05 de agosto de 2019
05.08.2019
Discurso del Obispo

"Esta ciudad se ganó un merecido puesto entre los líderes de la nueva sociedad, abierta y sin fronteras"

05.08.2019 | 02:09
El obispo en su discurso. // Brea

Santísimo Cristo de la Victoria, Santo Cristo de Vigo: en esta tarde maravillosa hemos recorrido contigo, de nuevo, las calles de nuestra Ciudad, sintiendo tu poderosa protección y lo hermoso que es caminar juntos y unidos a tu lado.

En estos días de la Novena en tu honor el cariño de tus devotos se ha ido templando para romper en esta tarde en una explosión de piedad en las calles de nuestra Ciudad en las que los vigueses hemos caminado a tu lado de la mano de tantos devotos que han venido de cerca y de lejos.

Para Vigo, celebrar la fiesta del Santísimo Cristo de la Victoria es como renovar un memorial que nos constituye como una ciudad especial, asentada en nuestra historia providencial y lanzada por vocación a un permanente renovarse en la búsqueda de un presente y de un futuro de excelencia, al que no podemos ni queremos renunciar.

Nuestros niños, nuestros jóvenes, nuestras familias, nuestros colegios, nuestros trabajadores y nuestros empresarios son el verdadero tesoro que nos hace sobresalir. El maravilloso potencial de Vigo está en cada uno de nosotros, en todos nuestros hermanos, en nuestras familias y en nuestras empresas. Conscientes de todo esto, Santísimo Cristo de la Victoria, te pedimos hoy que nos bendigas a todos, a nuestras familias y a las empresas de nuestra Ciudad.

La competitividad de Vigo es legendaria, pero no lo es menos su solidaridad social. Es por eso que los que hemos venido a esta Ciudad nos hemos encontrado tan a gusto y tan acogidos que somos de aquí. En un día como tu fiesta de hoy, Santísimo Cristo de la Victoria, queremos renovar nuestra apuesta por una competitividad irrenunciable que acoja a todos, que no prescinda de nadie, que no descarte a los más débiles. Y, con tu intercesión, queremos seguir construyendo la sociedad más solidaria.

Te pedimos especialmente en este día, Santísimo Cristo de la Victoria, por nuestros mayores y por nuestros enfermos. Ellos lucharon y sufrieron y siguen luchando y siguen sufriendo al lado de los suyos y tantas veces en la dura soledad. No podemos negarles a los más débiles lo mejor que la sociedad moderna y la ciencia han hecho realidad con la más fascinante capacidad médica y asistencial de todos los tiempos.

Estamos moralmente obligados a ser exigentes con nosotros mismos y con nuestros gobernantes en la atención esmerada de los que sufren, hasta el punto de que, si fallamos en esto, aquello que llamamos progreso es una pura falacia.

Nuestra Ciudad de Vigo se ha ganado merecidamente un puesto destacado entre los líderes de la nueva sociedad, abierta y sin fronteras. Corremos en el grupo de cabeza de los que atisban en el horizonte nuevas dimensiones. Estar ahí ha costado muchos sacrificios y mucha inteligencia. Es un honor que nadie puede arrebatar a nuestra Ciudad y supone también una responsabilidad que, solo si apoyamos todos, se podrá sostener.

Nuestro liderazgo tecnológico y social no puede ser una carga. Nuestra Ciudad lo ha asumido siempre como una vocación. Es sencillamente nuestra vocación. La vocación de Vigo es liderar, abrir caminos nuevos a un mundo que duda de sí mismo.

Te pedimos, Santísimo Cristo de la Victoria, que, en esta hora, no dudemos de nosotros mismos y que asumamos con alegría la vocación que tu nos diste, la de remar juntos hasta la victoria. Y así uniremos a nuestra imparable capacidad tecnológica, el alma acogedora, solidaria y devota de tu siempre bendecida Ciudad. Amen.

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