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CENTENARIO DE LA MUERTE DE UNO DE LOS GRANDES ARTÍFICES DEL VIGO DE COMIENZOS DEL XX | SU PERFIL Y LEGADO

Pacewicz, el arquitecto “sin rostro” del Vigo parisino

Es uno de los artistas con más huella, pero poco se sabe sobre cómo era el padre de El Moderno.

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Vigo a través de Pacewicz José Lores / Ricardo Grobas

El Ensanche de Vigo está sembrado de obras suyas, sin embargo poco, muy poco, se conoce de cómo era el arquitecto Michel Pacewicz. Sabemos que era francopolaco, su periplo vital, cuándo se instaló en Vigo y también las peculiaridades de su obra, pero a lo largo de su vida blindó su esfera personal con un celo casi patológico. Por no tener, no tenemos ni fotos ni retratos suyos. Con motivo del centenario de su muerte, en 2021, Martín Curty reedita su biografía.

Su huella en las calles (y el corazón) de Barcelona no puede ser más visible. Sin embargo, carambolas de la historia que suenan casi a ciencia ficción en la era de Instagram, Facebook y TikTok, se conserva un número relativamente escaso de fotografías de Antoni Gaudí. Un retrato tomado por Pablo Audouard que nos muestra al arquitecto tarraconense en la veintena, con el rostro enmarcada por una tupida barba y mirada inteligente. Un perfil de 1878 trazado por Leopoldo Rovira. Otro puñado de instantáneas en actos institucionales y familiares. Y una foto fugaz –casi un robado– durante una procesión del Corpus Christi en 1924. Poco más. “Gaudí rehuía totalmente el hecho de ser retratado”, explicaba un experto en 2017, poco después de que un medio divulgase lo que se prometía como el “Santo grial” –más tarde se cuestionó su veracidad– de los gaudinistas: una filmación que muestra al padre de la Sagrada Familia en movimiento durante una boda, en 1925.

Vigo tiene en cierto modo a su particular Gaudí. Salvando las distancias y estilos, claro está. A comienzos del siglo XX la próspera villa marinera, en la que las grandes familias burguesas pugnaban por reflejar su poderío a pie de calle con fastuosas mansiones, acogió a uno de los arquitectos más importantes en la historia de la comarca: el francés de origen polaco Michel Pacewicz (1843-1921). De su mesa salieron los planos de la actual Escuela de de Artes y Oficios, Casa Yáñez, El Moderno, Casas de Oya (actual Hotel NH) y chalets para Rosendo Silva en puntos tan céntricos como López Mora o una de las esquinas de Plaza de Compostela. Y eso por citar solo algunos ejemplos de su amplio legado.

  • Vigo a través de Pacewicz
    Hacemos un repaso por el legado del arquitecto francés tras el anuncio de la promotora encargada de rehabilitar el antiguo Centro Obrero Católico. El proyecto le dará una nueva vida a una de las joyas del caso urbano de Pacewikz, devolviéndole su apariencia original de 1904.

La huella de Pacewicz en el casco urbano no puede ser más palpable. Apenas un puñado de arquitectos, entre los que se cuentan Jenaro de la Fuente, Gómez Román o Francisco Castro Represas, han dejado una impronta comparable. En el caso de Pacewicz, sin embargo, esa visibilidad oculta una contradicción: es muy poco lo que se sabe de su vida personal. Ni ponerle cara es posible hoy. Si han sobrevivido instantáneas, retratos, caricaturas, bustos o incluso fotos de grupo en las que aparezca Pacewicz –ya fueran tomadas en Vigo o Francia–, sencillamente duermen olvidadas en el fondo de algún polvoriento cajón o álbum familiar. Su aversión a las cámaras parece mayor incluso que la de Gaudí y eso –andado el tiempo– lleva a la ironía de que uno de los hombres con un legado más visible en Vigo es, a la vez y en cierto modo, completamente invisible para los vigueses.

  • “Complexión ancha, barba y gafas redondas”

    Un hombre de complexión ancha, con barba corta blanca y gafas redondas, luciendo habitualmente un gesto satisfecho con un punto de autosuficiencia”. Al imaginarse el aspecto de Michel Pacewicz, el investigador Martín Curty lo evoca así: como un hombre sofisticado que no desentonaría en el Ensanche de inicios del XX. Y así lo retrató también el propio Curty hace años para ilustrar una semblanza sobre el arquitecto escrita por el historiador Antonio Giráldez Lomba para 200 memorias de Vigo. En su investigación, Curty se entrevistó con gente que conoció a Pacewicz.

El celo con el que cuidó su faceta más íntima deja otras muchas contradicciones. Por ejemplo, apenas hay menciones suyas en la prensa local de la época. A la reseña de su visita a la ciudad a bordo del vapor Thames en septiembre de 1897 le sigue un silencio que contrasta con su generosa obra y el hecho de que en 1903 Pacewicz decidiera dejar Francia para instalarse en Vigo. Curiosamente las crónicas muestran que su esposa, Anne Marie Traber, sí solía prodigarse en actos sociales.

Otra contradicción: a pesar de su estilo inconfundible, ecléctico y neomedievalista, Pacewicz no firmaba sus planos. Su título era francés y no estaba convalidado en España, así que el arquitecto recurría para ese trámite a colegas de profesión como Dimas Vallcorba y Campmany, Jenaro de la Fuente Domínguez o Siro Borrajo.

En primera fila, en séptimo lugar por la derecha, al lado del novio, Anne Marie, la viuda de Pacewicz, tras su regreso a Francia. Martín Curty

Paradoja es también –y quizás sea la más llamativa de todas las que rodean su figura– que su nota necrológica, publicada el 3 de febrero de 1921, cupiese casi en el reverso de una caja de cerillas y citase únicamente de pasada su condición de arquitecto. De toda su obra local, el pequeño obituario solo menciona los planos del desaparecido Teatro Odeón.

 Si a través de esas contradicciones hoy se filtra algo de luz que permite acercarse a la figura de Pacewicz –al menos en su vertiente profesional– es en gran medida gracias a la labor casi detectivesca de Martín Curty, arquitecto, historiador y uno de los miembro fundadores del Instituto de Estudios Vigueses (IEV). Desde finales de la década de 1980 Curty ha seguido los pasos del francopolaco entre los legajos del archivo municipal de Vigo y las calles de París, Le Vesinet y Chatou, por las que se movía Pacewicz antes de instalarse en Galicia. Incluso acudió a Wilgottheim, cerca de Estrasburgo, para entrevistarse con los descendientes de Anne, la viuda de Michel; telefonéo a EE. UU. después de identificar el apellido en un listín telefónico y pidió ayuda desde las páginas de FARO para que cualquier persona con documentación la compartiera.

La autoría del Círculo Católico Obrero se desdibuja

A pesar de su belleza y valor patrimonial, parte del legado arquitectónico de Michel Pacewicz sufrió el mismo destino que otras joyas perdidas que componen lo que el investigador Jaime Garrido llamaba –y así titulo un libro sobre el tema– “el Vigo que se perdió”. La piqueta redujo a escombros el Odeón, el Royalti o algunos de los chalés que Pacewicz trazó con su peculiar estilo ecléctico. Gran parte de su obra sin embargo se mantiene aún en pie. Para enriquecer su monografía sobre Pacewicz, un libro que publicó originalmente en 1992 y reeditará ahora con motivo del centenario del fallecimiento del arquitecto en Vigo, Martín Curty ha decidido actualizar el catálogo de edificaciones del francopolaco. La revisión no deja muchas novedades, aunque las que recoge sí tienen relevancia.

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A la luz de los estudios de las últimas décadas, Curty cree que como mínimo debe de ponerse en tela de juicio la autoría de dos edificios que tradicionalmente se han atribuido de forma íntegra a Pacewicz. Uno es el Pabellón de Espectáculos diseñado en 1913 para un solar de la familia Yáñez y que nunca llegó a ejecutarse. El otro es la sede del Círculo Católico, que data de 1904. El inmueble se alza aún en la calle Doctor Cadaval. Aunque está bastante deteriorado y su planta baja poco tiene que ver con la de los planos originales, el inmueble está a punto de estrenar una “segunda vida”. Hace varios meses trascendía que Barcia Inversiones tiene sobre la mesa un proyecto que engloba tanto la reforma de las antiguas instalaciones del Círculo Católico Obrero como el inmueble y solar anexos.

Curty apunta que el autor real del edificio neogótico de 1904 puede ser Siro Borrajo. “En los planos se aprecian dos manos distintas y la firma es de Borrajo. Tiene un estilo muy Pacewciz, pero el dibujo de uno de los planos no tiene nada que ver con él”, anota el investigador, quien duda por esa razón misma de que la intervención del francés en el proyecto pudo haber sido “parcial o nula”.

La relación profesional de Pacewicz con Borrajo está bien documentada y se puede apreciar en el edificio Sanjurjo de Plaza de Compostela. Curty reconoce también que la obra previa a 1897 en el entorno de la familia Bárcena puede suscitar dudas al carecer de documentación, pero su estilo arquitectónico y la tradición oral de la familia le llevan a concluir que actuaciones como las del pazo de Torrecedeira y Monterraso difícilmente pueden tener otra autoría.

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“A mi muy estimado compañero de profesión. Firma: Paul Abadie”

Fruto de esa concienzuda labor publicó en 1992 Pacewicz, arquitecto vigués. Hace años que el libro está descatalogado y su consulta resulta complicada. Hasta ahora. Para celebrar el centenario de su fallecimiento en Vigo, Curty prepara la reedición del volumen, que incluirá una actualización de su listado de obras y una nueva introducción que desliza algunas piezas en el incompleto puzzle del retrato personal y humano de Pacewicz.

El arquitecto Paul Abadie, mentor de Michel Pacewicz, a quien regaló en la década de 1880 un libro de Owen Jones dedicado.

El arquitecto Paul Abadie, mentor de Michel Pacewicz, a quien regaló en la década de 1880 un libro de Owen Jones dedicado.

Entre sus grandes novedades destaca la mención a uno de los objetos más preciados del francopolaco y que hoy actúa casi como un ventanuco a su intimidad: un libro que lo acompañó gran parte de su vida, en Francia y en Vigo. Parece increíble, pero se trata, confirma Curty, del único objeto personal que se conserva de Pacewicz más allá de sus planos y facturas.

Para celebrar su centenario se planea un ciclo de charlas y una exposición

El volumen es una obra de Owen Jones de mediados del_XIX y no es importante solo por haber estado en la biblioteca de Michel. Su gran valor se oculta en la primera página, en la que el arquitecto Paul Abadie escribió de su puño y letra una dedicatoria personal y cargada de afecto para Pacewicz, a quien había dado clases en París entre 1860 y 1866.

“El volumen se lo tuvo que regalar cuando accedió a la Societé Centrale des Architectes de París, a finales de 1882”, explica Curty, quien recuerda que Abadie fue uno de los grandes arquitectos del París finisecular y autor de la Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre.

La dedicatoria, escrita a pluma, y cuya lectura resulta complicada casi 140 años después, reza: “A mi muy estimado compañero de gremio. Vale como testimonio de mi cariño y de mi cariño y toda mi consideración”. En una esquina de la página se aprecia además el sello de Pacewicz.

Dedicatoria de Abadie a Pacewicz. Libro propiedad de la Familia Miramontes

 Curty accedió al libro gracias a José Luis Mateo Álvarez, investigador también del IEV, quien explica que el volumen pertenece a Enrique Miramontes, descendiente a su vez de Jesús Miramontes Durán (1883-1957), perito delineante, proyectista de máquinas, topógrafo e inventor. Mateo reconoce que es un misterio cómo pudo llegar la publicación a manos de Miramontes, aunque no cuesta suponer que conociera a Pacewicz. “Jesús era muy buen dibujante y trabajó para muchos arquitectos de la ciudad”, relata Mateo. Al haber sido un alumno de la EMAO, sus descendientes decidieron prestar el libro para la exposición del 130 aniversario del centro.

Curty destaca que Pacewicz cargó con el mamotreto al menos entre 1883 y su traslado a Vigo, hacia 1903, lo que da una pista del aprecio que sentía por la obra y el propio Abadie, quien además de maestro, fue su padrino profesional y vecino.

Tras finalizar su formación, Pacewicz trabajó durante diez años con Louis J. Bouchot en la compañía del ferrocarril París-Lyon-Marsella y trazó proyectos para_Le Vesinet y_Chatou, donde trabó amistad con el pintor Vlaminck.

La vida de Pacewicz dio sin embargo un giro cuando conoció a Benito Sanjurjo Ramírez de Arellano, un joven tudense que se había trasladado a París para estudiar. A través de Sanjurjo el arquitecto entró en contacto con la rica burguesía olívica, Entre uno y otros se estableció lo que Curty tilda de “simbiosos perfecta”. El francés descubrió en el Sur de Galicia una tierra fértil en la que erigir proyectos con los que a duras penas se atrevía a soñar en Chatou o Le Vesinet. Los Barcena, Yáñez o Sanjurjo, a su vez, vieron en aquel arquitecto de apellido impronunciable alguien capaz de diseñar los edificios de corte parisino que tanto deseaban.

Una enciclopedia gala llegó a fechar su muerte en 1904, tras su traslado a Vigo

En septiembre de 1897 lo encontramos ya desembarcando en el puerto con los planos del edificio Acuña Soaje, la EMAO o El Moderno en su maletín. Poco después, hacia 1903, empaqueta sus bártulos –incluido el libro de Owen Jones– y se traslada definitivamente a Vigo. Es ya un sexagenario y poco antes había contraído matrimonio con la alsaciana Anne Marie Traber. Prueba del giro vital que suponía su decisión es que alguna enciclopedia francesa ha llegado a fechar su muerte en 1904.

  • El legado de Pacewicz brilla con luz propia

    Los propietarios del Moderno destinan 17.000 euros a una iluminación que conmemora los cien años de la muerte de su arquitecto

Aquí, a orillas del Atlántico, trabajó Pacewicz con intensidad durante años. Tras su fallecimiento, en 1921, sin descendencia, su viuda retornó a Francia, donde moriría décadas más tarde, durante la ocupación nazi.

Edificio el moderno de Pacewicz

De la investigación de Curty se desprenden otras pinceladas que enriquecen el retrato. Por el lenguaje que usaba en sus escritos podemos deducir, por ejemplo, que hablaba un español trufado de galicismos. Otro guiño: probablemente su familia profesaba un férreo nacionalismo polaco. Su hermano Stanislas llegó a increpar en 1896 al Gran Duque de Rusia en las calles de París al grito de “Viva Polonia”.

Ahora, para reivindicar su figura con el gancho del centenario de su muerte en 2021, el IEV prepara una serie de iniciativas con la colaboración de Fundación Sabadell y la embajada de Polonia. En octubre prevé organizar un ciclo de conferencias en la EMAO, en diciembre presentar el libro y en febrero montar una exposición de dos meses, también en la EMAO. Sobre la mesa se ha puesto la propuesta de dedicarle una calle.

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