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Un museo de 700 botellas del mundo con sabor a cola

El vigués Francisco Soto colecciona piezas de la famosa bebida desde hace 20 años

Francisco Soto, en el espacio en el que expone su colección de botellas

Francisco Soto, en el espacio en el que expone su colección de botellas R. Grobas

El vigués Francisco Soto atesora una exposición de 700 botellas de Coca-Cola de más de 115 países y diversas épocas en su segunda residencia, en Meira (Moaña). En un viaje a Marruecos en el 2000, comenzó la segunda colección de su vida. En la primera, fue capaz de reunir hasta 250 jarras de whisky.

“La vi tan bonita que me la traje para casa. Pensé que sería buena idea conseguir más en otras lenguas”

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Un viaje a Marruecos en el año 2000 desató la pasión de Francisco Soto (Vigo, 1953) por el coleccionismo de botellas de la marca de bebida más famosa de todo el planeta: Coca-Cola. Se bebió una, se fijó en la etiqueta y descubrió que estaba escrita en dos idiomas: árabe y español. “La vi tan bonita que me la traje para casa. Pensé que sería buena idea conseguir más en otras lenguas”, comenta a FARO. Ahora, dos décadas después, ya atesora unas 700 –todas de cristal o de aluminio, “ni una de lata o de plástico”–. Las expone en las estanterías de madera de una sala habilitada en su segunda residencia, emplazada en Meira (Moaña), donde ha orquestado un museo con piezas de diversas épocas y de más de 115 países de Asia, África, América, Europa y Oceanía, como Indonesia, Israel, Japón, Kenia, China, India, Australia, Eslovaquia, Rumanía, Polonia, Suiza, Francia, Chile, Costa Rica, Estados Unidos, Uruguay, Alemania, Tanzania, Dinamarca o Etiopía.

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Francisco Soto, en el espacio en el que expone su colección de botellas R. Grobas

Amante de los viajes y autocaravanista confeso, aprovecha las escapadas con su mujer para meter en la maleta algún ejemplar para llevar a casa. Sus hijos y amigos, conocedores de su afición, contribuyen a ampliar la colección cuando se mueven al extranjero. En estas dos décadas, reconoce que la botella que más le costó encontrar fue la de Birmania, el año pasado: “Miraba en todos los restaurantes y bares de todas las ciudades por las que pasábamos, pero no conseguía localizarla. Entré en una tasca de un pueblo remoto al sur en la que, por suerte, había una nevera con cinco ejemplares de cristal. Compré los cinco. Me quedé supercontento. Le dije a mi mujer que me las iba a llevar a casa aunque tuviera que dejar la mitad del equipaje”. Y es que, como reconoce, es “muy complicado” dar con ellas “porque cada vez se fabrican más de plástico y de lata”. “Incluso pruebo en los anticuarios. Me vuelvo loco. Cuando viajamos, antes de visitar los monumentos, tenemos que buscar la Coca-Cola”, explica.

El ejemplar más antiguo data de 1954: el primero que se vendió en España

Prejubilado en 2012 después de 34 años como comercial, dedica el tiempo libre a cambiar la posición de las botellas, limpiarlas y ponerse en contacto con coleccionistas de todo el mundo para intercambiarlas con el objetivo de engordar el catálogo. “Formo parte de un grupo de Facebook en el que hay unas 250 personas. Hasta he ido a Oporto a intercambiar con coleccionistas. Me gustaría tener más de lugares de África, donde es más complicado lograrlas”, manifiesta.

Botellas conmemorativas de torneos de fútbol, como la Eurocopa.

Conoce a la perfección la posición de cada una en las estanterías. Para controlar el repertorio, echa mano de un inventario elaborado en su teléfono móvil en el que describe con detalle la época y el origen de cada pieza. En la galería de fotos, almacena cuatro instantáneas de cada botella –una por cada cara–. La más antigua data de 1954: la primera botella que se comercializó en España. “Es la original”, apostilla. Otras joyas son las piezas conmemorativas de torneos deportivos –Eurocopas, Mundiales y Juegos Olímpicos– y de fechas señaladas –ediciones especiales por el Xacobeo (de la Torre de Hércules, de la Muralla de Lugo o de la Catedral de Santiago), Navidad o San Valentín puestas a la venta en Turquía o en los Emiratos Árabes Unidos–. En esta lista, no se olvida del ejemplar del 125 aniversario que emitió Portugal. “Fabricaron una serie de tan solo 5.200 unidades para entregar a las autoridades y a grandes clientes. Yo la quería, me encantaba, entonces, decidí escribirle una carta a Coca-Cola Portugal para preguntar si había posibilidad de que me mandara una o ir yo a buscarla. Me contestó y me la envió a gastos pagados. Actualmente, esa botella se paga a 250 euros, no la tiene casi nadie, la gente está loca por ella. Estoy muy orgulloso de tenerla en la colección”, anota, a la vez que subraya que las mejores botellas son las que se fabricaron entre los años 1994 y 1997. “El anagrama se serigrafiaba, no se utilizaba papel”, argumenta.

Chapas metálicas originales que sirven para decorar la exposición.

Chapas metálicas originales

“No soy consumidor habitual, me gusta más la Estrella Galicia”

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Para que la exposición no fuera “tan fría”, Francisco Soto añadió más elementos de la marca de bebida de cola en la habitación, como cajas y chapas metálicas de diferentes partes del mundo, letreros luminosos y hasta una mesa con sillas. El espacio, además de ser el rincón de la colección, ejerce de sala de estar. “Veo los partidos con los amigos; mis hijos vienen con sus colegas y toman algo. Hay nevera, microondas, cafetera y aseo, pero todavía tengo hueco para más botellas, hay estanterías vacías”, destaca antes de desvelar que prefiere la Coca-Cola Zero que la normal. “No soy consumidor habitual, me gusta más la Estrella Galicia”, bromea.

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