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El exgobernador civil Jorge Parada tras 35 días en UCI por Covid: "Solo quiero notar el aire, el sol, la vida"

El exgobernador civil Jorge Parada estuvo 35 días en UCI por el Covid, la estancia más larga

Jorge Parada, con su perro, en su casa de Gondomar, haciendo lo que más disfruta ahora: "respirar, notar el aire, la vida". // R.G.

Jorge Parada, con su perro, en su casa de Gondomar, haciendo lo que más disfruta ahora: "respirar, notar el aire, la vida". // R.G.

A Jorge Parada Mejuto, gobernador civil de Pontevedra entre 1987 y 1994, no le hace ninguna gracia volver a salir en los medios. "Hace mucho que dejé de ser un personaje público", justifica. Pero, tras darle muchas vueltas, ha accedido por una sola razón: concienciar a la gente de que el Covid-19 "es algo muy grave". "De esto se muere o se puede matar a otro", recalca. Él estuvo muy cerca de fallecer dos veces. Su experiencia fue "horrorosa" y, ahora que está curado, lo que le pone "enfermo" es ver "a tanto inconsciente" infringiendo las normas de distanciamiento social. Él, ni se plantea lo de salir de casa. Lo que más disfruta es, simplemente, "respirar, notar el aire, la vida, estar en el jardín, al sol". Y es que el martes abandonó el Hospital Álvaro Cunqueiro tras 56 días, 35 de ellos en la UCI. Es el paciente con Covid-19 con la estancia más larga en una unidad de críticos del Chuvi.

Jorge tiene un vacío "tremendo" en su memoria. No recuerda haber ingresado en el Álvaro Cunqueiro. "Lo último que recuerdo es tomarme la temperatura y haber llamado al teléfono de la Xunta", relata y añade: "Si le hubiéramos hecho caso, estaría muerto". Le recomendaron paracetamol y le dijeron que le llamarían en dos días. "Mi mujer dice que cada vez que ella respiraba una vez, yo lo hacía tres". Así que se fueron a urgencias. Al llegar, el médico lo envió directamente a la UCI. "Mi pobre mujer me dejó allí en una puerta y estuvo dos meses sin verme, una cosa terrible".

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Era el 24 de marzo cuando Jorge abandonó esta realidad. Dejaba un mundo en el que había "empezábamos a estar preocupados por esto". En el área viguesa había un número de diagnosticados similar a los activos que hay hoy, pero había seis veces más ingresados -54-. Su mujer le cuenta que ella le llevó al hospital con él sentado atrás. "Señal de que ya había alguna conciencia de esto, pero yo no me acuerdo. Tengo la sensación de que es algo que supe, pero ahora no, no veo las imágenes", explica.

"Jorge, venga, oye, tienes que animarte, que estuviste muy malito y ahora solo queda mejorarse". Estas son las primeras palabras que Jorge recuerda tras despertarse en la UCI. Fueron dichas con mucho cariño", por "una persona con un nivel humano increíble", la doctora Angelina Gómez. "Sobre todo, no te engaña, te dice lo que hay", agradece. Ella fue la que le contó que pasó por dos episodios muy críticos, en los que pensaron que se les iba.

Hasta esas palabras de la doctora, en su memoria no hay nada, salvo alucinaciones... O no. "El nivel de confusión mental es terrible, se pasa muy mal. Con las drogaso, partiendo de un punto real, creas una historia rarísima. Tengo muchas dudas sobre cuáles fueron sueños y cuáles realidad", explica. Tampoco está muy seguro de qué día abrió los ojos: "Fue un proceso. Poco a poco, iba despertando, iba hablando", cuenta. "No me creía que estaba en la UCI. Unos días pensaba que estaba en un barco-hospital..." Y cuando se dio cuenta de que estaba en el Cunqueiro, no se imaginaba que fuera por el nuevo coronavirus, del que cree que se contagió en un vuelo. "Tenía en la mente un accidente muy grande. En una de esas alucinaciones, vi mi cuerpo partido en dos." relata. En otra se vio muerto. "La gente se movía alrededor de mí como si no existiera". Estuvo cerca. Agradece seguir aquí al "increíble" equipo humano de la UCI. "Me acuerdo de ellos con un cariño tremendo, me han salvado la vida", destaca emocionado. También tiene bellas palabras para el personal de planta.

Allí estuvo sedado, con una traqueotomía, le intubaron, le desintubaron, le volvieron a intubar... "En algún momento, estaba agujereado por todos los sitios. Tenía vías en la ingle, en los brazos en el cuello... Y estaba atado, imagino que para que no me las quitara", describe y subraya que "se pasa muy mal". "Es horripilante". Un derrame interno retrasó aún más su traslado a planta. Al final, su estancia fue la más larga de un paciente con Covid-19 en una unidad de críticos del Cunqueiro: 35 días.

Desde allí, volvió a ver a su mujer. Un día, las enfermeras le tenían "una fiesta preparada e hicieron la primera videollamada. "Me puse a llorar y mi mujer también. Alguna cosa conseguí decir, pero muy poco".

"Me cabrea ver a cuatro imbéciles haciendo el tonto"

Ya en planta, con el móvil que le hicieron llegar, pasó a hablar con ella tres veces al día. Fue entonces cuando volvió a tomar contacto con la realidad exterior a través de la televisión. "Empiezas a verla y ligas cosas y le preguntaba a las enfermeras qué tal ahí fuera", recuerda. "Nada, ahí fuera está todo parado", le respondían. Admite que le supuso una buena impresión comprobar cómo había evolucionado todo, pero lo que peor lleva es ver infracciones. "Me cabrea muchísimo ver a cuatro imbéciles haciendo el tonto y contagiando a la gente". La información le saturó. "Es tan pesado escuchar sobre el coronavirus todo el tiempo", opina. Pero dejaba sintonizada La 2, "para oír voces, para tener una cierta compañía". También le sirvió de distracción para los 21 días que estuvo en el cuarto la lectura de la "extraña" novela de Dan Chaon "Me recuerdas a mí", que tuvo que dosificar para que le durara hasta el final.

Está curado y tiene anticuerpos. Pero la infección lo ha dejado "baldado" con "un montón de secuelas". Tiene las manos "agarrotadas y doloridas". Le tiemblan. Los pies, igual. Tuvo que aprender a andar de nuevo. "El primer día que me intentaron poner de pie, me caí como un flan", narra. Pero luego sorprendió a los fisioterapeutas sosteniéndose el tercer día. "El quinto día ya daba unos pasitos con el andador. Ahora camino con cierta dificultad, pero ya subo un peldaño y doy paseo de 80 o 100 metros", explica.

Salió del hospital el pasado martes. "Después de tanto tiempo encerrado, me eché a llorar solo salir por la puerta del Cunqueiro", rememora. Y eso que la primera visión del exterior no era nada reconfortante para una persona que estuvo tan cerca de fallecer: "Lo primero que veo son los coches fúnebres aparcados junto a la ambulancia que me tiene que llevar. Podían ser un poco más cuidadosos".

En casa le esperaba su mujer, con la que el próximo año celebrará las bodas de oro. Se fundieron en un eterno abrazo. Reconoce que no es lo recomendable, por la cuarentena a la que ahora le obliga el protocolo, pero los dos son negativos confirmados. "Yo lo pasé mal, pero ella, probablemente, peor. Estás sola en casa, esperando a que te llamen cada día a las dos de la tarde y que te den la noticia fatal, porque al principio las noticias no eran nada esperanzadoras", lamenta y agrega: "Menos mal que tenemos grandes amigos que le dieron un cierto ánimo". Su perro también corrió presto a saludarle y su loro recuperó el habla y el canto perdido durante dos meses. Ahora, la mayor satisfacción de Jorge es estar en casa, disfrutando del sol en su jardín, respirando, con su mujer, "los dos juntitos".

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