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Plazas con mecanismo automático, una fórmula que también fracasó en Madrid

El parking robotizado de A Laxe abrió sus puertas hace 20 años gracias al impulso de Zona Franca y la colaboración de la Autoridad Portuaria, que tuvo que ceder terrenos. El subterráneo se enmarcaba en el ambicioso proyecto Abrir Vigo al Mar y -junto a los parkings de Praza da Estrela, O Berbés y el Centro Comercial A Laxe- pretendía liberar de coches el entorno. La razón de que se optara por un sistema automático, explicaba el por entonces delegado estatal, Pablo Egerique, era mejorar la seguridad del recinto y ganar espacio: al no permitir el paso de personas, el riesgo de robos o vandalismo se esfumaba, al tiempo que se reforzaba el aprovechamiento de los dos sótanos. Dos décadas después el mecanismo ha revelado ser, sin embargo, demasiado engorroso y caro para el Consorcio. Cada mes su mantenimiento le cuesta unos 16.000 euros.

El de A Laxe no es sin embargo el único aparcamiento robotizado que ha "pinchado" en España. El Ayuntamiento de Madrid tuvo quebraderos de cabeza incluso más graves por el subterráneo de la calle Alameda, en pleno centro y marcado por sus constantes averías. Solo en 2015 el mecanismo encargado de desplazar los coches llegó a rondar el centenar de incidencias, algunas tan graves que afectaron durante varios días al funcionamiento del parking. La infraestructura tiene 171 plazas para vehículos repartidas en nueve niveles subterráneos.

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