Hoy celebrará una fiesta íntima en Club de Campo y no es para menos ya que pocos pueden tener esa experiencia a tal edad y menos en tan buenas condiciones. Cumple cien años. Esa perspectiva histórica que le permitió ver pasar nada menos que tres reyes, un generalísimo y una guerra civil por este país, sumado a sus diferentes responsabilidades en un Vigo que crecía imparable, entre ellas la de ser alcalde de esta ciudad, le ha permitido ser un testigo excepcional y de privilegio de nuestro último siglo.

Hablo de Alberto Varela Grandal, matriz de una prestigiosa firma de abogados en Vigo que continúan sus hijos. Hace solo seis años, cuando cumplía 94, estuvimos en su despacho haciéndole sus Memorias para FARO, y aún entonces nos sorpredió allí alguna llamada de una entidad bancaria para su asesoría.

Su matrimonio con una viguesa, Conchita Conde Solá -nieta del ex Alcalde Fernando Conde Domínguez y del ex editor y director de la Revista “Vida gallega”, Jaime Solá Mestre- , con la que tuvo cuatro hijos”, reafirmó su personalidad olívica aunque hubiera nacido n O Ferrol, pues a Vigo llegó a los dos años, en 1922 y nunca quiso abdicar de esta ciudad.

Su vida parece el resultado de un esfuerzo sostenido en la disciplina, el rigor y sus creencias y ya se manifestó en las muchas matrículas de honor que sumó en Bachillerato. En la Universidad, otro tanto. Por oposición obtuvo el título de Censor Jurado de Cuentas y su ingreso en el Cuerpo de Interventores de Empresas del Instituto Nacional de Previsión. Aprobó los cursos para el grado de Doctor en las Facultades de Derecho y de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Santiago de Compostela. La abogacía ha sido siempre su pasión y hasta hace unos años seguía en ejercicio (entonces el decano en activo de Galicia) aunque a lo largo de su vida fuera profesor de Hacienda y Contabilidad Pública, economista para Galicia del Banco de Crédito Industrial, asesor jurídico de la Delegación Provincial de Sindicatos y de los Consulados de Francia y de Alemania. …

Teniente de alcalde del ayuntamiento de Vigo en los años 60, la muerte súbita del alcalde Salvador de Ponte le llevó a ese cargo cuatro meses, aunque lo dejó en cuanto pudo para atender sus compromisos profesionales. En tan larga vida son muchas las experiencias que podría contar, como la del petrolero “Polycomander”, que colisionó en las Islas Cíes. Sus compañías aseguradoras le nombraron abogado en el procedimiento instruido por el vertido de petróleo, finiquitado de común acuerdo con todos los damnificados.

Felicidades a este vigués de poso y peso que tanto sabe y ha visto de las intimidades de esta ciudad, memoria irrepetible de la misma, con medallas en su haber como para inclinarle por el peso, entre ellas la de Académico Correspondiente de la Reales Academias de Doctores y de Jurisprudencia y Legislación.