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La economía de Vigo (re)hiberna por el COVID

El día de la última vez

Miles de locales de hostelería, comercio y deporte, obligados desde hoy a cerrar o acortar horarios

El COVID baja el volumen de la economía de Vigo. Con la hostelería en mínimos, los horarios de las tiendas dedicadas al textil, joyerías, peluquerías y cualquier otro comercio no esencial limitado hasta las seis de la tarde, los gimnasios cerrados a cal y canto y la movilidad restringida, parte crucial del pulso de la ciudad vuelve a la hibernación en la que ya estuvo durante las peores semanas de la primera ola o la desescalada.

Galicia echa el cerrojo Vídeo: Agencia ATLAS / Foto: Brais Lorenzo

Solo dedicados a la venta de comida y bebidas en Vigo hay unos 2.000 negocios que generan alrededor de 10.000 empleos directos. A ellos se suman, por ejemplo, 6.800 empresas del sector comercial –excluido el ligado a la automoción– o 300 centradas en actividades deportivas y entretenimiento. Según el anuncio lanzado el lunes por la Xunta todos, en mayor o menor medida, verán afectada su actividad a lo largo de las próximas tres semanas. Otros colectivos, como el de las academias de enseñanza o las autoescuelas, buscaban ayer fórmulas para adaptarse al nuevo escenario –echando mano de los recursos online, por ejemplo– a la espera de que el DOG perfile su situación.

R. GROBAS

Un último esfuerzo antes de bajar la persiana. Hacía poco más de una semana que los gimnasios y centros deportivos de la ciudad se adaptaban a la restricción de prohibir el uso de los vestuarios a los deportistas cuando ahora se ven abocados al cierre total. Gerentes y responsables de Vivagym, Máis que Auga o DGO califican de “desorbitado” esta medida y más cuando su servicio es “salud”. “La práctica física es fundamental, trabajamos para que las personas estén activas y con esta medida lo que se fomenta es lo contrario, el sedentarismo”, lamentan.

“Ahora tendremos que reforzar el trabajo online, bien grupal, bien individual, o diferido. Igualmente nos hará perder mucha clientela”

David García - de DGO

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En mente, la misma idea: asumir el enésimo esfuerzo planteado por las administraciones para doblegar la tercera ola del COVID. “La noticia ha sentado como un jarro de agua fría. Que este sea el empujón final”, apunta Simón González desde el gimnasio que lleva su nombre en la calle Urzáiz. De opinión similar, Francisco Cortegoso, de Máis que Auga, confía también en “que este sea el último sacrificio”. “Esperamos que el ritmo de vacunación esté más avanzado en tres semanas y la vuelta se dé en otras condiciones, diferentes”, comenta. Solo en los tres gimnasios de la cadena han perdido el 40% de sus socios: de los 18.000 que sumaban antes de la crisis sanitaria han pasado a día de hoy a 11.000.

“Ahora tendremos que reforzar el trabajo online, bien grupal, bien individual, o diferido. Igualmente nos hará perder mucha clientela”, esgrime David García, de DGO. Su homóloga del gimnasio de María Berdiales, Vivagym, Ángeles Martín, considera también “desproporcionada” la medida. “Mantenerse activos es importante y estas medidas tienden al sedentarismo. Para nosotros fue un mazazo el cierre porque nos habíamos adaptado bien a todas las restricciones: clausurar vestuarios, aforo, distancias, higiene… Nos parece una decisión drástica", destaca.

R. Grobas

Ni terrazas, ni interior... Ni negocio. Enésima restricción, enésimo ajuste pero, finalmente, enésimo cierre. Las cafeterías junto a restaurantes y gimnasios se llevan la peor parte con el cierre total de sus negocios. Si en un comienzo tenían aforos limitados en el interior y terrazas, semanas después solo pudieron habilitar estas últimas, pero logrando cero beneficio. “Estoy abierto solo por mis clientes, porque nos valoran. La situación es horrible, estamos muy mal, muy bajos, pero aún así confiamos que sea el último cierre al que nos manden”, cuenta el responsable de la cafetería Youssef.

Sin duda, y como tónica de este pandemia, la hostelería sigue en el centro de la diana en cuanto a restricciones. “La situación es tan horrible que ya ni nos sorprendemos. No salimos de una para volver a meternos en otro cierre”, cuenta Youssef desde la cafetería de O Calvario que lleva su nombre. Por idéntica situación atraviesa Las Tapas de Jose, cuyo dueño también se vería abocado en breves a su cierre; o el restaurante Rías Baixas, donde el malestar lucha con la indignación y desconcierto. “Tenemos más normas que cualquier otro sector, cumplimos y desinfectamos, aforos limitados, terrazas limitadas y ahora esto. No podemos hacer más”, anota su responsable.

R. GROBAS

El ‘take away’ como entrante, plato y postre. No se podrá entrar en los restaurantes pero sus luces y fogones seguirán intactos. Y es que a pesar de que el consumo en estos establecimientos se ha permitido, si es posible levantar el teléfono y pedir el plato estrella de muchos de los locales de restauración de la ciudad. El take away se ha impuesto como forma de supervivencia para buena parte de los hosteleros de la ciudad, como es el caso de Carlos Grobas, del restaurante Casa Rei. “Tenemos clientes que siempre han estado con nosotros, estábamos ahora abiertos por ello y seguiremos llevándole la comida a casa”, cuenta. 

Entre las directrices que marque el DOG y el teletrabajo como recurso se encuentran muchos sectores en Vigo; es el caso de las gestorías, asesorías o incluso agencias de publicidad. Un ejemplo de ello es People and Brand, cuyo director, Iago Martínez, aboga por este modelo conciliador y un reajuste de horarios. “Sectores o negocios como el nuestro tenemos flexibilidad para trabajar desde casa, o apostando incluso por la jornada continua”, explica. Idéntica situación se vive en la oficina que acoge la gestoría de Ana Prado. “Desde las 18.00 dejamos de atender al público, pero continuaremos con el teletrabajo, ya por las tardes nos decantaremos por este modelo”. Algo similar ocurre en las inmobiliarias. Carlos Carrera, de Trato Directo, comenta que en su firma se plantean adoptar el horario continuo con solo un breve descanso de media hora para comer. “Es un esfuerzo que nos toca hacer a todos”, reflexiona.

Remodelar las agendas y no solo el look de los vigueses es ahora el objetivo de los cientos de peluquerías de la ciudad. En Canadelo Alto se encuentra la de Sonia Guisande, quien se vio obligada a alterar su jornada por las restricciones. “Estamos moviendo citas, adelantando muchas; bueno, las que tenemos”, matiza la esteticién. Y es que reconoce que este horario no favorecerá al sector.

R. GROBAS

Pasar página lo antes posible entre libros. Al igual que el resto del considerado comercio no esencial, las librerías ven cómo se recorta a su horario las últimas horas del día, a partir de las 18.00 h. “Debemos sacrificarnos, el bien público está por delante de los beneficios privados”, aboga Xurxo Patiño, de Librouro. Aunque esa limitación de horas afectará a la caja de los negocios, explica, las restricciones llegan al menos sin grandes campañas en el calendario, como la de navidades o la de venta de libros de texto. “Esperamos que las medidas repercutan lo antes posible en el final de una situación lastimosa”, aboga.

A escasos metros, en calle Urzáiz, se encuentra la librería Cartabón. Su responsable, Maribel Tato reconoce la dificultad por la que atraviesan muchos negocios ante la incidencia del COVID, pero no olvida que la salud debe primar ante la economía. “Creo que sería más beneficioso un confinamiento que reducir los horarios. Durante las navidades se permitió toda movilidad, y ahora estamos como estamos”, lamenta. “Dadas las cifras aterradoras de contagios es el momento de tomar una decisión drástica”, coincide Xurxo Patiño, de Librouro, quien reconoce que al menos en su sector las limitaciones de horario no coincide con ninguna de las campañas cruciales del año.

Adaptarse a las nuevas circunstancias es el lema de Diana Doniz, dependienta en el negocio de modas Ángeles. Reconoce que ve como un acierto la limitación de apertura de los centros comerciales, donde la competencia y los aforos “asfixiaban” al pequeño comercio.

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Internet, el nuevo material escolar. Las academias y centros de estudios y formación también esperan expectantes a las concreciones del DOG sobre su continuidad ante las restricciones. Pero ya están en la búsqueda de formas de adaptarse a una limitación horaria, ¿cómo? a través de la teledocencia. Es el caso, entre muchas otras, de la Academia Encinas, donde parte de sus grupos ya reciben estas clases de refuerzo a través de Internet. A mayores, también han tenido que adaptar los grupos al toque de queda para cumplir con la normativa de horarios.  

En cuanto a las academias y centros de formación, la docencia digital se ha convertido en su salvoconducto para poder proseguir con sus clases. En la Academia Encinas valoran el esfuerzo tanto de padres como del propio alumnado por ceder ante tanto cambio normativo. “Tenemos que esperar al DOG pero confiamos en poder permanecer hasta el toque de queda. De igual modo, tenemos todo preparado para unas clases 100% online”, anota Vicky Núñez.

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Pendientes de la letra pequeña para plantear el horario. Las autoescuelas permanecían ayer pendientes del DOG para conocer en detalle cómo afectarán las nuevas restricciones a su colectivo. Andrés Bugallo, de FARO, recuerda que en invierno gran parte de la actividad de las academias –tanto teórica como práctica– se concentra por las tardes. “Que nos corten a las 18.00 h significa que tenemos que reajustar horarios para aprovechar el medio día. Habrá que cambiar los horarios laborales. Intentaremos buscar el mejor encaje posible”, anota Bugallo, quien defiende el celo con el que su gremio cuida las medidas de seguridad. 

En otros centros como el Conservatorio Superior de Música, al igual que la Universidad, retomarán la docencia la próxima semana pero solo telemática hasta el 17 de febrero. “Estamos ya preparados”, comenta su director Esteban Valverde. Desde Autoescuelas FARO Andrés Bugallo, esperaba ayer conocer en detalle cómo afectarán las restricciones a un sector que, recuerda, concentra gran parte de su trabajo por la tarde.

R. Grobas

Un sacrificio más para ganar el partido. El anuncio del adelanto de la hora de cierre no ha sorprendido a Balbino Rodríguez. “Me lo olía mirando cómo iba la cosa. Esto viene de la Navidad. Muchos cumplimos, pero estamos igual que los que no lo hicieron”, lamenta el responsable de Deportes Balbi, de Fragoso, quien demanda que los sacrificios que se pide a los comerciantes vayan acompañados también de respaldo. “Estamos empobrecidos. Deberían tener ayudas preparadas”, aboga el vendedor de material deportivo, quien confía en que estos sean los últimos sacrificios antes de una recuperación que, lamenta, tarda en llegar.

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Pendientes de la campaña de vacunación. Las restricciones de horario suponen el enésimo esfuerzo para un colectivo, el comercio, que lleva meses padeciendo las consecuencias del COVID. “Nos lo temíamos porque los datos son muy malos. Se veía venir”, reconoce Ángel Conde, de Perfumería Conde. Al igual que otros muchos comerciantes su atención –y esperanzas– se centra ahora en la campaña de vacunación. “A ver si en verano... Tenemos la esperanza de que si el porcentaje es alto empecemos a funcionar”, comenta Conde, que al igual que buena parte del sector, señala que el COVID ha venido acompañado de una caída de ingresos.

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