09 de julio de 2019
09.07.2019
In memoriam // 'Chito' Riera Besada

Chito Riera, un hostelero de raza que contribuyó a modernizar el sector

Adiós al alma del restaurante Cíes, de Canido

09.07.2019 | 01:30
"Chito" Riera, en su restaurante Cíes, en 1994. // Cameselle

Con la discreción habitual de sus actos se nos ha ido "Chito" Riera, quien ejerció con iniciativa y visión de futuro su contribución a la optimización de la hostelería de Galicia, tanto desde su restaurante como desde su posición pública como vicepresidente de la Asociación dos Amigos da Cociña Galega, pionera en Galicia de agrupación gastronómica, consolidada en la actualidad. Máximo responsable del "Cíes" de Canido durante años, también fue fundador y presidente de la Federación Provincial de Hostelería de Pontevedra.

Era la cuarta generación de los Riera que cogía las riendas del famoso establecimiento de Canido, Restaurante Cíes. Su bisabuelo, Jerónimo Riera Amat, barcelonés, fundador del restaurante en este mismo marco, maravilloso, con las Islas Cíes enfrente, por donde hemos pasado repetidas ocasiones la mayoría de vigueses y foráneos.

Jerónimo Riera Besada, a quienes todos llamamos "Chito", contaba con orígenes hosteleros de su madre, cuya familia atendía una fonda y casa de comidas en A Ramallosa. Fue ella la que transmitió el arte y cariño cocinero a su esposa, Carmen, que llegó a ser el alma de la cocina del Cíes acompañando a "Chit"o y sus hermanos Tito, Fito y cuñadas durante los muchos años que pasaron al frente de su reconocido restaurante.

Padre de cuatro hijos Jerónimo, Antonio, Marcela y Bea, y abuelo de cinco nietos: Anxo, Brais, Antón, Diego y Adrián. Con treinta años abandonó su puesto en la administración como P. Mercantil en una conocida conservera para dedicarse plenamente al Restaurante familiar,posteriormente también hotel. Con mucho esfuerzo consiguió situarlo en un nivel de calidad excelente junto a Carmen, que se nos fue hace años. "Chito" ahora ha salido a su encuentro.

A partir de ahora acudirá a la cita del Concierto de Año Nuevo de Viena, como lo hacía todos los años desde su vocación melómana celestial; y de vez en cuando tarareará su canción preferida, Anduriña, acompañada con su sonrisa pretérita apretando la boquilla de su inseparable pipa.

Nos deja la pena de no seguir disfrutando de sus hedónicas charlas, ideas, amabilidad, amigos, partidas de dominó, cartas y, en suma, realidades de la vida que ha compartido con quienes le hemos conocido. Y es que todo su tiempo, de una manera u otra, ha sido dedicado a iniciativas y hechos agradables. En su memoria bridamos con un vino del Condado que tanto le gusta.

*Pintor

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