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IV Congreso Nacional de Directores de Coro

“La gente tiene necesidad de cantar en grupo”

Ramón Gil (a la izq.) y Alberto Cancela en el congreso en el auditorio municipal.

Ramón Gil (a la izq.) y Alberto Cancela en el congreso en el auditorio municipal. MARTA G. BREA

Vigo es este fin de semana la sede principal del IV Congreso Nacional de Directores de Coro, aunque la pandemia ha obligado a que sea predominantemente telemático. El encuentro, que se desarrolla en el auditorio municipal con el apoyo del Concello y de Acopovi, aborda la situación actual de los coros en España, entre otras cuestiones.

El musicólogo compostelano Alberto Cancela se encargó de la ponencia inaugural en la que expuso las principales líneas de su tesis, el primer estudio en profundidad sobre el impacto del orfeonismo en la sociedad gallega y en su música desde la segunda mitad del siglo XIX.

Alberto Cancela, musicólogo MARTA G. BREA

Alberto Cancela: “Las obras gallegas más significativas eran para orfeones”

Musicólogo

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–¿Cómo nacen los orfeones en Galicia?

–Como casi todo, por una cuestión de contagio. En España, aparecen en Cataluña. Hay una figura clave que es Josep Anselm Clavé, que inicia esta andadura y una difusión de la música de las corales a muchos rincones de España. En Galicia hay un músico, José Piqué, que había estado en contacto con Clavé e inicia este desarrollo del orfeonismo. Hay una relación directa.

–¿Cómo recibió esta nueva forma de música la sociedad gallega?

–En Galicia, como en otras comunidades donde es importante el tema de la identidad a través del idioma, tuvo mucha importancia. Era un signo de identidad para Galicia. ¿Por qué es importante el desarrollo del orfeonismo? Porque participaron prácticamente todos los compositores y músicos de referencia gallegos. Desde Veiga, Montes, Chané, Soutullo… Compusieron música para ellos. De hecho, muchas de las obras más significativas de la música gallega partieron de estos orfeones, desde “Alborada gallega”, de Veiga a “Negra sombra”, de Montes o “Os teus ollos”, de Chané, hasta el himno gallego, que sale de un certamen de 1890, en A Coruña. No es hasta años más tarde que se establece como himno. En origen, fue compuesto para una sociedad de cantores amateurs. Al no ser profesionales, la sociedad la tomaba como propia, como identitaria.

–¿Qué parte de la sociedad participaba en estos coros?

–El orfeonismo nace como un modelo para dar una educación a la clase obrera, pero en Galicia, donde adquiere más importancia es en la clase media. El 70% de los orfeones están relacionados con sociedades burguesas de recreo, aunque se sabe que también hay orfeones obreros e, incluso, algunos con carácter político.

–¿Qué otras cuestiones relevantes deja el orfeonismo en esa etapa?

–Sobre todo, difundir la música gallega no solo aquí, sino fuera. Obras que luego se ponen de moda, como en zarzuelas, usan mucha música gallega inspirada en ella. Hay concursos en Madrid, en 1877, o en Barcelona, en 1878, a los que acuden corales gallegas y que incluso ganan y obtienen un éxito importante. En esta época, la música gallega era considerada de una zona alejada, con un carácter primitivo y remoto, que gustaba mucho en la sociedad urbana de la época.

–¿Cuáles fueron las más importantes en Vigo?

–Sin duda, tenemos a La Oliva. En esta primera etapa tuvo una importancia enorme. Era habitual que se crearan orfeones y, al poco, se deshicieran. Pero sabemos que la Oliva era un orfeón estandarte de la música en Vigo. Al durar mucho tiempo, funciona como identidad. Las siguientes generaciones van a intentar mantenerlo vivo. Desde el siglo XIX pasaron muchas cosas, una guerra, dictadura, república… Por eso es raro que aún se mantenga alguna, como El ECO en A Coruña.

Ramón Gil, Presidente de la Asociación Española de Coros MARTA G. BREA

Ramón Gil: "La gente tiene necesidad de cantar en grupo"

Presidente de la Asociación Española de Coros

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–¿Cuál es la situación de los coros?

–De gran dificultad. Muchos están sin ensayar, a punto de desaparecer, por la situación y la falta de muchos protocolos. Cuesta mucho hacer el trabajo coral de una manera adecuada. Se la ha tachado de actividad de alto riesgo y se ha generado mucho miedo en la comunidad coral. Afortunadamente, en los que estamos trabajando, con protocolos rigurosos, no se observa ningún tipo de riesgo ni brote. La gente va a querer seguir cantando y saldremos de esta más reforzados, sin ninguna duda.

–Los mayores tiene un peso importante en las corales y son un colectivo más vulnerable. Supongo que eso también da miedo.

–Sí. Es uno de los hándicaps que más miedo han dado. Durante la pandemia, a los mayores se les ha aislado sin darles alternativas. Uno de los coros que dirijo en Madrid es de mayores. Hicimos un protocolo muy riguroso; somos muy conscientes del problema. Lamentablemente, perdimos a una compañera. Si se les da una alternativa con un protocolo claro, se sienten más seguros que en el supermercado o la cafetería. Tenemos que darles también esa solución; lo necesitan para sentirse bien, socializar. Dejarlos de lado también es un problema.

–¿Cómo llevan cantar con mascarilla?

–Como el resto de la gente: no es cómodo, interfiere, pero es necesario. Los estudios que hablan de mayor generación de aerosoles al cantar, siempre concluyen que la mascarilla la reduce mucho, como la de un susurro.

–Lo importante es no perder el entrenamiento de la voz.

–Claro y no perder el grupo, el espíritu de cantar juntos. Hemos crecido en muchos recursos con herramientas , pero son apaños. Necesitas escuchar al compañero y poder vibrar juntos en el mismo espacio.

–¿Qué tal las actuaciones?

–Muchos coros profesionales y no profesionales están actuando sin problemas. El coro gospel en Cataluña, con muchos contagios en verano, no siguió un protocolo riguroso. Quitando ese, los conciertos están bien protocolizados, las distancias son amplias, se usa la mascarilla… Grandes orfeones no hay porque tampoco hay recintos que permitan esa separación. Ha jugado a favor los conciertos al aire libre.

–¿Temen que sean un porcentaje elevado las que desaparezcan?

–En la federación madrileña estiman que más de un 60% de sus coros no han vuelto a verse desde febrero. Mantener un coro es difícil por el compromiso de ensayar todas las semanas. Reconstruir esos grupos será difícil, pero la gente tiene necesidad de cantar en grupo. Cuando estábamos confinados y a las 8 cantaba “Resistiré” la vecina y luego seguían en el resto de balcones… Serán otros coros o, a lo mejor, los más fuertes los que sobrevivan.

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