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Lecciones contra el infradiagnóstico del maltrato

Una investigación de médicos vigueses demuestra la necesidad de formar a los sanitarios para aumentar la detección de casos de violencia de género, que es menor del 10%

Desde la dcha., Beatriz Pérez, Aránzazu Dorrego, Pedro José Otero, Laura Otero, Ana Clavería y Rosa Izquierdo. // J. Lores

Desde la dcha., Beatriz Pérez, Aránzazu Dorrego, Pedro José Otero, Laura Otero, Ana Clavería y Rosa Izquierdo. // J. Lores

No todas las mujeres sometidas a violencia de género acuden a los juzgados a denunciarlo, pero sí van todas a los centros de salud porque "en mayor o menor medida, todas ven mermada su salud", explica la doctora Rosana Izquierdo, responsable del grupo que aborda este problema en la Asociación Galega de Medicina de Familia y Comunitaria (Agamfec). Calculan que el 30% de las usuarias de Atención Primaria están en esta situación y en las consultas solo se detectan entre un 5 y un 10%. Un estudio de médicos de familia en formación en el área de Vigo ha demostrado la importancia de la formación de los profesionales en este campo para elevar este porcentaje.

Y por obvio que pueda parecer, no es lo habitual. La doctora Izquierdo imparte un curso obligatorio de cuatro horas para los MIR de Vigo desde 2009. Aunque no lo puede asegurar, cree que es la única unidad docente de Galicia que lo incluye. Y destaca que es "importantísimo" que esta formación se extienda a todos los profesionales de Primaria porque, "además de una violación de los derechos humanos, es un problema de salud y como tal tenemos que saber abordarlo".

Beatriz Pérez, Aránzazu Dorrego, Pedro José Otero y Laura Otero Gómez, MIR de los centros de salud de Coruxo, O Porriño y Sárdoma firman el estudio "Efectividad de una intervención educativa sobre violencia de género en centros de atención primaria del área de Vigo", del que la doctora Izquierdo es tutora. Mediante un test, evaluaron la actitud hacia estas mujeres y los conocimientos que sobre los protocolos de actuación tenían un grupo de enfermeras, trabajadoras sociales, matronas, pediatras y facultativos de familia. Les impartieron luego un curso y volvieron a someterlos al mismo test meses después.

Concluyeron que había una clara mejoría. Sabían hacer las preguntas apropiadas, relacionaban la violencia de género y situaciones de vulnerabilidad como el embarazo, avanzaban en los conocimientos sobre la determinación del riesgo, hubo una evolución positiva en sus creencias sobre por qué una víctima no abandona a su pareja?

Y todo empieza por la visibilización y sensibilización. "¿Cuántas mujeres vienen a la consulta y están tomando ansiolíticos o tienen insomnio y no le hemos preguntado nunca qué tal van las cosas por su casa? Solo se ve lo que se mira y solo se mira lo que se tiene en mente. Tenemos que estar sensibilizados de que esto existe y de que es muy prevalente, para hacer las preguntas precisas", defiende la doctora.

Entiende que, una vez que tienen el problema presente, echarán mano a los protocolos de actuación existentes en la comunidad. "Debemos conocerlos y aplicarlos", insiste. No solo para identificar casos: "Se tiene que enfocar como cualquier otro problema de salud, hay que hacer una detección, pero también una valoración y una actuación. Hay que darle respuesta".

Evaluación biopsicosocial

La evaluación debe ser "biopsicosocial de su situación, de su riesgo y de la etapa de cambio en la que está". La actuación dependerá mucho de esta última. "Hay mujeres que ni siquiera lo admiten, porque reconocerse como mujer maltratada es muy doloroso y es un proceso de años", argumenta.

La doctora Izquierdo apunta tanto a la falta de formación como a la falta de tiempo en consulta como factores principales que explican el bajo índice de detección en un problema tan prevalerte. Destaca un tercer problema en la actuación posterior: la "dificultosa coordinación" de todos los estamentos que deben participar en la atención de estas mujeres. Además del sanitario, el policial, el judicial, el social y el municipal.

Dependiendo del riesgo, se deriva el caso a unos u otros servicios. "Pero derivarla no es dejarla, es acompañarla por nuestra cercanía al paciente", subraya.

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