La expansión del nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2, continúa su senda ascendente. El área sanitaria sumó el sábado 122 nuevos positivos de Covid-19, solo cuatro menos que el día anterior, el mayor pico de esta segunda ola. El número de pacientes en fase activa de la enfermedad alcanza los 1.186. Más de la mitad de ellos –en concreto, 663– se detectaron a lo largo de la última semana. Son casi el triple de nuevos diagnósticos que en la segunda semana del mes de octubre –243–, cuando se produjo el punto de inflexión en la curva –el 8 de octubre– y retomó su trayectoria ascendente. Y quintuplican los de solo una semana antes, la primera del mes –126–.

La alta incidencia se propaga por los municipios del área. Desde que la Consellería de Sanidade publica el mapa de situación por municipios –comenzó el 9 de octubre–, ayer fue el día con más municipios en nivel rojo. Sumaban seis al regresar O Porriño a esta situación, en la que Cangas lleva ocho días, Salvaterra y Tui, cinco, y Vigo y Redondela, dos. Estos municipios reúnen a casi 376.000 habitantes, más del 66% de todo el área sanitaria.

Desde el inicio de la pandemia ya van 4.870 personas con contagios por Covid-19 confirmados en el área sanitaria. Son uno de cada 116 habitantes.

El objetivo que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha fijado para toda España es bajar la incidencia acumulada –los nuevos diagnósticos– en las dos últimas semanas por debajo de los 25 casos por cada cien mil habitantes. El área de Vigo estaba ayer en 186 . Según el semáforo establecido por el Ministerio de Sanidad, esto representa un “riesgo alto” –establecido entre 150 y 250, a partir del cual es “extremo”–. La ciudad de Vigo, el jueves, estaba en 175, por debajo de la media de la comunidad –185– y lejos de otras ciudades gallegas, como Ourense –303– y Santiago de Compostela –392–.

Pero el semáforo pactado por el Ministerio de Sanidade con las comunidades autónomas en el último consejo interterritorial no solo se fija en este parámetro. Tiene en cuenta ocho principales, divididos en dos bloques. En el primero, de evaluación del nivel de transmisión, también evalúa la incidencia acumulada, en la que el área mantiene el “riesgo alto”, con 117 casos por cada cien mil habitantes, pero la ciudad de Vigo aguantaba el jueves en el medio, con 95.

Otro de los indicadores es la cantidad de pruebas PCR realizadas en la última semana que arrojan resultados positivos. Un porcentaje bajo indica que la capacidad de rastreo va por delante de la expansión del virus. Al contrario, quiere decir que el sistema no tiene controlados los brotes. El área está en un 7,5%, lo que supone un “riesgo medio” –de 7% a 10%– en este semáforo.

La mejor posición la mantiene en el segundo bloque, en el de la capacidad asistencial. El sábado había 59 ingresados en la red de hospitales vigueses. Son el doble que hace diez días. Aún así, según el semáforo del Ministerio de Sanidad, el área estaría en “riesgo bajo” ya que los 31 que están en planta del Álvaro Cunqueiro superan por poco el 2% de las camas instaladas en el Chuvi; los 16 de Povisa ocupan alrededor de su medio millar de puestos convencionales; y los 5 de Vithas Fátima, el 3,5% de sus 141. En el mismo nivel se encuentran la UCI del complejo de Beade, con seis pacientes con Covid-19 y mejor están las del centro de la calle Salamanca, con solo uno, y del de Vía Norte, con ninguno.

“No hay tanto estrés en UCI como en la primera ola, pero seguimos con mucho respeto”

Afortunadamente, los pacientes con Covid-19 que han requerido cuidados críticos en el Hospital Álvaro Cunqueiro desde el inicio de la pandemia no han sido demasiados, en comparación a otras regiones. En total, la Unidad de Cuidados Intensivos atendió a 56 pacientes. A lo largo de la primera ola, hasta el mes de julio, atendieron a 41 personas infectadas por el nuevo coronavirus. Entonces, se enfrentaban a al “totalmente desconocido” y no tenían literatura científica ni demasiada experiencia en otros puntos geográficos para contrastar e informarse. Todo el mundo estaba aprendiendo a la vez. De estos 41 pacientes, fallecieron 6, lo que supone un 14%. Un porcentaje inferior a la media española. Por el momento, en la segunda ola, han pasado por sus camas 15 pacientes y ha perecido uno. Es decir, la mortalidad se ha reducido a la mitad, hasta el 7%. La intensivista Mélida García advierte de que son números que hay que utilizar con cautela ya que la muestra, por suerte, no es lo suficientemente amplia. “Nunca fue alta y, ahora, menos”, subraya. A pesar de ello, sí se puede constatar avance en la atención de estos pacientes al conocerse más sobre esta infección. “La enfermedad afecta a todo el organismo, sobre todo, en los paciente graves, que son los que nos llegan a nosotros. No hay tratamiento para todo, pero algunas cuestiones las podemos tratar con mayor seguridad. Estamos más entrenados”, explica la doctora. Detalla que, por ejemplo, ahora están “más atentos a complicaciones cardiovasculares por el riesgo de trombosis, sobre todo, la pulmonar”. También a la superposición de diferentes infecciones, a la que son más propensos por tratarse de pacientes graves, “instrumentalizados” –con vías y conexiones a diferentes aparatos– y que tienen “una respuesta inmune exagerada”. “Hay varios frentes de complicaciones que buscamos prevenir”, resume la ucista. Acabaron la semana con seis pacientes en la unidad y la impresión que tienen sobre su evolución no es mala. “No hay tanto estrés como en la primera ola, pero seguimos teniéndole mucho respeto”, describe la doctora García. Aunque indican que, por ahora, no se pueden quejar, saben que “lo previsible es que la situación vaya a peor”. “Tal y como están subiendo los números, estamos muy preocupados”, subrayan y se dirigen a la población para recordar que “es trabajo de todos intentar controlarlo”. “Si no respetamos las restricciones impuestas, vamos a tener consecuencias más serias”, advierten y subrayan que los tres pilares fundamentales con los que todo el mundo puede contribuir son el uso correcto de la mascarilla, el lavado frecuente de manos y el mantenimiento de la distancia social.