Si hubo una actividad estival cuya realización estuvo pendiente hasta el último momento fueron los campamentos infantiles. Tras la decisión de no reanudar las clases tras el estado de alarma para evitar posibles contagios o prevenir rebrotes, todo hacía presagiar que los niños tendrían que esperar al próximo curso para poder compartir momentos de ocio con sus compañeros. Sin embargo, Ayuntamiento y Xunta dieron vía libre a estas actividades siempre y cuando cumplan con todos los protocolos establecidos por las autoridades sanitarias, con el objetivo de que los niños y jóvenes puedan disfrutar de este verano, así como para ofrecer una alternativa de conciliación para las familias.

Uno de los que logró mayor aceptación, especialmente por el alto número de plazas y modalidades que oferta son los organizados por el Concello de Vigo. Y es que más de 2.400 niños, el cupo total, se inscribieron a uno de los doce campamentos municipales: gincanas, baile y música en Alcabre, deportes náuticos en Bouzas, juegos de agua en la Etea, improvisaciones en inglés, piragüismo en O Berbés, patinaje en Samil, huertas urbanas y conocimiento de las aves y la fauna en Navia, fotografía en Travesas, cuidado del medio ambiente en Vigozoo o deportes sin contacto en la Casa da Xuventude. "Los campamentos municipales son ocio, educación, conciliación y seguridad sanitaria", apremia el alcalde Abel Caballero.

Para llevar a cabo estos campamentos con total seguridad, su pusieron normas como la desinfección de las instalaciones al inicio y finalización de cada turno, grupos de no más de 10 participantes con su monitor, uso de mascarillas y gel hidroalcohólico limpiando las manos de niños/as a la entrada y salida, mantener siempre los mismos grupos y preferencia por espacios y actividades al aire libre.

Esta última premisa fue una de las aplaudidas por los padres, tanto que los centros privados o clubs que este año decidieron organizar estos campamentos de verano optaron también preferentemente por actividades en el exterior o deportivas. Es el caso del Mercantil. Antía, su coordinadora, cuenta que si bien bajó el número de inscritos, la seguridad fue primordial en todos sus talleres o campeonatos. "Tuvimos campamentos de pádel de tenis, y ahora empieza uno de skate y otro multideporte. Redujimos nuestro número de plazas pero no llegamos al límite, por ejemplo en el de pádel, que fue el más numeroso tuvimos a 90 niños, luego el resto en torno a 60 o 70 como mucho. A cada uno se le tomó la temperatura antes de entrar, y tenían que usar todos mascarilla por supuesto. Luego también desinfectamos el material que emplean así como limpieza de manos entre actividad y actividad... Y en general su comportamiento fue ejemplar", destaca la coordinadora.

Situación pareja se vive en el centro de ocio infantil Tatarina. En su caso, recibieron la confirmación para abrir sus puertas pocos días antes de julio, por lo que tuvieron que ponerse en marcha de forma casi precipitada, pero ello no influyó en las medidas de seguridad. "Los padres ya nos pidieron un mayor número de actividades al aire libre. También cada material que se utiliza, como tenemos bastantes, no solo los desinfectamos sino que los guardamos varios días hasta su uso... El nivel de organización y limpieza es mucho mayor pero queremos cumplir el protocolo al máximo y poner todo lo que esté en nuestra mano", cuenta Sonia, su responsable.