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El efecto de la pandemia en los negocios de la ciudad

Negocios que surfean las olas del COVID

Tiendas de alimentación, muebles o entrenadores personales ven cómo la pandemia ha avivado su clientela

Tiendas de alimentación, muebles o entrenadores personales ven cómo la pandemia ha avivado su clientela Marta G. Brea

Por obra y gracia del_COVID, 2020 fue un año noches en vela, pero curiosamente fue en 2020 –y a raíz del coronavirus– cuando Puri_Santos, carnicera en el mercado de Teis, vio cómo se despejaba una preocupación que le rondaba hacía tiempo: la escasez de clientes jóvenes en las plazas de abasto. La pandemia ha diluido ese miedo. Desde su puesto ha visto cómo en los últimos meses aumentaba la clientela joven. No es el único efecto positivo de 2020 ni el suyo el único negocio en notarlo. Ferreterias, tiendas, mueblerías, fontaneros... han visto cómo se diversificaban sus negocios o incluso repuntaba su caja. Al menos en lo económico, para ellos no fue un año (tan) malo.

2020 no fue un buen año.

El COVID, su aplastante balance de contagiados y fallecidos –aún sin cerrar–, los confinamientos y el mazazo que la pandemia asestó a la hostelería, el turismo o el transporte, entre otros sectores que dan de comer a cientos de familias de Vigo, se ha encargo de que así fuera: 2020 fue un año para el olvido.

Al menos en lo económico, en lo que afecta a la marcha de sus negocios, 2020 no fue sin embargo un valle de lágrimas para todo el mundo. Contra todo pronóstico, algunas empresas vieron como el SARS-CoV-2 –palabro que muy pocos habían oído hace un año– les abría las puertas a nueva clientela, generaba vías de ingresos que no habían explorado antes de la crisis sanitaria o, incluso, simple y llanamente, disparaba su caja en ciertos momentos.

En más de un caso ese efecto positivo sigue coleando en el arranque de 2021. ¿Por qué? Los confinamientos y cierres perimetrales, el toque de queda, el no poder quedar para tomar una caña o un café en el bar ni coger un avión para una pequeña escapada de fin de semana –todos ingredientes de la “nueva normalidad”– ha hecho que muchas familias se hayan replanteado sus hábitos y reorientasen sus gastos.

La pandemia acelera la apuesta de los pequeños negocios por el “delivery” y abre nuevos canales

Un ejemplo: el teletrabajo y la educación a distancia ha llevado a no pocos vigueses a renovar sus viejas sillas y escritorios por otros más cómodos. Al tener que pasar más tiempo en casa muchos han optado también por hacer pequeñas reformas, trabajos de bricolaje o cambiar los muebles. Quienes hasta marzo de 2020 acudían a diario al gimnasio empezaron a buscar clases online con monitores. Y mucha gente a la que hasta entonces no le importaba ir los sábados en hora punta a los centros comerciales redescubrió las tiendas de barrio, más próximas, menos concurridas, y que con frecuencia tienen entre sus principales ganchos ofrecer mercancía fresca y un trato directo.

Al otro lado de esos servicios hay tiendas, centros deportivos, ferreterías, empresas de reforma, fontaneros, mueblerías... que han visto cómo en el año del COVID se les acumulaba el trabajo o ampliaban su clientela.

“No podemos hablar de un buen año porque sería de mal gusto, pero el sector de las ferreterías, en general, maneja aumentos del 10 o 15% con respecto a años anteriores”

Alfonso Cabaleiro - Ferretería Caride.

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Ferretería Caride en rúa Doctor Corbal Marta G. Brea

El repunte de demanda, explica, llegó sobre todo durante el primer estado de alarma, cuando tras varias semanas encerrada en casa la gente decidió ponerse manos a la obra y arreglar grifos que goteaban y enchufes estropeados. “Volvió el interés por el bricolaje. Es una tendencia que se ha mantenido”.

Algo parecido se vivió en las empresas dedicadas a las reformas. “Mientras estábamos confinados en casa decía de broma que cuando terminase aquello la gente desearía hacer reformas. Al final no me equivoqué. Hubo una avalancha, se acumuló una lista de espera que se fue atendiendo a lo largo de todo el año pasado”, anota Iria, empleada de una empresa del sector. A pesar de ese boom matiza que 2020 no se cerró con un repunte de facturación, en parte por el propio efecto de los confinamientos. “Una cosa compensó la otra”, admite.

"El dinero que la gente no se gastó en ocio lo reinvirtió en sus hogares, en adaptar sus casas"

Carmen Soliño - Muebles Soliño

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Muebles Soliño Marta G. Brea

Con una opinión parecida, Carmen Soliño, de Muebles Soliño, explica que 2020 fue en cierto modo una “montaña rusa”: un parón en seco seguido de un período en el que –reconoce– llegó a agotarse el stock. “Para nosotros esta crisis no fue excesivamente perjudicial. Creo que el dinero que la gente no se ha gastado en ocio o en viajar lo ha reinvertido en el hogar, en hacer reformas y adaptar sus casas. Justo después del primer estado de alarma hubo un pequeño tsunami. Pasamos de estar cerrados a tener la tienda llena”, recuerda.

Los clientes demandaban sofás, colchones, sillas para despacho o de gamer... Tanto, que algún producto llegó a agotarse. “Nosotros perdimos de vender por no tener material en tienda”. A pesar de ese boom, Soliño aclara que el balance de 2020 es equilibrado, lejos del desastre que podía temerse en marzo, cuando el COVID empezaba a extenderse; pero sin grandes alzas de beneficio tampoco por efecto del confinamiento y el cierre perimetral.

"Se notó un aumento de las reformas. de los trabajos en viviendas particulares"

Pepe Márquez - Fontanería Márquez

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Pepe Márquez, de Fontanería Márquez Ricardo Grobas

El repunte en la demanda de reformas y arreglos lo nota también Pepe Márquez, de Fontanería Márquez. “Se nota un aumento en trabajos de arreglos, en instalaciones... Sobre todo en domicilios; pero caen en las obras de edificios nuevos”. Lo que más se demandan: renovaciones en baños y de tuberías. “En la ciudad hay muchos edificios antiguos, construidos en la década de 1970”, aclara Márquez.

"La gente viene buscando una atención más familiar, un trato más directo"

Belén Lorenzo - Alimentación Rías Baixas

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Alimentación Rías Baixas en rúa Ángel Lema y Marina Marta G. Brea

El COVID ha devuelto protagonismo a muchas tiendas de barrio. Lo explica Belén Lorenzo, de Alimentación Rías Baixas: “La pandemia actuó como un revulsivo. Se nota en la demanda de productos frescos, como carne, fruta o pescado”. Otra de las novedades de los últimos meses es el aumento de clientes jóvenes que acuden en busca de productos frescos... y asesoramiento. “Se quiere una atención más familiarizada, un trato más cercano”, añade.

"Se nota que viene más gente joven en busca de producto fresco y de asesoramiento"

Puri - Carnicería Santos

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Puri - Carnicería Santos Ricardo Grobas

Su experiencia es muy parecida a la de Puri, de la Carnicería Santos. Desde su puesto, en el mercado de Teis, reconoce una mejora de las ventas e incluso, en cierto modo, la llegada de una nueva generación de usuarios. No es extraño ver jóvenes ojeando y comprando en la plaza. “Buscan producto fresco, calidad y consejo”, abunda.

"Han venido clientes nuevos que se mantienen, nos hemos dado a conocer"

Daniel Amigo - Terrae Orgánica en rúa Venezuela

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Negocios que surfean las olas del COVID Ricardo Grobas

En Terrae, Daniel Amigo, ha visto también cómo su clientela se ampliaba y diversificaba. Siguen siendo mayoría quienes optan por las grandes superficies –reconoce– pero los últimos meses han servicio para “darse a conocer”.

"Se abrió un nuevo nicho de negocio, las clases online. Hemos visto que son muy útiles"

Ángeles Darriba - Centro de entrenamiento en Marqués de Valladares

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| // MARTA G. BREA

Nuevas vías de negocio explora también Ángeles Darriba, que da nombre a un centro de entrenamiento en Marqués de Valladares. “La asistencia cayó, pero se abrió un nuevo nicho de negocio, las clases online, que a lo mejor de otro modo no se habría planteado. Es muy útil”, comenta Darriba, que da clases a distancia, por ejemplo, a usuarios de Barcelona.

El pequeño comercio también se apunta a las ventas ‘online’

El COVID ha tenido en el comercio y la hostelería –la de Vigo y la de otras muchas ciudades– un doble efecto, en cierto modo contradictorio: el de freno y el de acelerante. El primer es evidente. La pandemia obligó a muchos comerciantes y hosteleros a tirar del freno de mano y bajar las persianas de sus negocios. En algunos casos de forma temporal, para ajustarse a las medidas anti COVID decretadas por las administraciones; en otros de manera definitiva al no soportar el desequilibrio entre gastos e ingresos.

El segundo efecto, el de acelerante, es menos visible, pero igual de pronunciado. No pocos negocios de Vigo han decidido meter la quinta y ponerse al día con nuevos canales de venta online, una tarea pendiente durante años y que el COVID-19 ha convertido en prioritaria. A lo largo de los últimos meses el pequeño comercio activó webs como Acemto.org o Mercadodeteis.es, orientadas precisamente a la venta online. En el mercado de O Calvario se estrenó también un servicio similar de la mano de la plataforma Kibus e incluso el Concello trabaja en una app especial. El objetivo: no perder a la clientela que el COVID mantiene en casa y competir con las cadenas, que llevan ya años con un sistema de venta online y de reparto a domicilio bien engrasado. La puesta al día fue incluso más marcada en la hostelería. Durante meses los bares, restaurantes, bocaterías... Solo pudieron facturar a través de los pedidos a domicilio y la recogida en el establecimiento. A las grandes plataformas, como Uber Eats, Glovo o Just Eat se suma otras como DBarrio, Deelivers o T-Ayudo, que en diciembre reconocía el “boom” en el reparto a domicilio.

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