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Fenómeno okupa en Galicia

“Somos okupas porque no tenemos nada”

Inquilinos de construcciones abandonadas narran sus sobrecogedoras historias: sin trabajo desde hace años, pidiendo en la calle y sin dinero para pagarse una habitación

José Bruno, uno de los okupas del inmueble 190 de la calle Ramón Nieto

José Bruno, uno de los okupas del inmueble 190 de la calle Ramón Nieto

El fenómeno okupa, tan en auge en los últimos tiempos, abarca a personas de todo tipo. Desde inquilinos que son completamente utilizados por mafias para extorsionar a los propietarios y sacar tajada económica, hasta gente que lo ha perdido todo, que tiene cerrado el acceso al mercado laboral, no tiene recursos de ningún tipo más allá de lo que saquen de la caridad de la sociedad y que se buscan un techo en el que cobijarse. En Vigo, con más de cuarenta inmuebles okupados, y creciendo, se producen tanto la primera como la segunda situación. FARO intentó hablar sin éxito con okupas manejados por las mafias pero, en cambio, los que están viviendo en una casa gratis “por necesidad” no tienen ningún problema en contar su historia personal, que en muchas ocasiones sobrecoge. En el 190 de la calle Ramón Nieto, una vivienda con importantes signos de abandono, viven cinco okupas: dos portugueses, un americano y un español. Uno de los ciudadanos lusos que allí reside es José Bruno, que lleva viviendo ahí cinco años. “Todos somos amigos, nos conocimos en la calle y ahora estamos muy unidos. Somos okupas porque no tenemos nada”, asegura tras llegar a casa después de estar toda la mañana pidiendo en la calle peatonal del Calvario.

“Los inviernos son muy duros para nosotros, nos entra lluvia por todos lados”

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Su caso es paradigmático. Trabajaba en una fábrica en Portugal y vino para España buscando un futuro mejor. Tras encadenar varios trabajos precarios en Logroño, llegó a Vigo, donde tampoco tuvo suerte, y estuvo durmiendo un tiempo en el Barrio do Cura. Ahora, a sus 39 años, está en esa casa abandonada de Ramón Nieto, donde las condiciones sociosanitarias son muy reducidas, especialmente en una situación de pandemia como la actual. “Tenemos gel hidroalcohólico y todos usamos mascarilla”, defiende Bruno. No obstante, reconoce que los inviernos “son muy duros”, ya que no tienen electricidad ni ninguna forma de calentarse y siempre pasan mucho frío. Además, el estado semirruinoso de la casa provoca que cuando llueve la vivienda se llene de agua y los okupas tengan que dormir mientras les llueve, literalmente, encima. José Bruno solo tiene dos hermanas en Portugal, con las que no tiene ninguna relación, y ha pasado por los distintos servicios de empleo disponibles sin suerte. No tiene formación ni estudios, pero asegura que podría trabajar en una fábrica como operario. Pero desde que llegó a España no logró un empleo, lo que lo abocó desde un inicio a pedir en la calle. Todos sus compañeros lo hacen, y con el dinero que van sacando a diario compran comida y la comparten entre todos. “Somos como una familia”, asegura. La situación de este inmueble es paradójica, porque José Bruno vive en el piso de arriba con otros tres okupas, pero es que en la planta inferior también hay inquilinos que viven gratis, en este caso rumanos, y con los que no tienen relación alguna.

“Los que vivimos aquí somos amigos, somos compañeros que pedimos en la calle”

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José Bruno y sus compañeros, según los vecinos, “no causan problemas”. “Llevan años ahí y nunca ha pasado nada. El propietario vino hace tiempo y se dio cuenta de lo que estaba pasando, pero no sabe qué hacer”, asegura la camarera de un bar ubicado justo frente a la casa okupa de Ramón Nieto. “No tengo queja de ningún vecino, siempre nos hemos llevado bien”, asegura este okupa portugués.

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En un inmueble de la calle Padre Feijóo vive un okupa al que sus vecinos llaman “El Mudo”, porque tras sufrir un accidente laboral hace años tiene dificultades para hablar y perdió prácticamente la totalidad de la capacidad de oír. María, la mujer que regenta un kiosco justo frente a esta propiedad, asegura que “El Mudo” recibe una prestación mensual por su accidente de 1.300 euros mensuales “pero al día cinco de mes ya no le queda nada porque se lo ha gastado todo en drogas”. “Por eso lleva viviendo aquí diez años, porque todo lo que tiene lo gasta en esas substancias. Es más, en esa casa suele haber un importante trasiego de gente, por lo que todos los que frecuentamos esta zona intuimos que los trapicheos son constantes”. La entrada de la casa es insalubre: preservativos por el suelo, maleza sin cortar desde hace años y todo tipo de residuos en el suelo. En su interior, además, se acumula una importante cantidad de basura. Otro de los okupas que allí viven, junto a El Mudo, y que no quiere revelar su nombre ni su rostro para que su familia no se percate de su situación, lleva casi dos años viviendo en ese inmueble abandonado de la calle Padre Feijóo.

Inmueble y solar donde viven los okupas Marta G. Brea

Estoy en la calle desde hace diez años, antes me dedicaba a la mensajería y al reparto, pero me quedé sin trabajo. Ahora pido y con lo que me dan me compro comida

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“No tenemos agua ni luz, no quiero por nada del mundo que mi familia sepa que llevo tanto tiempo viviendo así. Desde hace diez años no pude volver a conseguir trabajo y ahora no puedo salir de esta situación”, lamenta. Apunta que la relación con los vecinos de la zona no es problemática.

Inmueble con okupas que será derribado en la calle Padre Feijóo Marta G. Brea

El dueño de un inmueble ofrece dinero a los intrusos para que se vayan y poder derribarlo

¿Y qué sucede con los propietarios de los inmuebles okupados? Pues hay casos de todo tipo. Desde los que han puesto una reclamación judicial y están a la espera de que el juez resuelva llevar a cabo el desahucio pertinente, hasta los que aceptan resignados la situación, especialmente en aquellas casas que están en un importante estado de deterioro y cuya reforma costaría centenares de miles de euros.

Luego hay casos curiosos. Como el mencionado de la calle Padre Feijóo, donde vive “El Mudo” junto a otros okupas. Sobre esta casa hay ya emitida una orden de derribo, que se espera que se haga de forma casi inminente. Por ello hace escasos días el hermano del dueño de la casa se acercó a hablar con los okupas. Parece ser que tienen una buena relación. “Dijo que nos iban a ofrecer una cantidad de dinero antes de que derribaran el inmueble para que no nos quedásemos sin nada y pudiésemos salir adelante”, afirma uno de los okupas que viven allí. Apuntan que nunca tuvieron ningún problema con los propietarios, y que éstos siempre han sido conscientes de lo que estaba pasando con su inmueble. Pese a que el estado de la entrada y del interior es calamitoso, los okupas aseguran que cada uno tiene un colchón para dormir y que intentan llevar el día a día lo mejor que puedan.

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