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Un año sin girar el cartel de “cerrado”

Un año sin girar el cartel de “cerrado”

Un año sin girar el cartel de “cerrado”

Carlos, Jorge, Raquel, César, María y Rubén ponen voz a estas seis historias pero cualquier autónomo o trabajador vigués puede empatizar perfectamente con sus vivencias en el último año. En las páginas web de sus negocios, portal de reservas, redes sociales o local a pie de calle cuelga desde hace meses el cartel de cerrado, compartiendo espacio con los avisos de la normativa COVID. Y es que a pesar de adecuar aforos, superar confinamientos obligatorios, extremar la limpieza y demás medidas de contención, “los números solo nos dan para quedarnos en casa”.

Todos entraban en 2020 con el pie derecho –“teníamos reservado ya el 40% de la ocupación total del año; iba a ser con diferencia el mejor”, cuenta la gerente del hotel Inffinity, María Rodríguez; “nos aventuramos en 2019 e incluso abrimos un segundo local por el éxito del primero”, recuerda Rubén Martínez, responsable del parque de ocio infantil Terraventura”– pero tan solo dos meses después, se encontraron de bruces con la realidad, una realidad que se extiende hasta la actualidad.

“Cerramos hace un añito, y por desgracia desde marzo no hemos vuelto a abrir; lo intentamos en agosto pero ya vimos que no dábamos; solo había cancelaciones, de colegios, de acuerdos que teníamos con bibliotecas o centros de turismo... Facturamos cero y así no se puede”, lamenta Jorge Martínez, CEO de la principal sala de escapismo o escape room de Vigo, Eskapark.

Grandes planes tenían también para su “niño” las hermanas Esther y Raquel De Vicente, dueñas y trabajadoras de La Galeríajazz, un local multidisciplinar que fusiona música y arte y donde los artistas vigueses se dan a conocer con conciertos en directo.

“En los veinte años que llevamos con este negocio, tuvimos problemas, obras, desperfectos, inundaciones pero jamás pensamos cerrar por algo así”

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Tras los meses de confinamiento y posterior adecuación del local, celebraron en agosto un pequeño concierto. “Fue el primero y el último; luego ya todo lo avanzado fue para atrás, se exigían muchas más medidas, el riesgo era alto y optamos por cerrar”, cuentan estas hermanas, que reconocían que trabajaban casi más de “vigilantes” de las normas con los clientes, que en su faceta de hosteleras.

“Once meses sin facturar” es el balance –y resumen– que hace Carlos Rodríguez del 2020. Este vigués regenta dos locales de ocio nocturno, el Island Club y Los Cuarenta, ambos en pleno centro y ambos con las verjas bajadas desde el pasado marzo. “El sector dialogó y dialogó, pactamos con las administraciones apertura de aforo al 40% primero, luego si la situación mejoraba al 75%, pero pasaba el tiempo y nada de nada; nosotros tenemos mucho dinero invertido en los locales: la domótica, la insonorización, los suelos son especiales... aguantamos porque qué vamos a hacer, solo nos queda seguir hipotecándonos”, clama Rodríguez.

Aprueba que si “los cierres son la solución, pues cerramos, pero indemnícenos; lo que nos dan es limosna, ni para los impuestos”. Esta valoración también la sostiene el gerente de uno de los alojamientos con más solera en Vigo, el Hotel Bahía. “A un hotel medio las ayudas llegan a los 2.000 o 3.000 euros, cuando solo en impuesto tenemos que pagar 50.000; no cubre ni la mitad de los impuestos, que han subido”, lamenta César Ballesteros, quien pese a ser “optimista” no baraja una reapertura hasta verano.

Rubén Martínez, dueño de Terraventura, en su parque de bolas, cerrado. M.G.BREA

En febrero de 2019, Rubén Martínez arrancaba un ambicioso proyecto en una nave de avenida del Aeropuerto: un gran parque infantil con hasta once atracciones e hinchables y cafetería para comidas, cenas o cumpleaños. “Abrimos con muchísima ilusión pero quién nos diría que solo trabajaríamos un año desde entonces; no ha dado ni para recuperar lo invertido. Nunca, jamás, contamos con algo así”, verbaliza este vigués. Consciente de los meses tan duros que le vienen por delante, agradece que al menos pueda continuar con su negocio activo –aunque cerrado el público–. “Hablamos mucho entre nosotros, con otros dueños de estas zonas de ocio y muchos ya optaron por el cierre. Los que son más pequeños y más del día a día no pudieron aguantar”, lamenta. Sus expectativas no son muy halagüeñas y se encomienda a octubre para la reapertura. “A nosotros los meses de verano son los que peor nos vienen y menos este año, que seguro la gente va a preferir estar en la calle, disfrutar fuera y no encerrarse en una nave, aunque cumpla todos los protocolos”, admite Rodríguez. Y es que esto es uno de sus grandes pesares. “Tienes cerrado un negocio que cumple con todas las normas sanitarias. Nos restringen el aforo al 30%, ¿qué haces con los 11 trabajadores si no puedes tener a más de 16 niños? Con esto es que no puedo trabajar; si no llego a invertir aquí lo ganado en otro trabajo que realicé en verano, esto ya estaría cerrado definitivamente”, comenta.

“Lo intentamos en agosto, pero no había confianza”

Jorge Martínez - Responsable Sala de Escape Room “Eskapark”

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Llegó rompiendo todo concepto de ocio en Vigo y en pocos meses raro era quién no había realizado alguno de sus retos de escapismo. Pero llegó 2020 y fue Eskapark el que quedó atrapado en las redes del COVID. “Cerramos hace un añito y así seguimos. Desde marzo lo intentamos solo en agosto, abrimos varias semanas, pero era muy complicado mantenerse, primero porque la gente tenía falta de confianza y luego porque se nos vinieron abajo varios conciertos que teníamos con colegios y bibliotecas. Finalmente optamos por cerrar y en eso estamos ahora”, lamenta Jorge Martínez, CEO del Escape Room “Eskapark”, ubicado en las inmediaciones de la Avenida de Madrid.

Miriam, Vanesa y Sara, trabajadoras del centro de ocio, Eskapark. A. VILLAR

Tras el cierre de las instalaciones, no ha quedado otra alternativa que recurrir al ERTE para sus trabajadores y trabajadoras, a las que Martínez ha querido agradecer su implicación. Afirma que negocios de ocio como el suyo son los grandes perjudicados “no nombrados”, ya que al celebrarse en recintos cerrados, y sin ventanas, resulta complicado que puedan volver a la normalidad en poco tiempo. “Mantenerse abiertos cuando los clientes son cero... Es que no se puede. Teníamos organizadas varias actividades incluso con museos, para fomentar el turismo, pero todo, todo se ha cancelado”, lamenta. Como muchos otros sectores vinculados al ocio, se aferra a las ayudas que puedan recibir, lo que les permitiría no colgar el cartel de cerrado definitivamente.

“Esta es tu pasión, pero también la que te da de comer”

Esther y Raquel de Vicente - Propietarias de “La Galeríajazz”

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Esther y Raquel, dueñas de La Galeriajazz, local cultural y de conciertos. | // A.VILLAR

Fue en el año 2000 cuando, en Ronda Don Bosco, abrió el ya tradicional La Galeríajazz. Al frente del mismo, las hermanas Esther y Raquel, quienes lucharon como nadie por mostrar la cultura, el arte y la música local a los vigueses. Ahora son estos los que acuden a ellas preocupados por el devenir de su negocio, un verdadero escaparate para muchos de ellos. “Están igual de preocupados que nosotros. Aquí llevamos entre las obras en la plaza y la pandemia, casi 13 meses durísimos, luchando por continuar. Porque nos preocupa la cultura y debe de prevalecer y más en los peores momentos. Pero aunque sea tu pasión, también es lo que te da de comer. La situación está siendo muy dura”, explican estas dos hermanas viguesas. Hay que rebobinar al mes de agosto para escuchar el último de sus conciertos, a cargo del guitarrista Gabriel Mcquenzie. “Aprovechamos el confinamiento para adecuar el local, pero había mucha gente que no cumplía, se quitaba mascarillas, no guardaba la distancia.... La gente no estaba concienciada y para nosotros la salud es fundamental”, cuentan. Recuerdan el momento del cierre y no pueden creer que haya pasado ya un año. “Son momentos muy duros, pero es que no salen las cuentas. Tenemos muchísima morriña por escuchar a nuevos grupos; a veces el silencio es agradable pero este silencio no dice nada bueno. La Galeríajazz se nota triste”, definen estas incansables trabajadoras, quienes urgen también ayudas para todo el sector cultural. “La cultura genera entusiasmo pero no se le está ayudando cómo debería”, concluyen.

“El año 2020 iba a ser un año de récord y nos ha quebrado”

César Ballesteros - Director del Hotel Bahía

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César Ballesteros, en la recepción de su hotel, el Bahía de Vigo. | // MARTA .G. BREA

Las expectativas de que 2020 sería para el sector turístico y hotelero un año “histórico” se cumplieron. Pero no en el sentido que esperaba César Ballesteros, director del emblemático hotel Bahía, quien desde el año pasado, solo abrió “un par de días” para atender a un equipo de baloncesto que acudió a la ciudad viguesa por un partido. “Tenemos todo preparado para abrir cuando haya demanda, pero ahora, con un nivel de reservas inferior al 10%, no puede abrir. Miras lo que te cuesta estar cerrado o estar abierto, y solo te queda cerrar”, explica. Reconoce que desde 1970, cuando se puso en marcha el hotel, ni siquiera un incendio ni las sucesivas huelgas motivaron su cierre. “Realmente a nosotros no nos han obligado al cierre más allá que el confinamiento, por lo que nuestra situación es todavía peor: es un cierre encubierto, un impacto silencioso pero en que hemos facturado un 75% menos que otros años y tenemos las persianas bajadas”, lamenta. “Los decretos han arruinado un sector importantísimo, para nosotros el año pasado iba a ser de récord pero nos ha quebrado”, cuenta. Su reapertura, no la programa antes de verano –y bajo una recuperación no rápida– , lo que sumará más de un año de cierre. Casi idéntica situación es la que vive otro hotel de la ciudad, el Inffiniti, en Marqués de Valladares. María Rodríguez, gerente del establecimiento, dice que “después del cierre del año pasado contábamos este febrero con reabrir, pero en vista de la situación, decidimos que no. Nuestra previsión se va ahora a junio. El año pasado y este iban a ser maravillosos y se ha ido todo. Solo nos quedan los préstamos ICO, pero ¿cómo se pagan sin actividad? No se ha tenido consideración con el sector”, lamenta Rodríguez.

Carlos Rodríguez, en su discoteca, “Los Cuarenta”, vacía. | // MARTA G. BREA

Agua, luz, alquiler de local, asesorías, autónomos, cuotas de la Seguridad Social, licencias, máquinas tabaco, mantenimiento, dispensadores higiénico sanitarios y productos para cumplir las normas COVID, reformas, alarma... “Todos los meses tengo unos gastos fijos por unos negocios que no me dejan explotar”. El agotamiento y cansancio que refleja Carlos Rodríguez en su cara no es nada comprable con la angustia que lleva por dentro tras once meses sin facturar en sus dos locales, el Island Club y Los Cuarenta. “Yo de verdad que entiendo que si la solución es el cierre, pues vale, cerramos. Pero este agravio comparativo que tenemos con otro sectores no lo puedo entender. Se facturó cero euros en once meses, sí al cierre pero también sí a las indemnizaciones”, clama Rodríguez. Reconoce que siente una gran impotencia no solo por su situación, con más de una veintena de trabajadores en ERTE, sino por la de otros compañeros que ya superaron el límite. “Hay gente que ya pasa hambre, acumula deudas y deudas que no justifican el valor de sus bienes”, lamenta el empresario. Relata que la solución más inmediata a la que puede hacer frente es la solicitud de créditos ICO o a las ayudas del IGAPE. “De estas últimas no hubo respuesta y a los créditos, pues dime tú cómo voy a pagarlos luego si no tengo actividad. Tendremos que seguir hipotecándonos”, argumenta Rodríguez, visiblemente cabreado.

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