El Servicio de Pediatría del Hospital Álvaro Cunqueiro ha finalizado una investigación sobre la implicación del COVID-19 en la población infantil en la que los especialistas han demostrado que la alteración del olfato es el síntoma más específico de esta infección en los niños.

Esta es una de las principales conclusiones de este novedoso estudio, que acaba de ser publicado en una prestigiosa revista de gran impacto internacional International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology.

Este trabajo, realizado en los primeros tres meses de la pandemia (marzo a mayo), es parte de una investigación más amplia sobre la incidencia del coronavirus en los niños, su clínica diferencial, su papel en el contagio intrafamiliar y la efectividad de las pruebas diagnósticas. Además del equipo de Pediatría, se contó con la colaboración del servicio de Microbiología y con la de la especialista en ORL del Complexo de Santiago, Isabel González Guijarro, quien diseñó el test olfativo.

Así, 126 pacientes participaron en el estudio, 33 de ellos con infección por COVID confirmada y con una edad media de 8,4 años.

En relación a la sintomatología en menores, el objetivo fue identificar los síntomas diferenciales entre la infección por COVID y otras infecciones virales y estacionales comunes en niños.

Según la jefa del servicio de Pediatría y autora principal de esta investigación, Ana Concheiro, “la novedad de nuestro trabajo es que hasta ahora no existían estudios comparativos en Pediatría de las características clínicas de la infección por COVID con otras enfermedades. Existían publicaciones que mostraron porcentajes de síntomas de pacientes con esta enfermedad, pero no trabajos comparativos de la especificidad de un determinado síntoma para la infección por COVID frente a la causada por otros virus; es decir, qué síntomas pueden o no ser más sugestivos de COVID ”.

La fiebre fue el síntoma más común y con mayor sensibilidad. Las diferencias encontradas fueron una mayor especificidad para la pérdida total del olfato -anosmia- (96,7%); disgeusia o alteración del gusto (93,4%) y cefalea (81,5%). También aparece algún tipo de lesión en la piel cuando asocia fiebre (82,6%). Otros síntomas como tos, disnea (dificultad para respirar), vómitos o diarrea no mostraron una alta especificidad para esta infección.

Como conclusión, se puede decir que el cuadro clínico es muy inespecífico, y aquellos síntomas más específicos son difíciles de detectar en niños más pequeños, explica el Sergas.

“Demostramos estadísticamente que los síntomas de la infección por COVID-19 son muy similares a los de otros virus; esto significa que en caso de fiebre, bronquitis, etc., es necesario descartar COVID mediante análisis microbiológico. La realización de la prueba de PCR o test de antígenos tendrá que implantarse de forma rutinaria en los protocolos habituales de atención general para niños con síntomas ”, explica Ana Concheiro.

Una vez se concluyó que la falta de olfato era un síntoma muy característico y poco estudiado en los niños, se decidió analizarlo con más detalle en este grupo de pacientes. A todos los niños infectados y no infectados se les realizó un test de olfato con kits individuales; es decir, se les presentaron olores familiares (menta, limón, jazmín...) que los niños traducían a su jerga. Así, por ejemplo, el anís era igual a las rosquillas; canela, arroz con leche, etc.

Los niños infectados demostraron tener alteraciones en el olfato alterado frente a otros no infectados; no reconocían los olores o los confundían. Sin embargo, solo el 15% de los enfermos admitió haber notado una alteración del olfato en la entrevista que se les realizó.

“Dado que lo más específico son las alteraciones del olfato en los menores, y como los niños no se dan cuenta de estos cambios o no saben expresarlo, sería de gran utilidad contar con pruebas objetivas, como esta test u otro similar, que evalúe el olfato para ayudarnos al diagnóstico precoz de este coronavirus en la población infantil”.

Desde el inicio de la pandemia, se ha redefinido el papel de los niños como vectores de contagio. En un principio se los consideró importantes vehículos de transmisión. Hoy se cuestiona su capacidad de propagación, especialmente en niños menores de 10 años. Por tanto, otra parte del estudio consistió en evidenciar cómo se contagiaban los menores en el período de pre-confinamiento y confinamiento, de marzo a mayo. La investigación mostró que la gran mayoría contrajo el virus en sus hogares (81,8%), contagiados por adultos de la familia, especialmente si sus padres trabajaban fuera del hogar (8,2%). En los centros educativos el contagio fue anecdótico.

“De todos los casos estudiados, solo una niña provocó el brote en su familia; en el resto de los niños siempre fueron ellos los contagiados por adultos de su unidad familiar. Estos datos coinciden con los publicados en la literatura y apoyan la teoría de que los niños no son supercontagiadores”, explica la doctora Concheiro.

En el período en el que se realizó el estudio, los menores de 15 años suponían el 2,2% del total de infectados del área sanitaria de Vigo (1.650 pacientes). El Sergas indica que en Galicia, las medidas de confinamiento poblacional se implementaron en un momento en que la tasa de transmisión comunitaria era relativamente baja. Así, la incidencia acumulada en la población pediátrica entre los meses de marzo y junio en los que estuvo vigente el estado de alarma fue menor que en otros territorios. Los estudios de seroprevalencia en el área estiman una tasa de contagio del 0,5% en menores de 15 años, siendo del 3% en España.

Además, en toda la pandemia, solo 7 niños necesitaron hospitalización y ninguno de ellos requirió ingreso en UCI. “Los niños infectados en nuestra zona eran menos graves que en otras ciudades, como Madrid; quizás porque se expusieron a una menor cantidad de virus, dado que estábamos no confinamos pronto y cuando aún registramos menos casos. No es lo mismo un niño que solo estuvo expuesto a su madre infectada en Vigo que uno que viajaba a diario en el metro de Madrid, con 200 personas sin máscarilla. Cuando propusimos esta teoría, hace meses, era novedosa y discutida, pero ahora ya hay evidencias que la respaldan. La conclusión para la población es que todas las medidas de protección adoptadas no solo nos protegen de contagiarnos, sino de contraer una forma grave de infección”.

Finalmente, en este estudio se detectaron algunos falsos negativos de la PCR. Esto obedece a que al ser los primeros casos se retrasó el tiempo para realizar la prueba, y cuando lo hicieron, los niños ya llevaban más de una semana de evolución de la enfermedad.

Esto sugiere que a partir de los 8-10 días de enfermarse, el contagio de los niños pequeños, que ya es de por sí bajo, disminuye aún más, y por lo tanto el resultado de la prueba de PCR es negativo a pesar de estar infectado. Sin embargo, la sensibilidad de la técnica (70,9%) se mantuvo en un rango predecible, lo que indica, por un lado, lo correcto de su análisis y, por otro, la calidad del proceso de recogida de muestras, que no siempre es fácil en niños tan pequeños.