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"Tuvimos enfermos muy responsables"

Hopitalización a Domicilio vigiló a 140 infectados en sus casas, sin fallecidos y con solo cuatro ingresos | Todos los pacientes respetaron el estricto confinamiento incluso sin hacerse el test

Parte del equipo de Hospitalización a Domicilio, ayer, con sus vehículos, en el recinto del Hospital Álvaro Cunqueiro. // Alba Villar

Parte del equipo de Hospitalización a Domicilio, ayer, con sus vehículos, en el recinto del Hospital Álvaro Cunqueiro. // Alba Villar

Fueron los primeros en hacerse cargo de aquellas personas que daban positivo en el nuevo coronavirus pero con unos síntomas leves o sin ellos que les permitían pasar la infección en sus casas. Dos días antes de la declaración del estado de alarma, al Servicio de Hospitalización a Domicilio (HADO) del Chuvi le fue encomendado su seguimiento y, en estos dos meses y medio, han controlado a casi 140 personas con Covid-19 con llamadas diarias y visitas a sus hogares. Su jefe, el doctor Luis Amador, hace un balance "positivo": "No nos falleció ninguno". Además, solo tuvieron que enviar a cuatro a habitaciones del Álvaro Cunqueiro. "Uno llegó a UCI, pero están todos vivos y ya sanos", se congratula. Destaca que, en esta lucha, contaron con la colaboración de pacientes y familiares "muy responsables", que respetaron las estrictas medidas de confinamiento, en algunos casos, incluso antes de tener el resultado de la prueba PCR.

De los 2.273 positivos que se han registrado hasta ahora en el área sanitaria viguesa, solo alrededor del 20% fueron ingresados. Al principio, cuando los casos llegaban a cuenta gotas y aún no se sabía muy bien cómo evolucionaban, HADO se hizo cargo de aquellos a los que se les hacía la prueba en domicilio y, como sus síntomas así lo permitían, no pisaban el hospital. A finales de marzo, cuando la cifra de aislados en sus casas empezó a dispararse, se coordinaron con los médicos de Atención Primaria para esta labor de seguimiento. "Lo hicieron muy bien", aplaude. Si alguno se complicaba o necesitaban asesoramiento, los facultativos de los centros de salud les llamaban.

Con pulsioxímetros -para controlar la saturación de oxígeno en los tejidos- y vigilancia de las constantes, HADO controló la inmensa mayoría de estos 140 casos, salvo los cuatro que necesitaron ingreso y algún otro que necesitó una placa de tórax. "No tuvimos que realizar ninguna analítica en domicilio que fuese necesaria por mala evolución del paciente", se congratula el doctor Amador.

Los llamaban todos los días. A algunos, dos y tres veces. Las que fueran necesarias. También fines de semana y festivos. Igual que las visitas en persona. Se realizaban cuando percibían empeoramiento respiratorio, pero también para tranquilizarles. "Los familiares tenían mucho miedo e incertidumbre y eso se vence siendo cercanos. A veces hacíamos visitas para que vieran que detrás de ese teléfono había personas de carne y hueso. Para que viesen que estamos en disposición de ir", cuenta.

En los hogares se encontraron con ciudadanos "muy responsables, que colaboraban en todo". Eran los inicios de la crisis sanitaria y el acceso a pruebas estaba más restringido. Cuando encontraban a un núcleo con algún positivo, trataban de convencer a toda la familia de que se aislase, sabiendo que la posibilidad de contagio era alta. Y la gente respondía. Sí se pedían test en casos especiales. Amador recuerda una familia del Calvario, con siete miembros entre los que había un militar que quería regresar a su puesto. Se lo pidieron, pero dio positivo. "La mayor parte de los positivos eran conscientes de lo que suponía infectar a su familia y eran ellos los que decidían aislarse en una habitación de la casa, a veces, antes de tener el resultado. Lo hicieron francamente bien", destaca.

Solo en dos casos pensaron que se habían topado con "irresponsables" porque no los localizaban en el teléfono. Con la colaboración de la Policía Nacional constataron que se trataba de un fallo a la hora de recabar sus datos de contacto.

Al hacerse cargo de los primeros positivos leves, atendieron un importante porcentaje de jóvenes debido al foco en el colegio María Auxiliadora Salesianos. Otro 30% eran mayores de 60 años. Tuvieron de todo tipo.

En los cargados maleteros de sus coches de HADO tuvieron que meter otro bulto: el de los equipos de protección. Su uso les complica la tarea. Siempre entran con guantes y mascarilla. Si hay positivos o tienen dudas, van poniéndose más partes del EPI. Con estas precauciones, lograron que ninguno de los 14 profesionales del equipo se contagiara. Ahora ya no tienen pacientes Covid y su otra actividad ha vuelto a subir por la reactivación de los quirófanos.

Amador alaba la buena labor que ha hecho su equipo y resalta que una de las cosas positivas que deja la pandemia es que "ha servido para cohesionar a los sanitarios". "Aunque todo es mejorable, cada eslabón ha hecho su parte de manera perfecta", concluye.

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