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El mal uso de las redes agrava los problemas juveniles y llena los pisos de acogida

Los 146 menores que Berce recibió en 2019 rebasaron las plazas contratadas con la Xunta | El perfil mayoritario es el de adolescentes causantes de violencia intrafamiliar

Jóvenes acogidos en pisos de Berce, en uno de los cursos de uso de redes sociales. // Foto cedida por Berce

Jóvenes acogidos en pisos de Berce, en uno de los cursos de uso de redes sociales. // Foto cedida por Berce

Hubo una época, cercana, en la que las consecuencias de la crisis económica en las familias llenaba buena parte de los tres pisos de acogida que la Asociación de iniciativa social Berce tiene en Vigo. Hoy, el origen de los problemas que llevan a estos menores a llenar sus instalaciones es otra y tiene más que ver con el uso que hacen de las redes sociales y cómo les afecta a su carácter. Para sus 24 plazas de internamiento y sus 4 de atención de día, la entidad sin ánimo de lucro recibió el año pasado 146 jóvenes derivados por la Xunta. La cifra rebasa las plazas anuales contratadas por el Gobierno gallego. Y, aunque la entidad tiene espacio suficiente para asumir este incremento de demanda con comodidad para sus inquilinos, revela que el problema está desbordando las previsiones.

Berce gestiona más de una décima parte de las plazas que tiene contratadas la Xunta en la provincia para menores bajo su tutela o en régimen de a guarda -en el que los padres conservan la patria potestad y suelen ser más temporales-. El 90% de los casos que les llegan son de adolescentes. Sobre todo, de entre 14 y 17 años. La gran mayoría son jóvenes conflictivos. Casos complicados.

El presidente de la asociación, Miguel Ángel Yagüe, considera que detrás de ellos hay "una falta de valores muy primarios que se ve potenciada con las redes sociales". "Es un problema de control, de haber perdido el rumbo", añade. Cuenta cómo con cada caso observan las efímeras relaciones que se generan en estas plataformas y que se suelen disfrazar con mentiras. Cómo viven en un mundo virtual, irreal, "en el que pueden hacer lo que quieran y ser lo que quieran y, luego, cuando se encuentran con unas normas básicas de convivencia, no encajan el "no". Son niños que no controlan sus impulsos y canalizan esta frustración en forma de violencia. Una "agresividad incontrolada" en su entorno familiar que lleva a los padres a pedir auxilio y poner a sus hijos en las manos de otros. Las chicas y los chicos son igual de violentos. Están al 50%.

Esta violencia intrafamiliar es la causa más habitual entre los usuarios de los pisos de acogida de Berce. Pero hay otras, como el bullying, donde las redes también amplifican la intimidación de forma aterradora. Las instalaciones de la asociación albergan tanto acosadores como acosados.

"Los chavales pierden el control de su vida empujados por los demás. Se ven envueltos en una situación en la que, cuando se dan cuenta, ya están atrapados", describe Yagüe.

La falta de autoestima es otra de las consecuencias de vivir dentro del mundo irreal e "idílico" de Internet. En la asociación trabajan para que los menores "se valoren más y se hagan respetar", explica el presidente de Berce.

Un perfil que no abunda tanto, pero que el presidente de Berce considera que no debería ni aparecer en sus casas de acogida es el de los menores con trastornos de conducta por enfermedades mentales, como psicosis o trastornos maníacos depresivos. "Este entorno de convivencia no les favorece, necesitan centros especializados", defiende.

En la comunidad hay dos dirigidos de forma específica a la atención a estos menores: Chavea, en Vilagarcía, y Montefiz, en Ourense. Algunos de estos jóvenes no son destinados allí porque carecen de un diagnóstico psiquiátrico por escrito, según explica Yagüe.

La intervención de la asociación tiene éxito en más de la mitad de los casos. Estos chicos vuelven con sus familias tras encauzar sus problemas. Otros cumplen la mayoría de edad y siguen sus vidas de forma independiente. Los menores con los que no se consigue mejorar la situación, en muchos casos, son remitidos a centros de protección difícil.

Casa de primera acogida

La asociación, que este año cumple un cuarto de siglo de historia, cuenta con tres pisos de acogida en la ciudad de Vigo. Cada uno tiene 8 plazas de internamiento. Además, dos de ellos disponen de dos plazas de atención de día. En Ourense hay otro domicilio para otros 8 inquilinos.

El último dispositivo que han incorporado es una casa de primera acogida en la localidad de Barro. Se trata de un recurso especializado para cuando menores necesiten un atención residencial inmediata por una situación de riesgo o desamparo. Cuenta con un equipo multidisciplinar integrado por personal educador, una psicóloga y una trabajadora social para poder valorar y diagnosticar cada caso de forma urgente y poder agilizar así su derivación a otros recursos y para recibir una atención especializada.

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