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¿Qué manta llevo hoy al cole?

Un grupo de alumnos del IES Alexandre Bóveda, con las mantas que llevan a clase. |   // A. VILLAR

Un grupo de alumnos del IES Alexandre Bóveda, con las mantas que llevan a clase. | // A. VILLAR

En la etapa infantil, el mandilón; durante Educación Física, el chándal; varios colegios concertados optan por el uniforme y ahora todos se suman a las mantas. Y es que esta prenda se ha convertido en el nuevo material escolar para cientos de alumnos para evitar pasar frío en las aulas. El responsable de esto no es tanto la bajada de temperatura sino la necesaria ventilación de las aulas, que en plena ola de frío, obliga a los estudiantes a implementar a sus cazadoras, guantes o bufanda otros métodos de abrigo. “Al principio el profesorado era más escéptico, pero ahora sí les permitimos llevar cualquier tipo de abrigo. Los padres también lo están entendiendo, las ventanas están todas abiertas e incluso algunas puertas para favorecer la movilidad del aire”, explica Eva López, directora del IES Valadares.

En su caso, han optado por tener la calefacción encendida ya el día anterior para que el alumnado note el calor en las primeras horas de clase. “Es una de las soluciones que hemos encontrado. La ventilación es una medida imprescindible y hay que adaptarse a ella”, esgrime López. Otro ejemplo se encuentra en el IES San Tomé. María Sío, directora del instituto de Plaza América, donde la calefacción, por la contra, está puesta durante la jornada lectiva para aportar al alumno una “mayor sensación de calidez”. “Los niños vienen con guantes, con bufanda, con mantas... Permitimos todo tipo de prendas en atención a la situación que se está viviendo”, argumenta María Sío.

Precisamente esta circunstancia motivó la queja de algunos padres por el frío que hace en las aulas. “Fueron muy pocos pero sí es verdad que hubo quejas. Pero el protocolo nos indica que deben estar abiertas las ventanas el mayor tiempo posible”, explica la directora del IES San Tomé.

La peligrosidad del aire

Lo que también es una realidad ya en muchos colegios o institutos es el control del CO2. Su nivel es indicativo de la peligrosidad del aire. Por ello, desde Foanpas llevan reclamando medidores del dióxido de carbono para garantizar una correcta ventilación en las clases. “Los medidores de CO2 deberían estar en todas las aulas. Si cada una tuviera este medidor y le dijera cuando están llegando a 1.000 ppm (el valor máximo recomendado), se sabría exactamente cuándo hay que ventilar. Cuando abres la ventana 3 o 4 minutos ya baja el nivel ostensiblemente”, explica Miguel Álvarez, el hasta ahora presidente de Foanpas, ya que la directiva cambia de miembros este mes.

Por su parte, la Xunta ya puso ayer a disposición de los centros la posibilidad de controlar este gas a través de una herramienta elaborada por la USC, que ayuda a mejorar el confort térmico en las aulas. Esto es, ajustar el tiempo en el que es necesario abrir las ventanas.

Los colegios que lo deseen podrán conectarse a esta app introduciendo unas serie de datos sobre el aula (tipología, orientación, superficie, altura, sistemas de ventilación, número de alumnos...). Los datos se cruzan con los de la predicción meteorológica y se obtiene una pauta de ventilación. Los centros obtuvieron ayer sus contraseñas para poder conectarse.

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