar antes de subrayar que la crisis del COVID ha reforzado la necesidad de practicar la empatía, un sentimiento que ya estaba presente en la entidad: “Hay que ponerse en el lugar de la gente que más necesita. La línea que separa recibir alimentos de donar es muy delgada”, cita, a la vez que anima a más personas a sumarse al proyecto: “El que entra se engancha y se queda”, anota.

Abalde y Villar, a las puertas de la nave de la entidad, en Lavadores

"El día que no puedo ir, me siento mal"

De ello da fe José Marcial Abalde (Vigo, 29 de junio de 1945). Es uno de los voluntarios más veteranos y de mayor edad. Animado por un amigo, se enroló hace seis años. La experiencia del primer día le bastó para darse cuenta de que ayudar en el Banco iba a ser uno de los “motores” en su jubilación tras más de 30 años en Citroën.

“Voy a la nave de lunes a viernes por las mañanas. Me hace ilusión, es magnífico. El día que no puedo ir, me siento mal, me falta algo. Durante los primeros meses de la pandemia, tuve que quedarme en casa y me dio pena”, anota. Para convencer a la gente a ser voluntaria, lanza una frase: “Ayudamos a la sociedad. Eso es realmente gratificante”.

Compartir el artículo

stats