27 de octubre de 2019
27.10.2019

Cosiendo lazos de amistad

En el corazón de Vigo se aprende a coser compartiendo vivencias y creatividad

27.10.2019 | 02:38
Arantxa y sus alumnas intercambiando opiniones en una de las clases de costura. // José Lores

"Café-Costura" es el taller en el que Arantxa Fontenla enseña todo lo que sabe y acoge a todo aquel que quiera disfrutar del arte de la aguja y el dedal. Estas clases de costura son el germen de estrechas relaciones de amistad entre un grupo de mujeres que buscan en la práctica de la costura un modo de evasión.

Un despido fue el origen de "Café-Costura". Lo que empezó siendo una fuente de ingresos, hace siete años, se convirtió en todo un proyecto de vida para su creadora, Arantxa Fontenla. Hilo a hilo, puntada tras puntada, logró crear un ambiente lúdico en el que aprender y compartir a partes iguales. "Me ubiqué en la calle Venezuela por su proximidad a los colegios y pensando en que vendrían las madres de los niños, pero tengo clientas de ámbitos y edades variadas", detalla esta viguesa de 51 años.

En una oficina de 30 metros cuadrados, recibe a sus veinte clientas y amigas entre telas, máquinas de coser y prendas ya confeccionadas. "Aquí cosemos, reímos, tomamos café e incluso emprendemos", comenta. El taller actúa como si fuese la casa de todas, un lugar en el que sentirse a gusto, ponerse cómoda, divertirse y no pensar en los problemas.

El buen clima que se respira traspasa las paredes de estas dependencias y son las propias alumnas las que recomiendan la experiencia de Café-Costura a otras. "Yo vengo porque me lo recomendó mi hermana y me gusta porque es una forma de conocer gente y aprovechar el tiempo sin estar pegada a una pantalla", explica Patricia. "Hace dos años, me apunté porque me lo comentaron unas mamás del colegio", dice Mónica.

En un mundo hiperconectado a golpe de clic, aprender a coser es la excusa para pasar dos horas a la semana compartiendo la misma pasión, creando y poniéndose al día las unas de las otras. "Aquí no tienes que estudiar; vienes a tu aire y estás unas horas con gente", explica Amaya. "Todo lo que sea ir a un sitio en el que haya gente y en el que puedas aprender cosas, te ayuda a relacionarte más", afirma Mónica.

El nuevo yoga

Coser o hacer ganchillo ya no es cosa de mayores. Estas prácticas están de moda entre las nuevas generaciones como un método de evasión y de relajación. "Yo vengo para escapar de la oficina, lo de hacer tu propia ropa está muy bien porque da orgullo, pero para mí venir aquí va más allá de eso", expone Amaya. "Hacer ganchillo requiere de mucha concentración a la hora de contar los puntos, eso ayuda a no pensar en más cosas y relaja", aclara Arantxa.

Además de tranquilizar, las alumnas de Arantxa desarrollan su creatividad con cada pieza que hacen y con cada tela que compran. La puerta de la oficina es todo un mural de creaciones, decorados hechos en lana o dibujos que indican que en el interior la inspiración no tiene fronteras. "La costura te hace ser más creativo, a pensar en ideas y te mueve a tener iniciativas", apunta Patricia.

El centro de Venezuela es musa de proyectos creativos. Una de sus clientas más jóvenes acude a diario para desarrollar su propia colección de vestidos de novia que verá la luz de aquí a unos meses. "Estudió Diseño de Moda y en mi taller cose todas sus piezas", explica Arantxa.

Juntas aprenden, diseñan, intercambian ideas, forjan amistades y se entretienen entre patrones, agujas e hilos, en una pequeña oficina ubicada en el corazón de la ciudad olívica.

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