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Cien años del legado eterno de Pacewicz

La Escuela de  Artes y Oficios
Una de las joyas arquitectónicas más conocidas de Michel Pacewicz, dedicada además a un fin público que permite apreciarla también por dentro, es el edificio de la Escuela Municipal de Artes y Oficios (EMAO). El inmueble se proyectó a finales del siglo XIX por encargo de José García Barbón, quien quiso consagrarlo a la docencia. Destaca por su estética ecléctica y decoración neomedieval. | ELI REGUEIRA

La Escuela de Artes y Oficios Una de las joyas arquitectónicas más conocidas de Michel Pacewicz, dedicada además a un fin público que permite apreciarla también por dentro, es el edificio de la Escuela Municipal de Artes y Oficios (EMAO). El inmueble se proyectó a finales del siglo XIX por encargo de José García Barbón, quien quiso consagrarlo a la docencia. Destaca por su estética ecléctica y decoración neomedieval. | ELI REGUEIRA C. Prego

Vigo recibía febrero de 1921 con el pulso acelerado por el Carnaval, entre mascaradas, tambores, olor a filloas y la juerga con la que la ciudad, como cada año, se distendía antes de zambullirse en los tiempo más severos de Cuaresma. La portada de FARO del 3 de febrero de aquel año de entreguerras y repúblicas –jueves de Comadres– ofrece una ventana indiscreta a cómo estrenaba la ciudad el mes.

El Royalty –autoproclamado “cinematógrafo de moda”– proyectaba los últimos episodios de Los jinetes de la luna y sobre las tablas del Salón Pinacho los Hermanos Lerín entrenaban sus equilibrios de infarto. El aroma a gofre y sirope que hoy baña Príncipe lo ponían entonces las orellas recién cocinadas en La Riojana. Y a muy poca distancia de allí –en una Porta do Sol en la que todavía tardaría siete décadas en proyectarse la sombra del Sireno–, frente al Café Moderno, quienes habían dejado para última hora la compra de su disfraz ojeaban entre los trapos recién llegados de los teatros madrileños.

Los profesionales apuestan por divulgar su talento como creador de interiores

La fiesta mayor de Vigo se cocía sin embargo en el Odeón, el teatro de Urzáiz que había hurtado el nombre a aquella otra sala levantada a orillas del Sena. En un lugar privilegiado de la portada de FARO, con letras capitales, sus dueños pregonaban lo que se prometía una lujosa velada con servicio de restaurant, orquesta y baile.

La fiesta –recogía el diario– arrancaría a las once de la noche.

Once horas antes Vigo, y en su nombre buena parte de los vecinos que tenían sus disfraces aireándose en casa, se vestía de luto para despedir en el cementerio de Pereiró al –ironías del destino– creador del Odeón y Royalty; también a quien a lo largo de las décadas anteriores se había encargado de trajear la ciudad echando mano de los tejidos propios de su oficio: el granito, acero, vidrio y pizarra. El finado era el arquitecto Michel Pacewicz. 78 años. Francopolaco. Casado con Anna.

En la esquela publicada en el periódico del día 3 de febrero, en la que no se acierta del todo con la traicionera grafía de su apellido polaco –Pacewiezh lo nombran–, se anuncia el entierro junto a un par de líneas biográficas. Con tres brochazos se le presenta como arquitecto, presidente de la Sociedad de Beneficencia y vicepresidente de la cámara gala.

La necrológica y un in memoriam en páginas interiores –algo más extenso, pero igualmente parco– se quedan cortos. Desde que se había vinculado a Vigo, en 1897, gracias en gran medida a la mediación de Benito Sanjurjo Ramírez de Arellano, y de forma especial desde que se había instalado en la ciudad a comienzos del XXI, de la mesa de trabajo de Pacewicz habían salido los planos de algunos de los edificios más celebres del Ensanche.

Además del Odeón y el Royalty –víctimas de la piqueta– el francopolaco había diseñado El Moderno, la Escuela de Artes y Oficios, Casas de Oya, las casas de Rosendo Silva y Yáñez o Casa Enrique Lagos. En todas dejó su peculiar impronta ecléctica, sello inconfundible aprendido de la mano de su maestro Paul Abadie.

Hoy se celebran cien años de la muerte de Pacewicz en su casa de la calle Urzáiz, un siglo que se ha llevado por delante parte su obra, pero durante el que Vigo ha sabido preservar también una buena muestra de su legado. El centenario se cumple en un momento dulce para la memoria del arquitecto: acaban de reformar el viejo hospital Santa Cristina, en O Calvario; y el “El Gallinero”, ambos obra suya; y hay planes de rehabilitación también para el Círculo Católico de Obreros, atribuido al francopolaco. Como “guinda”, el IEV acaba de reeditar una versión actualizada del ensayo que le dedicó en 1992 Martín Curty.

“Su llegada a Vigo supuso la entrada de corrientes internacionales”

Alba Curty

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“Sus construcciones son icónicas. Con su estilo metió a Vigo en una corriente internacional”

Martín Curty

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Su legado sigue también muy presente entre sus sucesores, los profesionales que trazan el Vigo del XXI. “Las suyos son obras icónicas. Con su estilo metió a la ciudad en una corriente internacional que en aquella época estaba muy en boga en Francia, pero no en España”, explica Martín Curty. “Su llegada a la ciudad supuso la entrada de corrientes internacionales que nunca se habían establecido en Vigo; es la demostración de que la burguesía viguesa de aquel momento era ilustrada y con vínculos en Londres, por el naval; y en París”, concuerda Alba Curty.

“Hoy apreciamos que sus edificios tienen un valor añadido”

José Melero

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“Para mí es un orgullo, como vigués, disfrutar del paisaje urbano qe nos dejó”

Juan Manuel Iglesias

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“Como vigués para mí es un orgullo disfrutar del paisaje urbano que dejó. Trajo a Vigo una arquitectura que aquí no se veía”, reflexiona Juan Manuel Iglesias. Desde su estudio, EAU, tuvo la oportunidad de participar en el proyecto básico para la rehabilitación del Círculo Católico. Iglesias reivindica también la sensibilidad de los promotores que, entre finales del XIX y principios del XX, “apostaron” por un lenguaje y estilo nuevos. El papel clave de la “sensibilidad” de los promotores, tanto en su día, al probar con nuevos lenguajes, como hoy, al apostar por la puesta en valor y rehabilitación, lo destaca también José Melero, de OPV.

Destaca su uso de los materiales que se encontró aquí y su atención al detalle

Rebeca R. Domato

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“Su obra va mucho más allá de las fachadas. Dentro, sus edificios están muy trabajados”

Martín de Cominges

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“Su obra es mucho más que fachada. Vigo ha tenido la suerte de que un arquitecto como él se instalase en nuestra ciudad. Con su obra aportó un gran valor no solo a los clientes, también a la urbe. La buena arquitectura en general aporta gran valor al espacio público”, reivindica Martín de Cominges. Del francopolaco destaca dos aspectos: el provecho que sacó a los materiales con los que se encontró en Galicia y su estilo, muy apegado a una época –el salto del XIX al XX– sin la que su lenguaje no se comprende; pero que le ha permitido legar una obra “plenamente presente”. Su magistral manejo de la piedra que le proveían las canteras próximas es otra de las claves que subraya Rebeca R. Domato. “Atendía a cada detalle”, destaca.

Para Iria Sobrino los edificios de Pacewicz forman parte de la “identidad” de Vigo. “Yo siempre hablo de la arquitectura como algo dinámico, parte de la ciudad. Me gusta reivindicar la personalidad de Vigo y en la obra de Michel Pacewicz hay un ejemplo más de esa identidad de urbe cosmopolita”, aboga Sobrino, quien defiende la naturaleza “ecléctica” y bullente de Vigo, libre de etiquetas rígidas que la “aprisionen” en una única corriente.

“Tanto él como sus coetáneos han pasado a ser, con razón, signos de identidad local”

Jesús Irisarri

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“Rehabilitar sus edificios, darles nueva vida, es la mejor forma de conservarlos”

Pedro de la Puente

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“Antes de ser Pacewicz, para mí fue paisaje, pues crecí en el centro rodeado de sus edificios y de los de sus contemporáneos. Cuando volví, ya con ojos de arquitecto, pasó a unirse a aquel recuerdo otra capa de ese paisaje. Ya era evidencia de un tiempo y una cultura. Y sabía que detrás de los edificios había un autor”, confiesa Jesús Irisarri: “Hoy veo con melancolía un tiempo lejano en que parte de la sociedad buscaba en el arquitecto su valía profesional; en que se confiaba en ellos, se les dejaba proyectar y construir.” Sobre su valor en pleno siglo XXI, destaca: “Tanto él como sus coetáneos han pasado a ser signos de identidad local apreciados, y con razón”.

“Los edificios de Pacewicz forman parte de la memoria, la imagen de Vigo. El hecho de que se rehabiliten es la mejor forma de conservarlos, darles una nueva vida, un nuevo uso. No hay mejor reciclaje que reaprovechar un edificio”, defiende Pedro de la Puente. Habla con conocimiento de causa. Desde su estudio ha participado en la reforma de dos inmuebles del francopolaco en Vigo: uno en el entorno de la Alameda y otro en el Calvario.

“Cambió el paisaje del centro de Vigo. Su obra no tiene nada que ver con lo que se hacía”

María Ferro

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“Su obra es un ejemplo más de la identidad de Vigo, una ciudad cosmopolita”

Iria Sobrino

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“Cambió el paisaje del centro de la ciudad. Sus edificios son muy representativos. No tienen nada que ver con lo que se trabajaba entonces”, subraya María Ferro antes de reivindicar la importancia de cuidar su obra.

El tesoro de Pacewicz va más allá de las fachadas. Alcanza también a los interiores, cuidados al detalle y en los que el francés mimaba materiales, distribución y luz. “Era un generador de espacio público interior”, subraya Sobrino. “El del Círculo Católico es fantástico. Estos arquitectos son tan buenos que conectan interior y exterior”, coincide Iglesias. De opinión similar, sus colegas apuestan por poner en valor esa faceta, menos divulgada, del genio que perdió Vigo hace hoy justo un siglo.


Algunas de sus yojas en el centro de Vigo


Cien años del legado eterno de Pacewicz

La Escuela de Artes y Oficios

Una de las joyas arquitectónicas más conocidas de Michel Pacewicz, dedicada además a un fin público que permite apreciarla también por dentro, es el edificio de la Escuela Municipal de Artes y Oficios (EMAO). El inmueble se proyectó a finales del siglo XIX por encargo de José García Barbón, quien quiso consagrarlo a la docencia. Destaca por su estética ecléctica y decoración neomedieval.

Cien años del legado eterno de Pacewicz

Casa de Oya, el actual Hotel NH 

En pleno centro del casco urbano, en la calle García Barbón, a muy poca distancia de la Escuela de Artes y Oficios, se alzan las Casas de Oya. Desde hace años el inmueble acoge las instalaciones del Hotel NH. La construcción data de 1904 y muestra un estilo ecléctico de corte francés y base neobarroca que lo hace destacar entre el legado de Pacewicz. Se rehabilitó a finales de los años 90.

Cien años del legado eterno de Pacewicz

Casa Acuña Soaje, en Policarpo Sanz 

Otra de las piezas destacadas del legado de Pacewicz. Conocido como Casa Acuña Soaje, el inmueble se proyectó a finales del siglo XIX y se alza en pleno Policarpo Sanz. Destaca por su rica y abundante ornamentación, provista, entre otros elementos, de pilastras, columnas, capiteles y ménsulas, además de por sus galerías, muy decoradas. Se encuentra a poca distancia de otra de sus joyas: El Moderno.

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