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Rosanna Ojea: "La belleza puede estar en el día a día desde que te tomas el café"

"Elaboramos listas temáticas de música clásica o de cine; muchos se pegan a los altavoces con el Shazam o preguntan en la barra"

Rosanna Ojea, en el Vitruvia Café de Vigo // Marta G. Brea

Rosanna Ojea, en el Vitruvia Café de Vigo // Marta G. Brea

La asociación feminista Diálogos 90 entregará este sábado su premio Galega Destacada a la viguesa Rosanna Ojea, pianista y socia fundadora de Vitruvia Café, donde conviven la música clásica en directo, exposiciones, conferencias y clubes de lectura. Por la noche, lo celebrarán con "un concierto muy especial" y "muchos músicos" invitados.

-El premio reconoce su propuesta novedosa de fusionar la hostelería con la oferta cultural.

-La idea siempre fue fusionar los dos mundos porque nos parecía normal que estuviesen juntos. Lo raro es que sea tan novedosa aquí y ojalá que vaya a más. La hostelería es tan absorbente que tengo la sensación de vivir en un no parar desde que abrimos en 2015 y el premio ha sido una sorpresa y me ha obligado a pararme y hacer balance. El año pasado nos dimos cuenta de que Vitruvia empezaba a afianzarse. Todavía nos descubre gente, pero la sensación es que estamos creciendo y cada vez los conciertos se llenan antes aunque no es un programa habitual. Nuestra idea de un local un poco especial se asocia al Café Gijón y a esos locales emblemáticos de otras ciudades europeas.

-¿Se inspiraron en alguno?

-La idea fue naciendo muy poco a poco. Mi socio, Javier Ferreiro, al que daba clases de piano, es economista. Y a los dos nos unía que nos gusta la música y también la hostelería como usuarios. Y echábamos de menos que en Vigo no hubiese esos locales especiales de Berlín y otras ciudades. La idea fue tomando cuerpo y redactamos un proyecto empresarial cargado de filosofía para armarnos frente a los dueños del local y el banco. No era abrir un local más, sino una propuesta en la que había que creer y que se tenía que sostener. Tenía que ser rentable para sobrevivir.. Y ahí la labor de Javier es fundamental.

-¿Es su primera incursión en el mundo hostelero?

-Totalmente. Los dos teníamos nuestros trabajos. Estudié Publicidad y Relaciones Públicas y siempre me ha interesado mucho el mundo de la imagen y la relación pública bien entendida. El trato es fundamental y siempre he echado de menos en los locales que fuese más cálido y cercano. Todo lo que está pasando en Vitruvia y este premio lo relaciono muchísimo con ese toque humano que tiene. Además de estar disfrutando de un concierto y tomarte algo, hay un bienestar, que es lo que te engancha. Estás a gusto y repites.

-¿Tienen un público fiel?

-Tenemos gente muy fiel, muy habitual en cada franja y fines de semana. Hay mucha gente que ya conocemos, y también siempre llega alguien nuevo. La afluencia en los conciertos está subiendo y la gente nos pregunta más últimamente, también por las noticias sobre el premio o James Rhodes.

-Su visita es un buen gancho publicitario.

-(Risas) Cuando vino hace dos años, que fue una sorpresa, estaba invitado a un club de lectura que se hacía en Vitruvia. Nos llamó mucho la atención, fue algo muy cercano por su parte. Entablé cierta sintonía con él y cuando volvió la semana pasada me escribió para vernos. Él lo ha conseguido a lo bestia, pero tenemos en común la idea de acercar la música clásica, que a veces no parece que se pueda consumir con facilidad o diariamente. En Vitruvia desayunas tomándote un café y escuchando música clásica o de cine, que es difícil encontrar en otros locales.

-Dada las carencias en formación musical en nuestro país incluso cumplen esta función.

-Es una forma de acercar la música y de que la gente se dé cuenta de la influencia que tiene incluso en su estado de ánimo. La luz, el mobiliario y el trato por parte de las trabajadoras, que es decisivo, también son importantes, pero la música tiene un papelón en el conjunto. Aunque a veces pase desapercibido. Creo que faltan personas que conozcan la música y que tomen la decisión voluntaria de hacer la recopilación adecuada para que la gente pueda sentirse bien.

-¿Le preguntan mucho los clientes por las piezas que suenan?

-Creo que mucha más gente que en ningún otro local. Ves a muchos con el Shazam activado y el móvil pegado al altavoz y otros se acercan a la barra a preguntar. Elaboramos nuestras propias listas temáticas, no ponemos una emisora. Es un gustazo que se disfruta más o menos conscientemente pero que está ahí. Es el punto humano que lo recoge todo. Ya no solo es que descubramos la música, mi idea es casi más romántica, es la de sacar la belleza a la luz. El arte, del que la música forma parte, está más allá de los museos o los libros de texto. Está en nuestra vida para hacernos el mundo más bonito. Y la belleza puede estar en el día a día desde que te tomas un café. Y es una buena opción tener un sitio un poco especial al que ir. También los músicos nos dicen lo importante que es para ellos tener un espacio en el que tocar en directo.

-Diálogos 90 hace visible con este premio la labor de mujeres en todo tipo de ámbitos.

-Siento muy orgullo de haber llegado hasta aquí y el colofón del premio es una pasada. Se ha dado una combinación única y el galardón contribuye a seguir visibilizando el papel de la mujer en el mundo empresarial, mayoritariamente masculino, y en el de la música, donde está un poco relegada. Vitruvia ya esa más que un espacio físico, la gente lo empieza a asociar a calidad. También tenemos una visión empresarial muy ética y con valores de verdad. Y esto es lo que te da la opción de seguir y crecer.

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