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El tráfico de cruceros sigue en caída libre: la mitad de escalas del año, ya canceladas

El “Costa Fortuna”, uno de los cruceros 
que podrían estrenar la campaña
de este año, en una escala
en Vigo en 2014.   | // R. GROBAS

El “Costa Fortuna”, uno de los cruceros que podrían estrenar la campaña de este año, en una escala en Vigo en 2014. | // R. GROBAS

Cuando hace poco menos de un año el crucero estadounidense Diamond Princess acaparó las portadas de los medios internacionales por un brote de COVID-19 a bordo, muy pocos podían imaginar el alcance de la pandemia que acababa de irrumpir por primera vez fuera de China. Del total de 3.700 pasajeros y tripulantes del crucero, 712 dieron positivo y 13 de ellos murieron. El Diamond Princess se convirtió sin quererlo en el paradigma de cómo se puede infectar masivamente la población en entornos de mucha densidad, sin hacer uso de las normas de prevención que se han ido implementando desde entonces.

Este hecho marcó un antes y un después en el sector de los cruceros, cuyas armadoras no tuvieron otra salida que la de amarrar sus flotas. Desde entonces se ha venido posponiendo el regreso a la actividad a medida de que la evolución de la pandemia no acababa de mejorar, mientras que los operadores ven como sus expectativas se frustran cada día que pasa con datos cada vez más demoledores, aunque con la esperanza de que las vacunas aceleren la caída de nuevas infecciones. En este escenario, ni Puertos del Estado ni navieras se plantean de momento retomar la actividad, que según fuentes del sector crucerístico no se reanudará, y con mucha lentitud, hasta bien entrado el año.

Ni siquiera las alemanas AIDA y TUI, las más impacientes a la hora de volver a operar, eso sí, bajo estrictos controles sanitarios, pudieron evitar una nueva cancelación de sus programaciones navideñas en las islas Canarias, lo que se tradujo en airadas protestas de sus clientes a través de las redes sociales. De momento el puerto de Vigo ha visto como ya se han caído de su agenda de 2021 un total de 42 escalas, aunque mantiene alrededor de 40 de las que aproximadamente una docena corre peligro de seguir el camino de las anteriores si la evolución de la pandemia no corrige el rumbo.

Si las previsiones no se tuercen una vez más y el gobierno levanta la prohibición, que una vez lo haga será implementando estrictos controles sanitarios, es posible que a mediados de año seamos testigos de la presencia de los cruceros italianos MSC Magnifica y Costa Fortuna, y que los meses siguientes la estación marítima recupere el pulso con los Britannia, SeaDream I, Anthem of the Seas y Ventura entre otros, aunque las previsiones cambian de un día para otro y al final tocará seguir esperando a la ansiada evolución a la baja del COVID-19 que aumente las expectativas para la estación marítima recobre la actividad de unos tiempos no tan lejanos.

El atípico 2020 que vivió el sector, refleja unas estadísticas puramente testimoniales de cómo se ha desarrollado la programación antes de la irrupción de la pandemia, tanto en Vigo como en sus dos principales rivales, los puertos de A Coruña y Leixões. Curiosamente, cuando a mediados de marzo se prohibieron las escalas de cruceros en España y Portugal, Vigo encabezaba las estadísticas entre las tres terminales tras años de haber perdido el liderato. En ese momento la terminal olívica sumaba siete escalas que acercaron a la ciudad según datos de Puertos del Estado, a 9.425 cruceristas, mientras que A Coruña se quedaba con cinco y 6.586 y Leixões, con cuatro y 3.700 respectivamente.

Al desguace

En total, no menos de treinta cruceros han sucumbido a la pandemia, unos vendidos para iniciar una nueva vida bajo los colores de modestos operadores, o incluso como residencias flotantes, aunque la mayoría, alrededor de veinte, terminaron en playas orientales de desguace, los cementerios de barcos de todo tipo más importantes del mundo, en los que también terminó sus días el antiguo portaaeronaves español Príncipe de Asturias.

Entre estos cruceros, algunos eran muy conocidos en el puerto de Vigo, como los que integraban la flota de la británica Cruise & Maritime, cuya bancarrota obligó a la subasta de su flota al completo el pasado mes de octubre. Dicho equipo estaba compuesto por seis naves de más de treinta años de antigüedad que portaban los nombres de Marco Polo, Magellan, Columbus, Astor, Astoria y Vasco da Gama. La única excepción fue esta última, inaugurada en 1993, que fue salvada de los sopletes de los muelles de desguace por la portuguesa Mystic Cruises, por la que pagó unos 10 millones de euros según medios especializados. Mystic es la primera línea de cruceros de expedición portuguesa, dueña del World Explorer, de 100 pasajeros de capacidad, al que próximamente se unirán otras dos unidades gemelas que están siendo rematadas en los astilleros West Sea de Viana do Castelo.

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