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La mascarilla asfixia a los gimnasios de Vigo

Los negocios registran un descenso de socios de más del 30%

Usuarios ayer del Máis que Auga de Barreiro. // José Lores

2020 se ha convertido por obra y gracia del Covid-19 en una especie de montaña rusa para el gimnasio Simón, en Urzáiz, uno de los más conocidos de Vigo. En junio retomaron la actividad tras el estado de alarma con cerca del 20 o 30% de sus socios, en julio vieron cómo la afluencia se animaba y tras un agosto con un buen saldo de altas la curva volvió a descender en septiembre. Ahora, en octubre, no llegan ni a la mitad de la actividad que tenían en 2019. No es un caso aislado. Francisco Cortegoso, director de operaciones de Máis que Auga y secretario de la Asociación de Empresas Gestoras de Instalaciones Deportivas de Galicia (Aexidega), explica que en líneas generales los negocios están trabajando con entre un 30 y 45% menos de abonados que hace un año. En el caso de los tres centros Máis que Auga -el de Barreiro, Navia y Coia- se ha pasado de los cerca de 18.000 socios de 2019 a los 12.000 actuales. En algunos gimnasios de Vigo apuntan caídas incluso más pronunciadas, con apenas el 40% de actividad que manejaban hace doce meses.

El desplome se explica por tres claves. Hay miedo a los contagios, también un factor económico -la crisis sanitaria ha devenido en crisis económica en muchos hogares del país- y, de forma especial, un impacto negativo de las medidas adoptadas por las autoridades para evitar la expansión del virus. "El sector ha sido proactivo y hemos hecho los deberes, pero el porcentaje de bajas ha ido aumentando. La mascarilla ha sido la puntilla", comenta Cortegoso. Simón González -de Simón- señala que hay usuarios que no acuden al gimnasio ante la perspectiva de tener que entrenar con la boca y la nariz cubiertos por una mascarilla.

Desde Kiap, Alfonso Guedella comparte que en algunas de las actividades que ofrece el centro la afluencia ha bajado a la mitad, descenso que se agrava en el caso de la sala de máquinas. "La gente tiene miedo todavía", explica. Para animar la demanda, en Máis que Auga han habilitado incluso salas para usuarios "sanitariamente vulnerables", pensadas sobre todo para personas mayores o con enfermedades crónicas. El objetivo: blindar la seguridad. Con ese mismo fin tanto los gimnasios Máis que Auga como los situados en el resto de la ciudad han adoptado medidas, como incorporar geles hidroalcohólicos, marcar las distancias o incluso activar máquinas de ozono. Extras que abultan la cuenta de gastos de los negocios en un momento especialmente delicado, cuando baja el balance de ingresos. "La situación no es fácil de asimilar. Aguantamos, pero está costando", apunta Guedella, quien detecta algunas señales para el optimismo, como una progresión positiva en la demanda de actividades. El directivo de Máis que Auga también comparte su visión y reivindica que los gimnasios ofrecen un servicio "necesario para la población". El abaratamiento de tarifas queda en cualquier caso descartado. "No es asumible -revela Cortegoso-. Ahora mismo hay más material, menos aforo en las actividades... Y todo eso ya lo hacemos sin subir los precios".

El uso de la mascarilla en los gimnasios es obligatorio desde principios de septiembre, cuando la Xunta decidió extenderlo a todos los centros deportivos de la comunidad autónoma. La medida no es exclusiva de Galicia, en cualquier caso. Se aplica en Madrid, donde se adoptó también el mes pasado para atajar los contagios de Covid.

Hace semanas responsables de Aexidega se reunieron con el secretario para el Deporte de la Xunta precisamente para abordar la compleja situación en la que se encuentran los establecimientos deportivos en Galicia y cómo les están afectando las medidas adoptadas contra la pandemia. El colectivo reivindica que en sus instalaciones apenas se han anotado contagios.

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