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Muere el doctor Tiburcio Angosto, maestro de la Psiquiatría en Vigo

Formaba parte del equipo de Psiquiatría del Hospital Vithas Fátima. Fue jefe de servicio en varios centros y compaginó su labor profesional con la docencia y la divulgación.

El doctor TIburcio Angosto // Ricardo Grobas

El doctor TIburcio Angosto // Ricardo Grobas

El doctor Tiburcio Angosto, doctor en Medicina y médico psiquiatra en el Hospital Vithas Nuestra Señora de Fátima de Vigo, ha fallecido este miércoles a los 70 años de edad. El doctor Angosto, natural de Cartagena (Murcia, 1949), contaba con una amplia trayectoria profesional que le granjearon gran popularidad entre sus pacientes. Compaginó su actividad profesional como psiquiatra y jefe de servicio en varios centros con el asesoramiento a órganos nacionales e internacionales -desde el Sergas hasta la OMS—, la investigación o la docencia. Nunca dejó de lado la divulgación y son conocidas sus colaboraciones y entrevistas, algunas de ellas con FARO DE VIGO, para abordar asuntos de la siempre compleja psiquiatría humana, como el suicidio o la depresión y su impacto en la sociedad.

Angosto ejercía en el Hospital Vithas Fátima desde el año 2014. Previamente había sido Jefe de Servicio del Complexo Hospitalario Universitario de Vigo, en el Hospital Nicolás Peña o Jefe de los Servicios de Salud Mental de la Consellería de Sanidade. También en su extenso curriculum figura su paso como Jefe del Área de Salud Mental de Murcia. Además, fue psiquiatra en el Sanatorio Villablanca de Tarragona, en el Hospital Psiquiátrico de Oviedo y en el Psiquiátrico 'Rebullón'.

Doctado en Medicina por la Universidade de Santiago de Compostela, con la tesis titulada "Formas actuales y evolución de los cuadros de histeria", Angosto hizo de docente, como profesor asociado del Departamento de Psquiatría, Radiología y Salud Pública de la USC. Suyas son varias investigaciones y publicaciones (30 capítulos de libros y documentos asistenciales, más de 20 artículos en revistas nacionales e internacionales o la participación en cerca de 60 ponencias en congresos de psiquiatría) a lo largo de un carrera en la que tampoco renunció a las labores de asesoramiento. Supervisió guías y políticas de salud mental de la OMS y figuró como miembro de la Comisión Asesora de Salud Mental la Consellería de Sanidade, así como de la Comisión Nacional de Especialidad de Psiquiatría. Sus consejos llegaron al otro lado del charco, como consultor temporal en Salud Mental de la Organización Panamericana de Salud-OMS.

Igualmente era conocido Angosto por la divulgación, siempre preocupado por hacer llegar al gran público los rincones y la visión poliédrica de la mente humana. En 2016 analizó el comportamiento psiquiátrico del Don Quijote de la Mancha y, en efecto, perfiló su diagnosticó: sus hallazgos apuntaban a que la "destemplanza" de Alonso Quijano podía ser en realidad psicosis reactiva; un trastorno por el que a día de hoy -decía— sería internado y tratado con neurolépticos.

Siempre dispuesto a atender la llamada de los medios, aportó sus puntos de vista en las páginas de FARO con ocasión de sucesos a menudo tan insonsables como mediáticos: el asesinato del pequeño Gabriel a manos de Ana Julia Quezada o el accidente del avión de Germanwings arrojado contra los Alpes por su piloto fueron algunos ejemplos. "No hay una relación entre la depresión y provocar un accidente de avión", subrayaba entonces en una entrevista con este diario. "Los suicidios con depresión suelen ser más íntimos".

Hasta en el siniestro de O Marisquiño Angulo recomendó a las jóvenes arroparse del calor familiar para superar una experiencia traumática. No fue la única vez que tuvo a los más pequeños entre su foco científico. En 2015 desmintió el mito en el blog del Hospital Vithas Fátima que los juguetes belicosos volvieran a los niños más agresivos, aunque advirtió que los juguetes deberían contribuir a la socialización y la imaginación de los menores.

Angosto llegó a Vigo en el año 1977. Su profesionalidad y profundo conocimiento de la psiaquiatría le otorgaron una gran -y merecida— en una ciudad que hoy le despide.

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