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El despilfarro (alimentario) en cuarentena

El centro tecnológico EnergyLab participa en un estudio que revela que en el confinamiento se tiró más comida, aumentando el impacto ambiental y económico, y empeoró la dieta

Cola de ciudadaos para poder comprar en el Mercado de Teis durante el confinamiento .

Cola de ciudadaos para poder comprar en el Mercado de Teis durante el confinamiento . // Alba Villar

Los carros de la compra rebosantes de productos y las sucesivas obsesiones por el papel higiénico o la levadura durante el confinamiento tuvieron un impacto en nuestros bolsillos, en nuestra salud y también en la del planeta. Un estudio internacional en el que ha participado el centro tecnológico vigués EnergyLab concluye que los hogares españoles despilfarraron más comida, con el consiguiente impacto económico y medioambiental, y que la calidad nutricional de la dieta empeoró.

"El acopio sin medida de productos, muchos de ellos perecederos, aumentó sustancialmente las emisiones asociadas a la cadena de suministro. Y como consecuencia de este incremento cada hogar tiró una media semanal de 4,7 euros en alimentos frente a los 3,8 euros del mismo periodo en 2019. Y a lo largo de toda la cadena, las pérdidas por desperdicios pasaron de 6,4 a 7,5 euros. A nivel global, hablamos de grandes cifras en cuanto a productos y dinero", destaca Pedro Villanueva Rey, del área de Industria y Edificación Sostenible.

El experto de EnergyLab es coautor del trabajo, que acaba de publicar la revista Science of the Total Environment, junto con otros 12 investigadores de la Universidad de Cantabria, la Pompeu Fabra y la Pontificia Universidad Católica del Perú. "Durante la cuarentena veíamos cómo se comportaba la gente y decidimos comprobar si los cambios de hábitos estaban afectando a la cadena de suministro. Y el impacto es muy elevado, desde la producción de los alimentos y la distribución en tiendas y supermercados hasta el consumo y la gestión de los residuos", apunta.

La investigación abarca desde el 9 de marzo, antes del decreto del estado de alarma, hasta el 12 de abril. Se basa en datos públicos y oficiales y utiliza como indicadores el ciclo de vida, que permite cuantificar las emisiones asociadas a la cadena de suministro, así como el gasto económico y el valor nutricional de los productos adquiridos.

El estudio incluye 57 tipos de alimentos y bebidas y arroja como resultado que la generación de residuos en los hogares españoles aumentó un 12% con respecto al año anterior y que el valor nutricional de los alimentos descendió entre un 6 y un 8% por el aumento del consumo de bebidas alcohólicas, dulces, bocadillos y alimentos procesados.

La carne roja se mantuvo durante la cuarentena como la principal contribuidora a la generación de gases de efecto invernadero. Y junto a la fruta, las verduras y los cereales representó el 60,2% del despilfarro económico frente al 47,3% de 2019.

Por contra, el dinero desperdiciado por el desaprovechamiento de cordero, pescado fresco y, sobre todo, bebidas se redujo desde un 17,6% a un 12,5% porque la demanda fue menor durante el confinamiento y el precio experimentó una "moderada" rebaja por el exceso de existencias.

"Nos dejamos llevar por el pánico y el comportamiento irracional tiene como consecuencia un aumento del despilfarro, no solo en los hogares, sino en toda la cadena de suministro. Los continuos cambios de hábitos de los ciudadanos hacían imposible predecir qué se iba a consumir de forma fiable y los productos se almacenaban y se perdían", explica Villanueva.

La reducción de la actividad industrial provocó la caída de la demanda de energía y un mayor peso de las renovables en el mix eléctrico. "Pero el despilfarro de alimentos en esas cinco semanas fue tan grande que ni así se consiguió reducir el impacto de toda la cadena", añade.

Así las cosas, los autores del trabajo recomiendan tomar nota de lo ocurrido durante el confinamiento en los hogares españoles e insisten en apostar por los productos locales, frescos y de temporada para reducir el impacto de la cadena de suministro.

"Hay que reflexionar y poner en marcha políticas para que no se repitan estos comportamientos en otoño si volvemos a estar confinados. Quedó demostrado que no hubo escasez de ningún producto, hubo disponibilidad de todo", subraya Pedro Villanueva.

Los expertos también destacan el "papel esencial" del sector primario y piden más apoyo por parte de las administraciones para adaptarse a los nuevos escenarios derivados de la pandemia a través de la digitalización, la planificación de la economía o la adaptación del etiquetado.

Esta crisis puede ser también una oportunidad para una transición hacia un consumo más sostenible, defienden los autores, que se plantean crear una red transnacional para continuar con estos estudios.

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