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Hosteleros ya optan por abrir tan solo de jueves a domingo por la falta de clientela

El toque de queda es la “puntilla” para el sector | Algunos cierran todas las tardes

David Couñago, del restaurante MalaSangre Food & Club, que se reinventará para sortear el bache. |   // FOTOS: MARTA G. BREA

David Couñago, del restaurante MalaSangre Food & Club, que se reinventará para sortear el bache. | // FOTOS: MARTA G. BREA

Ana Rodal, ayer, cerrando su bocatería (Mr. Bread) pasadas las 16.30 horas.

La pandemia del Covid-19 se está cebando con la hostelería. Y mucho. La falta de clientes ya obliga a bares y restaurantes a modificar su horario y optar por abrir tan solo de jueves a domingo. Lo explican tres factores: el miedo a contagiarse, la imposibilidad de continuar la actividad en los locales más allá de las 23.00 horas por el toque de queda y la coyuntura de inestabilidad económica. Confirman este nuevo escenario el presidente de la Federación Provincial de Hostelería, César Sánchez-Ballesteros, y el de la Asociación de Comerciantes y Hosteleros Zona Náutico, Rubén Pérez, que dibujan un escenario aciago para un gremio que está sumamente tocado, pero lucha para no hundirse.

Gustavo Trezado le pone rostro a esta situación. Regenta el restaurante O Portón, en la calle de las Ostras. Ha decidido no levantar la persiana de lunes a miércoles porque no le compensa. “No viene gente. Si antes te ibas con unos 1.500 euros por noche, ahora, con suerte, llegas a 100”, lamenta. Y es que el toque de queda es la “puntilla” para su negocio: “No merece la pena abrir. De noche, solo podría estar hasta las 10 y pico; los clientes solían reservar para más tarde. De hecho, el domingo solo servimos a mediodía”. Reconoce que este bache le está “desanimando” tras décadas en el sector: “No ves a casi nadie por la calle. Esto se murió, da pena. ¿Quién va a venir a cenar si a las 11 hay que estar en casa?”, apunta.

La caída de ingresos le ha obligado a reducir la jornada de sus tres empleados a la mitad. “Aguanto así porque son fijos discontinuos”, añade antes de destacar que el panorama es negro: “Ni recibimos llamadas para reservas de Navidad”.

Marcelo Tosa, propietario del bar Varadero, en Montero Ríos, vive un episodio similar. Tan solo abre su negocio de jueves a domingo. “Estamos fastidiados. No se pueden anunciar restricciones sin comprometer ayudas. Este año está siendo catastrófico”, denuncia, a la vez que muestra su pesimismo. “No espero que venga mucha gente, lo contrario sería una sorpresa. A ver qué pasa hasta el 9 de noviembre –fecha en la que la Xunta deberá decidir si prolonga el toque de queda–. Ya he tenido que reducir la jornada de los empleados tras llegar a un acuerdo. Si la cosa no mejora, valoraré si vuelvo a recurrir a los ERTE”, zanja.

Otra alternativa que han considerado algunos hosteleros –en torno a un 60%– es abrir solo a mediodía durante toda la semana. Es el caso de Ana Rodal, de la bocatería Mr. Bread, en Taboada Leal. Inauguró el local en junio. “Éramos cuatro trabajadores; ahora, dos, y espero no quedarme sola. Cerraría el negocio, pero empecé hace poco y tengo que pagarlo. Es un momento horrible”, anota.

“Nos reinventaremos”

Reinventarse para sobrevivir. Es la receta que aplicará el restaurante MalaSangre Food & Club, en República Argentina. Abrirá a las 11.00 horas con una nueva carta en la que incluirá, además del menú del día, brunchs –platos que se toman a media mañana en sustitución del desayuno y de la comida– y cenas “desde las 19.00 o 19.30 horas”.

Zona Náutico no renuncia a la Navidad: pista de hielo de 800 metros cuadrados y árbol

Una pista de hielo descubierta de 800 metros cuadrados con un árbol de Navidad artificial de 8 metros que emerge desde el punto central del rectángulo. Es el elemento estrella que la Asociación de Comerciantes y Hosteleros Zona Náutico prepara para las próximas fechas navideñas en la ciudad olívica. Su ubicación sería la explanada situada por encima del parquin robotizado de A Laxe. Para que pueda ser una realidad, el Concello, que ya conoce la idea, debe otorgar el permiso. Este atractivo cuenta con un protocolo anti-Covid-19 que contempla un aforo del 50%, distancias interpersonales entre los asistentes en la cola, gel hidroalcohólico a su disposición, mascarilla obligatoria y un felpudo para desinfectar la suela del calzado. A mayores, los patines se deben utilizar con una bolsa de plástico y se higienizan con ozono después de cada uso. Se prevé que empiece a funcionar el fin de semana del encendido de las luces: a finales de noviembre. A diferencia de las anteriores pistas de hielo instaladas en la zona, se accede al recinto cruzando un castillo de hielo con motivos navideños. De lograr la bendición del gobierno local, se habilitaría a unos metros un puesto de hostelería para que los vigueses y visitantes puedan disfrutar de un café, chocolate con churros, refrescos, perritos calientes o hamburguesas. Y, en función de la evolución de la pandemia, podrían instalarse en el entorno dos atracciones para los pequeños: una mininoria y camas elásticas para saltar sobre ellas con la ayuda de un arnés. Lo que no se ofrecerá este año será la rampa de esquí.

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