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Los estudiantes prescinden en masa de las academias y los ingresos caen hasta un 70%

Apuntan al “miedo” a que los menores se contagien a la mala situación económica y al retraso en el inicio de los IES | Esperan recuperar parte del alumnado tras la Navidad

Profesora y alumnado de la Academia Salgado. |   // RICARDO GROBAS

Profesora y alumnado de la Academia Salgado. | // RICARDO GROBAS

Las academias de Primaria, ESO y Bachillerato de la ciudad no han empezado el curso con buen pie. Y es que el miedo al contagio en los espacios cerrados y la crisis derivada de la pandemia han hecho más profunda una herida ya abierta en marzo, con la entrada del estado de alarma. A pesar de adaptar las aulas y los mecanismos para blindarse contra el virus, la coyuntura dibujada por el patógeno tanto en el apartado sanitario como económico ha empujado a muchas familias a prescindir de la enseñanza fuera de los colegios e institutos, por lo que las facturaciones de los negocios han caído en picado: hasta un 70% y un gran número pende de un hilo.

Es el caso de la Academia Vivar. Su gerente, María Begoña Villar, confirma que la facturación de este mes es un 50% más baja que la de un octubre anterior a la pandemia. Apunta que el “miedo al contagio” le ha hecho mucho daño, así como la “incertidumbre” de las familias, que “no saben si se seguirán permitiendo las clases presenciales”. “Este mes está siendo flojísimo, pero es que septiembre fue incluso peor; si la situación no mejora, acabaremos cerrando. Estamos casi en la ruina”, lamenta.

José Antonio Pazó, de la Academia Pazó, cifra la reducción de los ingresos en un 40% y destaca que les ha perjudicado que el inicio escolar de ESO y de Bachillerato se hubiera retrasado, así como el mal verano que han tenido que soportar. “Aprobó todo el mundo, fue un escándalo, por lo que los padres se confiaron. Pensaba que vendrían más alumnos por haber dado las materias a distancia, sin tanta atención, pero no ha sido así”, zanja.

Desde la Academia Salgado, muestran una radiografía similar. Destacan que, al haber empezado el curso más tarde en los institutos, los jóvenes tardan más en llegar a la parte complicada de las asignaturas, lo que retrasa la demanda de ayuda extraescolar. Su facturación se ha reducido un 40%. “La gente está con miedo a contagiarse y las economías familiares no van bien. Tal y como está todo, las academias tenemos las horas contadas; si siguen subiendo los contagios, tendremos que cerrar, y eso que las medidas que aplicamos son todas las que podemos para garantizar la seguridad: mascarillas, gel hidroalcohólico, ventilación, distancias, incluso miramos la temperatura de los estudiantes antes de entrar y limitamos su movilidad por la academia”, explica.

Isabel Merchán, gerente del Centro de estudios Pi, resume su situación con un adjetivo: “fatal”. Su facturación ha bajado sobre un 70%. Antes de la pandemia, contaba con 30 alumnos; ahora, solo suma ocho. “Antes, éramos cuatro profesores; ahora, solo estoy yo y, con suerte, me saco 400 euros al mes para llevarme a casa. La gente tiene miedo a contagiarse y la situación económica está comprometida; estamos esperando un milagro”, destaca. La segunda evaluación, después de la Navidad, es su pequeña esperanza: “Una vez lleguen los suspensos, a ver si hay más demanda”. Con las cuentas tiritando, denuncia el trato de las instituciones a los autónomos: “Tengo 56 años y la mayor parte de mi vida he sido autónoma y, en estos momentos, estoy desamparada. Mis familiares, que trabajan en el campo en Extremadura, viven mejor. Toda mi vida luchando y resulta que, si te vienen mal dadas, tienes que recurrir a la beneficencia”.

Rocío Sánchez es encargada y única profesora de la Academia Laumon. Sus ingresos son un 40% más bajos que antes de la pandemia del Covid. Apunta que, además del temor a contagiarse, un factor fundamental que perjudica al sector es la situación económica de las familias: “Hay mucha más gente sin trabajo o en ERTE, ya sean de toda la jornada o parciales”. Deposita su esperanza en el mes de enero. “Es el margen que me doy, mi idea es sobrevivir hasta comienzos del año que viene. Normalmente, al volver de las vacaciones de Navidad, solemos tener un repunte de matriculaciones al conocerse los primeros suspensos tras la primera evaluación. A ver si ocurre en este curso”, cita.

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