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Faro de Vigo

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Cuenta atrás para el espectáculo del alumbrado navideño

La ciudad también tiene sus 'Grinch'

Vigueses que detestan esta época del año relatan cómo escapan al espectáculo y las luces en la urbe más navideña de España

Ciudadanos de Vigo a los que no les entusiasma la Navidad. // B.M.

Temen que se aproxime la Navidad, rechazan decorar sus viviendas y odian el consumismo que abandera esta tradicional celebración que cada año asoma más pronto y deja una estela más larga. La letanía de anuncios de colonias y juguetes adueñándose de las pausas en televisión es un ataque a sus principios y, mientras miles de turistas de una variopinta lista de ciudades españolas anhelan la llegada del encendido de los 10 millones de leds, ellos señalan en rojo esa cita en su almanaque. Son discípulos del Grinch que residen en Vigo, la capital de las luces en estas fechas. Al igual que el personaje cinematográfico del filme homónimo, que viralizó esta figura bañada de verde, detestan los días navideños y comparten un pasado harmónico en la época de Papá Noel y los Reyes Magos.

David es uno de ellos. Acompañado por su mascota -como el protagonista caracterizado por Jim Carrey-, asegura rotundamente que no le gusta la Navidad. Tampoco a su pareja Noela. "Nos dan ganas de marcharnos cuando llega el momento del encendido. Vivimos cerca del Casco Vello y se vuelve difícil caminar por la zona", reconoce él. "Lo único que se fomenta es la compra; es consumismo puro y duro. La esencia se perdió hace bastante tiempo", añade ella. Ambos tienen claro que los regalos no deben estar vinculados a un momento particular. "Los que hacemos son para cubrir alguna necesidad o que realmente generan ilusión. Si alguno puede ser solidario, aprovechamos", concreta Noela, quien censura la "competencia" que se genera a raíz de la iluminación. "Me gusta que se decoren las calles, que haya sensación de Navidad, pero es excesivo e innecesario el nivel al que se llega ahora. Se favorece el 'ser los mejores en', algo que no hace falta", critica. David admite, entre risas, que la única diferencia de esta época con el resto del año, ya que no engalanan su vivienda, es que encienden las estufas en casa. Ninguno de los dos se subirá a la noria ni se acercará al parque de atracciones de la Alameda. "No me atrae nada", señala David.

La mercantilización de la Navidad es la causa principal por la que Natalia aborrece esta festividad. "Es un símbolo consumista, cambió su esencia original", apostilla. Tampoco le gustan las aglomeraciones de gente y odia que "cada vez empiece antes y finalice más tarde". "Deseo que pase, no quiero que llegue. Vivir en Vigo en estas fechas es un poquito agobiante por el tema del turismo, no puedes estar tranquila en tu ciudad", alega. A su pareja, Pedro, sí le complace esta celebración y no lamenta que su hogar no vaya a estar decorado. "Hay que amoldarse; lo llevo bien. Fuera, hay mucha oferta", confiesa. Sin embargo, Natalia avanza que disfrutará de la noria. "Al final, acabaré cayendo, tengo que admitirlo", dice sonrojada.

Estos mismos motivos expone José Antonio, que está "asqueado" del "mercantilismo" de esta fiesta. "Llega un momento en el que los niños tienen tropecientos regalos, ya no los valoran. Antes, te levantabas con más ilusión. Ahora, está Papá Noel, que yo nunca lo viví. En nuestra familia, hacemos el amigo invisible y damos un detalle. Ya no sabes qué regalar. Se pierde el valor que tenía, solo importa cumplir con un estándar que se publicita: gastar dinero", opina. Además, pone el foco en el espectáculo lumínico. "El tema de las luces parece que se tiene que hacer como un negocio para la ciudad. Desde ese punto de vista, lo entiendo, pero no lo comparto, lo veo algo más familiar y personal", anota antes de señalar que no pasará por el centro de Vigo en Navidad. "Recuerdo venir un 28 de diciembre por aquí a caminar y escuchar villancicos por los altavoces, le daban un ambiente muy chulo a la ciudad. Ahora, es casi un show", asevera con tono melancólico.

Daniel aduce "motivos familiares" para declararse antinavideño. Lo es desde que tenía 15 años. "Siempre supuso en casa motivos de riña y división. Es un tiempo que, en mi caso, en lugar de traducirse en alegría, se traduce en tristeza", manifiesta, a la vez que muestra su desacuerdo con la relación que se establece entre Vigo y este festejo que corona el cambio de dígito en el calendario. "Vigo, siendo una ciudad marítima, con el primer puerto pesquero de Europa, es mucho más que sus Navidades. Podría explotar más el mar, le daría un carácter diferencial", propone. A su vez, reprueba el cambio de rumbo de la celebración hacia fines más "capitalistas". "El mercantilismo es lo que más rabia me da. Muchas veces, discuto con mi familia por el tema de los regalos: no deberían estar sujetos a una época del año, sino ser algo más espontáneo", defiende. Montse y Alfredo apoyan esta postura y tienen claro que no transitarán por el centro de la urbe olívica "en todo el mes de diciembre". "No decoramos nuestra casa, sobra", sentencia ella.

El consumismo navideño, un legado de las generaciones 'baby boom'

Xesús Lage, profesor del área de Sociología de la Universidad de Vigo, asegura que la Navidad ha cambiado a la par que la sociedad. "Las generaciones del baby boom, que llegaron a su madurez en los años 80, crecieron en la sociedad de consumo incipiente que, en esa época, ya está desarrollada. La Navidad y el resto de efemérides que marca el calendario, como el Día de la Madre, son secuestradas para convertirlas en citas de no solo celebración, sino también de justificación para las compras", concreta.

DAVID - 34 AÑOS

"Nos dan ganas de marcharnos cuando llega el encendido"

NATALIA - 39 AÑOS

"No quiero que llegue la Navidad; que pase rápido. Es agobiante"

JOSÉ ANTONIO - 50 AÑOS

"Estoy asqueado del mercantilismo; ahora, es casi un show"

DANIEL - 28 AÑOS

"En mi casa, siempre supuso motivos de riña y división"

ALFREDO - 44 AÑOS

"No iré por el centro de Vigo durante todo el mes de diciembre"

MONTSE - 42 AÑOS

"No ponemos ninguna decoración en casa; es algo que sobra"

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