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El legado de ‘Los Habilidades’ crece

La nueva pieza, situada enfrente del submarino.   | // FOTOS: JOSÉ LORES

La nueva pieza, situada enfrente del submarino. | // FOTOS: JOSÉ LORES

El legado de la familia de Sanjurfo Badía al Museo del Mar de Galicia y a la ciudad de Vigo se enriquece con la correa de transmisión de una máquina de vapor que habría sido fabricada en el año 1872 por su padre, de quien heredó la impronta visionaria, en su fundición de A Coruña.

La pieza ya ha sido instalada frente al icónico submarino botado en Guixar en 1898 y, en una semana, esta zona del recinto se enriquecerá con un caballito de vapor de los años 60 y otros elementos relacionados con la actividad desarrollada por la fábrica familiar Funditesa durante el siglo XX.

La placa con su fecha y origen. | // FOTOS: JOSÉ LORES

“La correa tiene una placa que data la pieza en A Coruña en 1872 y la atribuye a la Fábrica de Habilidades, que es el mote con el que se conocía a Antonio Sanjurjo Álvarez (“El Habilidades”) y que después heredó su hijo. Podría ser de un barco o del sector de la automoción, pero además de resultar de gran interés por pertenecer a la Segunda Revolución Industrial, también lo es por su autor, que fue un pionero. Era relojero a mediados del siglo XIX y creó dos fundiciones en Sada y A Coruña. Su hijo heredó este afán por superarse y el interés por la inventiva. Ambos fueron unos pioneros”, destaca la directora del museo, Marta Lucio.

Un caballito de vapor de los años 60.   | // FOTOS: JOSÉ LORES

Un caballito de vapor de los años 60. | // FOTOS: JOSÉ LORES

La pieza se encontraba en Funditesa, la compañía familiar de la que actualmente es gerente Enrique Sanjurjo: “Además de la correa nos cedieron un caballito de vapor de los años 60, una bomba de compresión de los años 30-40 y moldes de madera que se utilizaban a principios del siglo pasado para hacer las fundiciones. Todos estos elementos serán expuestos en la misma zona junto con un retrato del inventor del submarino para explicar la aportación de la empresa a la industria naval y su relación con la ciudad”.

“En otras ocasiones hemos tratado con Manuel Sanjurjo y esta vez contactó con nosotros su sobrino Enrique. Tanto desde el Museo del Mar como desde la Consellería agradecemos la buena disposición que ha tenido siempre la familia con nosotros. Son ellos los que nos han llamado porque entienden que las piezas son la historia de la ciudad y le pertenecen a ella. No tienen ningún sentimiento de posesión”, aplaude Marta Lucio.

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