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Automoción, pesca, naval… A lo importante, alcalde

La frágil y frívola identidad que el alcalde de Vigo se ha empeñado en desarrollar en la ciudad en los últimos años nos ha situado en este momento en una posición de debilidad y desventaja que nos va a costar muy cara a los vigueses. Desearía que no fuera así, pero mucho me temo que en este año crucial que ahora comienza empezaremos a darnos cuenta del enorme error que habrá supuesto haber apostado por esa artificiosidad contemplativa de luces y discursos huecos del “Club de la Comedia”.

El alcalde está empachado de autosuficiencia. Probablemente se ha llegado a creer que con su sola presencia y prestidigitación se garantizaba a sí mismo un presente de gloria, y que ya luego vendrían otros a descubrir el truco y pagar las consecuencias. No contaba, claro está, con que una desgracia cruel como la pandemia podría acelerar el declive de su “imperio”. Un declive que, de todas formas, ya estaba llegando.

El turismo, la gran apuesta de su copiada “ciudad hermosa”, está tocado. Incluso en aquellos lugares en los que se trata de una industria madura y consolidada existen serias dudas sobre los periodos de recuperación y la capacidad de resistencia de las empresas. En Vigo, esta actividad se encuentra en un grado incipiente de desarrollo y con unos recursos sin definir. La singularidad de la oferta se reduce prácticamente a una fecha, la Navidad, que tampoco cuenta con mucho recorrido ni con suficientes elementos de atractivo asociados específicamente al territorio. En realidad, cualquier ciudad tendría una Navidad como la de Vigo si tuviese un alcalde lo suficientemente inconsciente para dedicar esfuerzo y dinero a unos fastos delirantes, pero al alcance de cualquiera. Incluso con bastante más gusto.

En cambio, el conocimiento y la especialización acumulados en actividades como la fabricación de automóviles, la pesca o la construcción naval, no están al alcance de cualquiera. Y las noticias que hemos podido leer en FARO DE VIGO en los últimos días del aciago 2020 no son alentadoras.

España, no ya Galicia, se ha quedado fuera de la planificación europea para la instalación de plantas de baterías eléctricas para automóviles. En un futuro cercano no dependiente de las combustibles fósiles, las pilas van a ser el componente esencial para la fabricación de vehículos. Pero sobre eso, nuestro alcalde ni palabra.

El empeño británico en evitar que la flota española, en buena medida viguesa, opere en unos caladeros que considera suyos, ha dado un paso de gigante con la salida del Reino Unido de la UE. Pese a que se logró un “permiso” de presencia temporal en aquellas aguas, parece que el futuro pasa por renunciar a uno de los caladeros esenciales para la pesca y por asumir aranceles para introducir en España la producción de barcos españoles (Malvinas). Todo ello en un contexto de criminalización de la propia actividad pesquera en la UE.

Y la maltrecha industria de la construcción naval viguesa ha visto cómo otros países de Europa han sabido aprovechar resquicios legales para recibir parte de las ayudas públicas dedicadas a la recuperación económica sin que el Gobierno de España haya hecho nada. ¿Han oído algo al alcalde?

Desde un perfil más razonable, otras ciudades se han ocupado de alentar y desarrollar otros sectores, como el textil, mientras Vigo, con potencial y una reputación ya ganada, se quedaba atrás.

Vigo, una ciudad en un mundo intermodal, con un puerto de ubicación envidiable al que no llega el tren. Vigo, una ciudad en la periferia de la periferia a la que todavía no ha llegado la alta velocidad. Vigo, una ciudad con un aeropuerto en declive, cuyo aeropuerto realmente operativo está en Oporto.

Vivimos en una ciudad de luces y atrezo, donde el cartón piedra sustituye a los árboles. Pero ha llegado el momento de “ponerse las pilas” y defender lo que de verdad importa y nos garantiza un futuro de prosperidad. Vigo debe cambiar su discurso urgentemente.

Ya sabemos que como disculpa de mal jugador, la culpa es siempre de otros. Sí, sí… Pero incluso en ese supuesto poco creíble, ¿qué hacemos nosotros, alcalde? Nada. Política vacía.

*Senador del PP

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