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Los más pequeños interrumpen el confinamiento

La alegría toma de nuevo las calles de Vigo

Miles de niños salen a pasear tras 42 días de cuarentena | Los padres reconocen que supone un "balón de oxígeno"

Vigo vuelve a sonreír. Después de 42 días confinados, los protagonistas más valientes de la cuarentena, los niños, inundaron ayer las calles de la urbe para jugar, pasear, correr y saltar. Con pelotas, patinetes, bicicletas, peluches y, en algunos casos, mascarillas y guantes, miles de pupilos menores de 14 años celebraron el final de su largo encierro con la compañía de un tutor. Fue el primer día soleado tras una eterna tormenta que han sabido sobrellevar con actitud y paciencia ejemplares.

La alegría propia de la infancia contagió a una ciudad que ya ve un poco más nítida la luz al final del túnel. Y es que la postal que se dibujó en la metrópolis olívica en el séptimo domingo del estado de alarma es la más agradable que se recuerda. A los perros y sus dueños, que gozan desde el principio del permiso para sacar a los animales a pasear, se sumaron padres, madres y vástagos, que trasladaron la energía de sus hogares a las aceras para dar carpetazo al casi mes y medio superado bajo el mismo techo.

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Las familias de Vigo mostraron respeto y responsabilidad en este primer gesto de la desescalada, a excepción de contados casos en los que, en lugar de acompañar un adulto al menor, como ordena el Gobierno, fueron dos. Cabe recordar que el Ejecutivo limita estas salidas a un horario de 9.00 a 21.00 horas y recomienda mantener el distanciamiento para evitar un repunte de infectados por Covid-19.

En Navia, Guillermo y Marina no se separaban de su madre, Iria, cuando pasaban las 11.30 horas. Les hacía mucha ilusión volver a pisar la calle. Él se decidió por el patinete; ella, por un carrito de bebé. "Ayer [por el sábado], estaban muy nerviosos. Y hoy [por ayer], ya se levantaron a las 9 de la mañana. Hasta dejaron preparadas las mascarillas", relataba su progenitora, que considera un "balón de oxígeno" el levantamiento del veto a los pequeños. "Nos va a venir muy bien. Al llegar a casa, tocará limpiar los juguetes", advertía. Cerca, por As Teixugueiras, paseaban Isa y su hijo Martín. "Preguntaba a qué hora íbamos a salir desde que se despertó, estaba como loco por coger la bicicleta", destacaba antes de señalar que su vástago echa más de menos el colegio que jugar en el parque: "Tiene muy asumido que no se puede entrar".

Vanesa, que descansaba al lado de su hijo Martín en el parque Nelson Mandela después de corretear con él, aseguraba que es "un alivio" poder tomar el aire con su pequeño: "Ha salido cantando y me está costando convencerlo para volver a casa". La cuarentena le "apagó" el ánimo al párvulo, que estaba algo "agobiado": "Me costaba más que jugase e interactuase, estaba en plan sofá, por eso recibimos la noticia con mucha alegría". A unos pasos, Miguel reposaba sobre los hombros de su padre, David, de donde no se quería bajar. El niño estaba "encantado" sin salir, pero, al ver a otros chavales, se animó a romper el confinamiento. "Tengo miedo a que se pueda contagiar, vamos a intentar mantener las distancias. Me pidió llevar la pelota, pero, por ahora, no le dejo; prefiero esperar", anotaba.

Avenida de Samil

Silvia y su hija Sara eligieron la avenida de Samil para soltar las piernas. Ya habían dado las 12.00 horas en los relojes cuando optaron por poner fin a las 42 fechas de encierro. "Es una maravilla, estamos muy contentas. Ya llevaba mucho tiempo parada en casa; está bien por salud, aunque resulta escasa la hora que nos permiten", explicaba la madre. "Me apetecía salir, pero no me importaba mucho quedarme en casa: bailo, hago manualidades, juego en la tableta y hablo con mis amigas. Me divierto. El confinamiento no fue tan duro como esperaba", desvelaba la joven. El entorno del arenal no fue uno de los más frecuentados durante la jornada matutina.

Por el camino Pertegueiras, próximo a la playa, caminaban Meritxell y sus pequeñas, Gabriela y Alejandra. Después de casi mes y medio en casa, reconocían estar "superfelices". "No sabíamos qué juguetes sacar. Aunque vivimos en una casa, se agradece cambiar de escenario, ellas se oxigenan", manifestaba la progenitora ante sus chicas, a las que ya les apetecía este plan a pesar de pasárselo bien en su vivienda: "Nos disfrazamos, hacemos manualidades y también hablamos por videollamada con nuestras compañeras".

El paseo de Valentín Paz Andrade, en Bouzas, fue uno de los enclaves más concurridos en el día D. Casi a la 1 de la tarde, Lucas y Matías escalaban una roca mientras su madre, Pilar, les hacía una foto. La familia definía el momento como "fenomenal". "Nos hace bastante ilusión. Hemos tomado el aire e ido al quiosco: un premio que les había prometido", decía ella. Sus hijos ya tenían "ganas de salir": "Nos aburríamos un poco en casa". Ana, acompañada por sus vástagos, Pablo y Antía, también defendía la idoneidad de dejar atrás el estricto confinamiento: "Estaban muy alterados. En casa, ya se hablaba más alto de lo normal; necesitan gastar energía para descansar", apuntaba. Misma respuesta ofrecía Anxa con respecto a Gabriel y Adriana: "Es una jornada de alegría. Ya les hacía falta: pedían calle todo el rato y se les veía agitados e irascibles. La cuarentena avanzó lenta".

"Nos han dado una lección"

Los jardines de la avenida de Castelao, en el barrio de Coia, recobraron ayer su ambiente característico. Junto al popular volcán de agua, José Antonio confesaba que sus hijas, Matilde y Fidelia, que jugaban por el césped, ya tenían "ganas de salir". "Nos han dado una lección: hasta ahora, se han portado bastante bien", decía sobre ellas, quienes aseguraban estar "emocionadas". En esta misma zona, Alejandra se disponía a regresar a su hogar con Julieta y Sofía: "Es una sensación rara, pero estamos muy contentas. Me alegra ver sus caras de felicidad; que puedan correr y sentir y respirar otro aire es un alivio grande. Eran muchos días, ya les estaba cambiando el humor, se les notaba apagadas y se enfadaban mucho más que antes. Es el momento justo para salir, no aguantaban más".

José Antonio, Matilde y Fidelia - Avenida de Castelao

"Ya tenía ganas de salir, les viene perfecto; se portaron bastante bien durante la cuarentena"

Juan e Inés - Paseo de Valentín Paz Andrade

"Es un día especial. Está pendiente de muchas cosas; se encontró a algún amigo y lo saludó desde lejos"

Ricardo, Eva y Paola - Avenida de Castelao

"Estamos muy contentos; esperábamos que llegase este día para poder salir a dar un paseo"

Joaquín y Xabier - Paseo de Valentín Paz Andrade

"Ya se hacía un poco pesado, las semanas iban sumando; necesitaba salir a pasear"

Pilar, Lucas y Matías - Paseo de Valentín Paz Andrade

"Nis hace bastante ilusión. Hemos tomado el aire e ido al kiosko: un premio que les había prometido"

Silvia y Sara - Avenida de Samil

"Es una maravilla, llevaba mucho tiempo parada, pero la hora que nos permiten resulta escasa"

Sofía, Alejandra y Julieta

"Es una sensación rara, pero estamos muy felices. Me alegra que puedan correr y respirar otro aire"

Pablo, Antía y Ana - Paseo de Valentín Paz Andrade

"Necesitan pasear: estaban muy alterados y, en casa, ya se hablaba más alto de lo normal"

Rocío y Alberto - Murales de Navia

"No me apetecía mucho salir por el miedo a contagiarme, pero, ahora, lo agradezco"

Martín e Isa - Calle as Teixugueiras

"Tenía muchas ganas de salir; bajamos al trastero para coger la bicicleta porque estaba como loco"

Martín y Vanesa - Parque Nelson Mandela

"La cuarentena lo apagó, estaba agobiado, pero salió de casa cantando. Es un alivio y una alegría"

Manuel y Helena - Murales de Navia

"Es un día importante para los más pequeños; aunque se entretenía en casa, agradece el paseo"

David y Miguel - Parque Nelson Mandela

"Estaba encantado en casa, pero, al ver a otros niños en la calle ya le apeteció salir"

Lara y Mónica - Avenida de Castelao

"Se agradece mucho poder tomar al aire un rato; pasé un poco mal la cuarentena en casa"

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