01 de agosto de 2020
01.08.2020
Faro de Vigo

Javier Babé: "Le pido al Cristo que nos conduzca a la Buena Victoria de la vida"

Consulta aquí el discurso íntegro del pregonero de las fiestas de Vigo

01.08.2020 | 17:14
Javier Babé: "Le pido al Cristo que nos conduzca a la Buena Victoria de la vida"
Javier Babé: "Le pido al Cristo que nos conduzca a la Buena Victoria de la vida"

La celebración de las fiestas del Cristo de la Victoria este año 2020 es la más diferente en siglos de tradición. La pandemia del coronavirus y la decisión de minimizar los riesgos de generar nuevos brotes en Vigo ha obligado a suspender la procesión del domingo y la gran mayoría de actos de giran alrededor de la festividad, como el descendimiento del Cristo o los conciertos de Castrelos. Sin embargo, una de las ceremonias que se repite año a año sí que ha tenido lugar: el pregón. Javier González-Babé Ozores, presidente de la empresa familiar de transportes Babé y Cía, ha tenido el honor en esta edición de ejercer de pregonero en los exteriores del Pazo de Castrelos en presencia de Abel Caballero y de Marora Martín-Caloto, presidenta de la cofradía. Este ha sido su discurso.


Excelentísimo Sr. Alcalde, excelentísimo y reverendísimo Sr. Obispo, Hermana Mayor y junta directiva de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Victoria, dignísimas autoridades, señoras y señores:

Desconociendo mis méritos, debo ser sincero si digo que al recibir la noticia, en una llamada del Secretario Hermano Carrero y amigo Carlos Borrás, me sentí halagado por la honra que supone para un vigués recibir tal distinción, le doy las gracias y es un honor que la Hermana Mayor y su junta directiva, me hayan elegido para pronunciar el pregón, agradeciendo a nuestro alcalde que haya aceptado mi designación.

Nací en la calle Policarpo Sanz, en el tercer piso del antiguo Banco Pastor. Era un niño cuando desde la terraza de la casa vi construir la Caja de Ahorros y recuerdo enfrente el añorado edificio de la farmacia Rubira. En la nostalgia, es imborrable para mí, el recuerdo de aquel centro de Vigo en donde se reunía todo el comercio local y la actividad cultural y social de la ciudad. En aquel pequeño y añorado mundo, transcurrió mi infancia y adolescencia. Educado en la Fe católica estudié el bachillerato en el colegio del Apóstol Santiago y me licencié en Medicina en la Universidad de Santiago de Compostela. Me especialicé en Cirugía Ortopédica y Traumatología en el Nuffield Orthopaedic Centre de Oxford. En 1975 me caso con Marta, y durante nuestros 38 años de matrimonio, tratamos mis tres hijos y yo de beber de su fuente de bondad y generosidad. Durante un periodo de nueve años trabajé en la medicina pública y desde 1986 ejerzo mi profesión en la Clínica Nuestra Señora de Fátima.

Nuestro origen vigués se remonta a 1887 cuando mi bisabuelo constituye la Sociedad Mercantil Babé y Cía, e implanta en el barrio de Guixar una de las primeras refinerías de petróleo de España. Es, el Vigo en ebullición, en plena transformación y en el que afloran emprendedores en el comercio del pescado, la conserva y la construcción naval.

Desaparecida la refinería, nuestro modelo de negocio cambia a la distribución de combustibles y materias peligrosas. La vinculación de nuestra familia con la ciudad continua a través de mi padre, concejal en las dos primeras corporaciones después de la guerra civil y se amplía, a través de la antigua Caja de Ahorros Municipal de Vigo, en la que tanto él como mis hermanos Ramón y Yago, fueron consejeros.

Julio, otro de mis hermanos, también traumatólogo, incrementa la actividad empresarial de la familia en el sector Sanitario, cuando constituye la Sociedad Anónima Cemegasa y emprende la compra de la Clínica de Fátima, transformándola en el actual hospital. Desde 2008, fallecidos mis hermanos varones, adquiero la responsabilidad de compartir mi profesión de médico con la de Presidente no ejecutivo, de la sociedad familiar de 133 años de existencia. Por todo ello mi familia y yo, llevamos unidos Vigo y el Cristo de la Victoria, muy dentro de nuestros corazones.

También por ello y por el momento convulso que vivimos, el orgullo no eclipsa la responsabilidad que siento al pronunciar este pregón. Evitaré recordar la historia y tradición ya conocida por todos, y solo lo haré para hacer memoria en estas especiales circunstancias. El Cristo ha salido de la iglesia de Santa María desde hace dos siglos, con la sola excepción de los años 1934 por razones climatológicas y en 1936, por el pronunciamiento del estado de guerra. Para la historia quedará la fecha del 2 de agosto del 2020 como aquella que tuvo que ser suspendida por luchar contra una pandemia.

No puedo escapar de centrar mis palabras en esta reciente situación, en la que perdí a mi querida hermana Mari Carmen a consecuencia, como tantas otras víctimas, de una infección por el Covid19. Para todas ellas un emocionado recuerdo.

Hemos visto como mis compañeros médicos, la enfermería y sanitarios en general, se han puesto desarmados, enfrente de un enemigo desconocido, exponiendo sus vidas, sin medios y sin terapias eficaces.

Este despiadado e inhumano tsunami ha revelado nuestra fragilidad. Nos ha recordado que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren, que los seres humanos somos semejantes los unos a los otros y que la adversidad, ahora en forma de pandemia, no distingue de posiciones sociales, religiones o razas.

Quiero proclamar nuestra inmensa gratitud a esos valientes y solidarios profesionales de la sanidad que han tendido sus manos a los enfermos, desafiando al contagio y también al miedo. A todos quienes se han arriesgado y han trabajado para nuestro alimento y protección en momentos de extraordinaria dureza y, a tantos empresarios que, dando lo mejor de su empresa, se engancharon a la cadena de la solidaridad.

Nunca mejor evocar aquella afirmación de Chesterton de que "el verdadero soldado no lucha porque odia lo que tiene delante, sino porque ama lo que tiene detrás".

Afirmó D. Santiago Ramón y Cajal que la lucha milenaria entre el microbio y el hombre se reduce a una sencilla cuestión ¿Quién domestica a quién?

Todavía no domesticado, las únicas medidas que podemos poner en práctica a día de hoy, para evitar la propagación de este virus cruel, son el mayor conocimiento del desarrollo de la enfermedad, así como la prevención mediante el cumplimiento individual y colectivo de estrictos cuidados higiénicos.

La ciencia es un instrumento humano imprescindible y poderoso, siempre y cuando se mantenga un control sobre ella. Es lenta, necesita tiempo y se mueve por evidencias, pero nos abrirá el camino de la prevención y de la curación. A ello se dedican en este momento multitud de científicos, en una inusitada y global colaboración.

Las políticas han de ir unidas en la misma dirección y actuar con agilidad y rapidez para dotar a los sanitarios del material necesario, identificar mediante escrutinio la población contaminada y garantizar al tiempo los derechos y libertades fundamentales, base de nuestra convivencia pacífica.

La humanidad ha padecido otras epidemias, todas ellas han traído consecuencias económicas, sociales y políticas. La pandemia que ahora nos asola, cambiará además nuestro modo de vivir y aunque nadie puede adelantar como será, se coincide en afirmar que el mundo no va a ser igual, quizás veamos una regresión de la globalización.

George Bernard Shaw aseguró que las epidemias han tenido más influencia que los gobiernos, en el devenir de nuestra historia.

La salud es vital, pero, la economía, la prosperidad, son también esenciales, porque no hay nada peor para la salud que el no tener para comer. Desde mi visión de empresa el ingenio no se puede detener, la actividad debe continuar. Es evidente que surgirán nuevas líneas de negocio, y consecuentemente, nuevas oportunidades. Como emprendedores debemos centrarnos en la adaptación a los cambios que vendrán y en el objetivo de mantener la mayoría de los puestos de trabajo, para conseguir la estabilidad laboral que nos conduzca hacia un cambio sosegado.

Estamos ante un mal sueño, luchar contra esta grave crisis que pone en jaque a la humanidad entera, exige lo mejor de cada uno de nosotros y estoy seguro de que, como sucedió ante las grandes adversidades, sacaremos el máximo rendimiento de nuestra maquinaria humana.

Veo detrás del Cristo de la Victoria sufriente, al Cristo de la Buena Victoria resucitado, el que nos invita a partir de ahora a olvidar nuestras diferencias y discrepancias y a transformar la sociedad, alejándonos del victimismo y aportando en nuestras vidas una voluntad racional de amor al prójimo, el principio más generoso del ser humano, dejando atrás el deslumbramiento por el triunfo momentáneo.

La madre Teresa de Calcuta nos dijo "Yo hago lo que usted no puede y usted haga lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas".

Es así que, humildemente me corresponde ponerme delante del Cristo de la Victoria y dirigiéndome a Él pedirle que nos ayude a construir un frente común de colaboración y responsabilidad personal e institucional, que nos conduzca a la Buena Victoria de la vida y nos refuerce como sociedad.

Espero y deseo que el próximo año el pregonero y el pregón puedan cumplir con su cometido natural y en su convocatoria nos anime a la más multitudinaria procesión de nuestro Cristo.

Muchas gracias por su atención.

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