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Rehabilitaciones y mejora de accesos dan vida a los edificios antiguos: el 95% pasa la inspección

Las ayudas en reformas o instalación de ascensores dotan de seguridad y habitabilidad a los bloques | Hasta 771 construcciones, pendientes de reparaciones | El Covid demora los informes al no poder reunirse las comunidades

Casco Vello de Vigo. / José Lores

Casco Vello de Vigo. / José Lores

La antigüedad de un edificio la marcaba, hasta ahora, su aspecto desgastado, su nula accesibilidad o el deterioro de sus interiores por las humedades o filtraciones. Pero ahora, poco más quedan que los papeles para conocer la edad del parque de viviendas de la ciudad. ¿La causa? El auge de las rehabilitaciones, reformas u obras de acondicionamiento ha insuflado vida a estos bloques, una segunda oportunidad que también se deja notar en las inspecciones técnicas. Al igual que los vehículos con la ITV, los inmuebles tienen que acreditar que su estructura, su eficiencia energética o sus condiciones de accesibilidad –ascensores, rampas, etc.– cumplen los requisitos. Y en 2020 el aprobado es casi general. De las 362 evaluaciones de edificios –IAE, anteriormente conocida como Inspección Técnica de Edificios (ITE)– realizadas este año a aquellas construcciones levantadas entre 1950 y 1959, solo 19 obtuvieron un resultado desfavorable.

Este dato rompe con la tendencia de ejercicios anteriores, donde era habitual que al menos el 25% de los edificios evaluados no superase esta IAE. “Se han sacado muchas ayudas tanto de accesibilidad como de exención de tasas para el pago de las obras, entonces hay muchas comunidades que ya están haciendo las obras con anterioridad, van proponiendo derramas y se anteponen a un informe desfavorable. También la mejora de fachadas, y por lo tanto de la eficiencia energética, se está volviendo muy habitual por las ayudas y fondos europeos. Están en marcha muchísimas rehabilitaciones”, explica el arquitecto Alberto Ubeira.

Otro experto, Andrés Luna, director de ITE Nova, aprecia que “al tratarse de edificios antiguos, en ellos suele vivir gente mayor, donde están mas sensibilizados en cuanto a obras de accesibilidad”. Precisamente, este pasado septiembre, el Concello aprobaba una ordenanza que permitía instalar ascensores en el exterior de los edificios siempre que no hubiese espacio en su interior.

Este 5% de edificios que no ha superado la inspección se suma a los 771 informes que Urbanismo tiene pendientes de subsanar las deficiencias, ya que pese a recibir su propietarios un informe desfavorable, no realizaron o no acreditaron la ejecución de la obras de reparación –o derribo– de dichos inmuebles. Por contra, en el último lustro fueron en 822 edificaciones donde sí se repararon las deficiencias. Otros 91 fueron declarados en ruina y por lo tanto se instó su derribo.

¿Y cuáles son, principalmente, estas deficiencias? Los arquitectos consultados explican que no todos tienen porqué afectar a la seguridad en vía pública. “Van desde el riesgo de desprendimientos, oxidación y corrosión de las barandillas, hasta temas de revestimiento de fachadas. También es habitual encontrar cubiertas en mal estado y que provoquen filtraciones. O incluso en los patios, también encontramos antiguos lavadores cuya estructura está en proceso de corrosión y pueden desprenderse. No siempre tienen que ser deficiencias que afecten a la vida pública, si no a los propios edificios”, esgrime Luna.

Y como el coronavirus no ha dejado títere con cabeza, también sus efectos se han dejado notar en estas inspecciones. “Al no poder realizar juntas de propietarios, las comunidades no aprobaron los presupuestos para las derramas o para estas inspecciones. Muchas nos han consultado si el Concello ampliará el plazo para presentar los informes IAE, porque concluye el 31 de diciembre”, argumenta el arquitecto Alberto Ubeira.

Por su parte, desde el COAG de Vigo apremian este auge de las rehabilitaciones con vistas a mejorar el parque actual de viviendas. “En la habitabilidad y calidad espacial es donde más hay que invertir, no hay que despreciar la obra nueva pero sí cuidar lo que ya está. La pandemia sacó a la luz características que antes no se valoraban. La nueva forma de vivir queremos adaptarla también a las viviendas”, explica su presidente, Manuel Martínez.

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