Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Cafés y bares apuestan por el “take away” para sobrevivir

Vigueses forman colas para conseguir sus tentempiés a media mañana | Los restaurantes potencian el servicio a domicilio

Luis Pérez y Jorge Francisco Costas, ayer, en Porta do Sol

Luis Pérez y Jorge Francisco Costas, ayer, en Porta do Sol B.M.

De pie. Caminando. Sentados en las escaleras del Teatro Afundación o en bancos. En la oficina. Incluso utilizando como mesa el alféizar de las ventanas de los establecimientos. Los vigueses se las ingenian de mil y una formas para seguir disfrutando de los cafés con leche, descafeinados, manchados y cortados de media mañana, que, ahora, los cogen para llevar. Y es que el cerrojazo de la hostelería ha obligado a bares, restaurantes y cafeterías a potenciar el take away y ha animado a los clientes a cambiar sus rutinas, movidos tanto por la costumbre como por su afán de echar una mano al sector. Las colas a las puertas de los negocios durante una buena parte de la mañana de ayer sirvieron para describir este atípico panorama causado por una restricción que, al menos, permanecerá hasta el próximo 4 de diciembre.

Loly Espiñeira, gerente de la cafetería Al Alba B.M.

“Han venido nuevos clientes y recibimos más propinas. Es emocionante”

Loly Espiñeira - Gerente de la cafetería Al Alba

decoration

A Loly Espiñeira, gerente de la cafetería Al Alba, en Porta do Sol, le sorprendió gratamente la reacción de los viandantes en su primer día ofreciendo productos para llevar. “Estoy muy contenta. Mucha gente viene no solo porque le apetece un café o bollería, sino también para ayudarnos en estos momentos tan complicados”, reconocía pasadas las 12.30 horas. “Decidí abrir para probar cómo funciona el take away y si los ingresos compensan el esfuerzo. Estoy yo sola, he tenido que mandar al ERTE a las dos empleadas y ajustar el horario: de 8.00 a 13.00 horas y de 17.00 a 19.00”, señalaba antes de comentar las buenas noticias. “Dan más propina que antes. Y hay nuevos clientes. Es emocionante. Venía muy desilusionada, con muy pocas ganas, pero da gusto, no me esperaba esto”, verbalizaba.

Alberto Álvarez, dueño de la cafetería Filipo B.M.

“Los ingresos no son iguales, pero prefiero abrir para dar servicio”

Alberto Álvarez - Propietario de la cafetería Filipo

decoration

En Rosalía de Castro, una de las pocas cafeterías que sigue abierta es Filipo. Su dueño, Alberto Álvarez, destacaba ayer la solidaridad de los vigueses en los primeros días del cerrojazo: “Al ver que lo estamos pasando mal, nos echan una mano”. Optó por el servicio para llevar desde el pasado sábado. “Los ingresos no son los mismos que si pudiéramos servir en el local, pero prefiero abrir para responder a la demanda de la gente y mantener a las dos empleadas; no dará para cubrir la totalidad de los gastos, pero ayudará”, señala. Entre lo que más vende, están el chocolate con churros –el fin de semana– y el café –por la semana–. Al igual que Al Alba, ha decidido cerrar a la hora de comer: de 8.00 a 13.00 y de 16.00 a 19.00 horas. “Probaremos así esta semana, la idea es abrir todos los días”, citaba.

Eduardo Rodríguez, encargado de la Cafeteca Vigo B.M .

“Hay clientes que se llevan un café para ayudar al sector en esta crisis”

Eduardo Rguez. - Encargado de la Cafeteca Vigo

decoration

En la acera de enfrente, La Cafeteca Vigo también ofrece el servicio take away para cafés, bocadillos, hamburguesas y menús del día. Uno de sus encargados, Eduardo Rodríguez, apuntaba ayer que los clientes estaban mostrando “muchísima solidaridad”. “Empezamos a ver un montón de caras nuevas. Los viandantes pasan por delante del local y, al ver que estamos trabajando, se paran y nos piden un cortado o un café con leche, lo que sea. Son conscientes de que las restricciones generarán pérdidas considerables en un sector tan importante en la ciudad como la hostelería”, aseveraba, a la vez que dejaba claro que este servicio para llevar no generará grandes ingresos, pero permitirá que las cuentas no sufran tanto durante el mes del cerrojazo. “Los vigueses se acostumbrarán. Ya ha venido gente que trabaja en oficinas a por cafés, se lo agradecemos”, indicaba antes de anotar que, por las tardes, funciona mejor el reparto a domicilio de comida. Lo comprobó el pasado fin de semana: “No son los volúmenes de antes, pero contribuye a tener actividad. El jefe ha optado por mantenerme a mí y a los demás compañeros. Si no poder atender a los clientes en el local hace que se recupere antes la normalidad, estamos dispuestos a asumirlo. Confiamos en que esta situación va a ser circunstancial”.

Cristina González, gerente del café-bar Pura Vida B.M.

“Será un mes complicado, pero no pierdo la esperanza por ahora”

Cristina Glez. - Gerente del café-bar Pura Vida

decoration

Idéntico panorama describía en el primer lunes del cerrojazo Cristina González, gerente del café-bar Pura Vida, en la calle República Argentina. “Por ahora, solo hemos vendido cafés, pero la jornada está yendo mejor de lo que me esperaba; veo que la gente se está adaptando a esta nueva realidad”, confesaba minutos después de las 12.00 horas. Esta semana servirá de termómetro para ver si le compensa abrir: ha reducido el horario –cierra a primera hora de la tarde– y ofrece menús del día “sanos” para los empleados de las oficinas. “A ver qué pasa. La esperanza es lo último que se pierde”, manifestaba tras destacar que será un mes “complicado”. “Hay clientes que fueron muy irresponsables cuando podíamos servir en el local, tuvimos que llamar mucho la atención porque no se subían la mascarilla o se juntaban demasiado. Espero que, ahora, se den cuenta de que, si no ponemos todos de nuestra parte, muchos negocios tendrán que bajar la persiana”, añadía.

Antonio Rodríguez, gerente del restaurante Cambalache B.M.

“Seguiremos con el servicio a domicilio; la gente está acostumbrada”

Antonio Rguez. - Dueño del restaurante Cambalache

decoration

La coyuntura de los restaurantes es similar a la de las cafeterías y bares de la urbe. La diferencia: apuestan con más fuerza por el servicio a domicilio. Es el caso de Cambalache, ubicado en García Barbón. Su gerente, Antonio Rodríguez, contaba ayer minutos antes de las 13.00 horas que su negocio “nunca ha cerrado” durante la pandemia. Tampoco lo hará ahora. “La gente está acostumbrada a pedir a casa. El fin de semana fue bastante bien. No sé si abrir de este modo permitirá cubrir los gastos, pero prefiero seguir dando servicio a los clientes”, concretaba. Por ello, mantiene con las mismas condiciones a los repartidores, pero no a los camareros ni cocineros: los primeros se han acogido al ERTE, así como la mitad de los segundos.

Héctor Barcala, del restaurante Porto Santo B.M.

"Nosotros lo hacemos por los trabajadores, para dar respuesta a su necesidad"

Héctor Barcala - Restaurante Porto Santo

decoration

Para reforzar la oferta, han apostado por la venta de cafés. “Al estar en el centro, con oficinas cerca, los trabajadores vienen y se los llevan. Tienen el mono. Nosotros lo hacemos por ellos, para dar respuesta a su necesidad. Este mes, hay que aguantar así. Hay que estar”, apuntaba Rodríguez. Una radiografía parecida dibujaba Héctor Barcala, del restaurante Porto Santo, con sede a unos metros de Cambalache y en la calle Cuba. En el primer caso, han centrado los esfuerzos en adaptar la carta de comidas para llevar: incluye croquetas, bastones de pollo, ensaladas o sándwiches con marca de la casa; en el segundo, en servir a domicilio. “Entre los dos locales, sumábamos 16 trabajadores; ahora, seis. Hemos tenido que aplicar ERTE por esta situación”, apostillaba.

“Hay muchísima solidaridad por parte de los clientes, nos comprenden”

8

Cafés y bares apuestan por el "take away" para sobrevivir J. Lores

Los obreros se abonan al táper y al menú para llevar

El cerrojazo de la hostelería obliga a los obreros a retomar las costumbres a las que se habían adaptado durante la peor parte de la pandemia: llevar la comida en un táper o pedir un menú en algún restaurante para comer en el entorno de la obra. Es el caso de los operarios que se emplean en la peatonalización de Porta do Sol. El encargado, Luis Pérez, vive en Santa María de Oia, por lo que no va a casa al acabar el turno matutino. Aseguraba ayer a falta de unos minutos para las 13.00 horas que opta por encargar el menú del restaurante A do Chicho, en Teis, elección compartida por varios compañeros. Uno de ellos acude a recoger los platos, que los comen en una oficina de la constructora. Otros, como Jorge Francisco Costas, preparan una fiambrera el día anterior. Mismas soluciones han adoptado los trabajadores de Ronda de don Bosco, que usan las furgonetas como comedores.

Luis Pérez y Jorge Francisco Costas, ayer, en Porta do Sol B.M.

Compartir el artículo

stats