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El desangelado viaje a bordo del autobús urbano

El uso del transporte urbano vigués cae un 91% por el confinamiento: de 5.317 pasajeros al día a solo 453 | Un trayecto en el circular deja momentos con solo dos viajeros

El estado de alarma deja estampas como ésta, con solo cuatro viajeros en el C1 en día laborable. // A. Villar

Pasan apenas unos minutos de las diez de la mañana y un autobús urbano de la línea C1, el circular que recorre el centro de Vigose detiene en una de las paradas de la calle Torrecedeira, la que se ubica ante el parque Camilo José Cela. Nadie más, salvo la periodista y la fotógrafa, se sube a bordo. A lo largo del trayecto que devolverá al autocar a ese mismo punto, para seguir realizando idéntica ruta las siguientes horas, el bus se topará a su paso con otro buen puñado de paradas solitarias. Y es que los efectos del estado de alarma en el que vivimos a causa de la pandemia del coronavirus se dejan notar bien en los itinerarios de Vitrasa. En un autobús como el C1, en el que antes del confinamiento había ciertas horas en las que se hacía muy difícil y hasta imposible encontrar un sitio libre donde sentarse, ahora ocurre todo lo contrario. El viaje que se describe en este artículo se realizó hace una semana, el martes 21 de abril: hubo momentos en los que en el autocar solo iban dos pasajeros. U otros, a la altura de la céntrica calle Urzáiz, en los que la cifra no pasó de cuatro. Durante la apenas media hora de trayecto para volver de nuevo a Torrecedeira, por un casco urbano desierto y sin casi tráfico, en ningún momento llegaron a coincidir más de ocho personas a bordo.

La baja ocupación del C1 -un circular con 29 paradas que tiene partida y llegada en praza de América pasando por céntricas y populosas zonas de la ciudad como calle Coruña, Torrecedeira, Cánovas del Castillo, Policarpo Sanz, Urzáiz, Gran Vía o calle Barcelona- es un claro ejemplo de como se ha desplomado el uso del transporte público urbano a causa del Covid-19. La drástica caída afecta a todas las líneas, que, debido a los servicios mínimos decretados por Vitrasa tras declararse el estado de alarma, han reducido sus frecuencias -y en algunas de ellas se ha suspendido el servicio temporalmente-.

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Los datos evidencian esta situación. La media de ocupación de los autobuses de Vitrasa en jornadas laborables antes del confinamiento -la referencia es la primera semana de marzo- era de 5.317 pasajeros diarios. El descenso ya fue abultado en la primera semana de medidas excepcionales para contener el virus, la del 16 a 22 de marzo, al bajarse a 642 viajeros al día. Y ya en este abril, en el período entre los días 13 y el 19, esa media disminuyó hasta los 453. Es decir, el bajón ha sido de un 91%. Y lo mismo ocurre los fines de semana, con un desplome que incluso crece algo más hasta situarse en el 95%: los sábados se ha pasado de 2.862 usuarios por jornada a los 142 actuales y, los domingos, de 1.290 a 65.

Un drástico cambio

"Esto ha cambiado mucho", resume María del Carmen, la conductora que va al volante del autobús de la línea C1 de ese viaje de hace una semana. Echa de menos la rutina de antes del coronavirus, con el habitual bullicio en los buses y los saludos e incluso bromas con los pasajeros. Todo es ahora mucho más desangelado. Por lo de pronto, los viajeros ya no entran por la puerta delantera. Deben hacerlo por la de atrás. Una mampara separa a los chóferes de la zona donde van los usuarios. "No hay contacto; con esta delimitación trabajamos protegidos", afirma la conductora. "La mampara y no tener que cobrar en efectivo son de las mejores medidas para nosotros", concreta.

Porque otra de las medidas de seguridad de la concesionaria del transporte urbano, que aún está cogiendo por sorpresa a algunos viajeros, ha sido la de desterrar monedas y billetes durante esta excepcional época. El pago es solo con tarjeta: con la PassVigo o con tarjeta monedero. A mayores, para evitar contagios, la ocupación del vehículo no puede superar el tercio del total, instándose a no usar los primeros asientos próximos al conductor y a ocupar solo un sitio por fila, el pegado a la ventana.

"Esta es una situación nueva y atípica, ves que hay gente con miedo, que entra con respeto", cuenta la chófer, que percibe que ahora solo usa el transporte urbano "quien realmente lo necesita". "Al principio aún veías a gente mayor que no entendía la gravedad de la situación, que cogía el bus solo para salir de casa, pero ya no", asevera. Entre los pocos usuarios del C1 de ese trayecto del 21 de abril está Concepción. Sube en praza de América. Es empleada de una empresa de limpieza: "Vengo de trabajar; si puedo voy andando, pero otros días cojo el autobús". José Ángel, otro viajero, relata que hizo transbordos ya que, por cuestión de la mutua, debe ir a una farmacia de Navia. Y otro vigués cuenta que es la primera vez que se sube al bus durante el estado de alarma. Va al banco. "Intenté arreglarlo por teléfono, pero no fue posible", resume resignado.

Concepción - Pasajera

"Tengo que ir a trabajar; si puedo voy andando, pero hay días en que cojo el bus"

María Del Carmen - Conductora de Vitrasa

"La mampara de separación y no cobrar en efectivo son medidas que dan seguridad"

José Ángel - Pasajero

"Debo a ir a una farmacia ubicada en Navia; hice transbordos desde mi casa"

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