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Ciencia divertida para pequeños curiosos

Un taller urbano impartido por el divulgador científico David Ballesteros recorre este verano las calles de Vigo con sorprendentes experimentos dirigidos a un público familiar

Público asistente al taller celebrado detrás del Marco. // FdV

Público asistente al taller celebrado detrás del Marco. // FdV

La ciencia. Esa asignatura pendiente para muchos y desconocida para otros, pero practicada y puesta al alcance del público por algunos pocos. Esto último es la labor a la que se dedica el profesor y divulgador científico David Ballesteros. "Es muy difícil atraer a los niños y, en especial, a los adolescentes al mundo de la ciencia, pero hay maneras de que la entiendan de una manera simple", explica. Ballesteros es responsable creativo y socio fundador de Ceo Aberto, una empresa de Vigo que se dedica, entre otras cosas, a cultivar este campo de conocimiento en los más pequeños, pero siempre de una manera dinámica y creativa para todas las edades.

Este verano, Ballesteros deja a un lado las aulas para llevar a las calles viguesas sus particulares experimentos. De una manera ágil, divertida y, sobre todo, sencilla, realiza pruebas científicas, analizando falsos mitos y creencias que alcanzan gran popularidad y viralidad en las redes y, haciendo que todo el público sea partícipe. "La idea de este taller es hacer experimentos espectaculares y luego ver su base científica. Cuando vemos algo que no entendemos, lo que nos sale como especie es inventarnos una explicación. Y lo que hace la ciencia es darle una causa lógica, coherente y basada en el método científico", cuenta David Ballesteros.

¿Magia o física y química?

El taller propone más de una docena de experimentos de todo tipo y el profesor utiliza materiales corrientes como agua, globos, botellas de plástico o guías telefónicas. Ante las caras de desconfianza de los presentes, el divulgador científico comienza la actividad retando a los niños a que derritan un cubito de hielo con sus propias manos. Él, mientras, se adelanta utilizando un disipador de calor de un ordenador. Los niños se sorprenden al contemplar como el agua que forma el cubito pasa inmediatamente de estado sólido a líquido. Es el fenómeno de la conducción de calor a través de los metales, les explica Ballesteros. Entender la presión hidrostática de fluidos nunca fue tan fácil como con la prueba llamada "kétchup de la verdad", una botella de plástico rellena de agua hasta el borde y con una bolsita de la salsa flotando en su interior. "Si hago experimentos un poco espectaculares y cuento cosas curiosas, enseguida capto la atención de la gente", comenta David Ballesteros. Y el interés es absoluto con la serie de ensayos en los que el fuego es el protagonista. Con sal, alcohol y otros compuestos químicos como el ácido bórico, en contacto con el quemador de laboratorio, consigue crear llamas de color rojo, naranja y verde.

Las actividades continúan con llamaradas de fuego creadas con nitrocelulosa que se consumen instantáneamente; llamas que alcanzan el metro y medio de longitud hechas con el conocido como aliento de dragón o licopodio; y la prueba, casi mágica para los asistentes, de llenar con agua un vaso que contiene polvos de poliacrilato de sodio. El resultado de este último experimento parece imposible a ojos de los espectadores. El vaso parece que nunca se llena porque el poliacrilato es un compuesto absorbente. El público ya está hipnotizado.

El taller finaliza con las llamativas actividades de efectos de presión, en las que el público adulto se deja romper un ladrillo sobre una tabla colocada en su pecho; o bien se coloca sobre una cama de clavos, también dejándose romper un ladrillo sobre el tronco con una maza.

"La gente es muy participativa, sobre todo, los niños que siempre quieren ser voluntarios y protagonistas", admite Ballesteros. Chiquillos y adultos quedan fascinados con el taller. "Paréceme xenial que os nenos teñan a oportunidade de achegarse a estas experiencias e descubran outras inquedanzas", cuenta Mari Lu, quien se acercó con sus dos hijos a ver la actividad. Uno de ellos, Roque, tiene claro cuál fue su experimento favorito. "El que más me gustó fue el de hacer desaparecer el agua en el vaso, nunca se llenaba", detalla sorprendido.

El taller se enmarca dentro del programa "No verán? un conto", de la Concellaría de Normalización Lingüística del Concello de Vigo. El divulgador David Ballesteros continuará mostrando estos y otros experimentos al público vigués durante las siguientes semanas. Sus próximas citas serán el 30 de julio en la calle Teixugueiras, en Navia, el 2 de agosto detrás del Marco y el 6 de agosto en la Alameda de Bouzas.

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