01 de junio de 2019
01.06.2019

Muralistas critican las pintadas vandálicas en espacios públicos como el tranvía

Condenan que se dañen elementos de especial valor - Apuntan a autores "adolescentes"

01.06.2019 | 04:54
Destrozan el tranvía de Coia con una pintada. // Andrea Mariño

Para unos es un acto vandálico que no tiene ningún tipo de justificación. Otros entienden la motivación que hay detrás. Y hasta alguno le encuentra una lectura artística. Pero todos los artistas que se han prestado a participar en este artículo coinciden en criticar que se dañen elementos de la ciudad con especial valor y el trabajo de los que han puesto todo su esfuerzo porque luzcan bellos.

"Para mí es vandalismo puro y duro", entiende Marcos Míguez Puhinger, que ha sufrido reiteradamente en su retrato de la poeta María do Carme Krukenberg -en las escaleras de la calle Roupeiro- acciones similares. "Yo también hice grafitis en mis inicios, pero en paredes donde no molestaba, no en materiales nobles, portales, monumentos...", señala y añade: "Al final es una falta de educación que acabamos pagando todos". Pero también advierte de que el mundo de los grafiteros es "muy complicado". "Siguen con el romanticismo de los 80 en Nueva York, de jugar un poco con la ilegalidad", explica y anima a "evolucionar con los tiempos".

Otros advierten de que estas acciones les perjudican. "Es un acto vandálico, una burla contra el alcalde, y nos da mala fama a los que vivimos de esto", sostiene Gory, grafitero de Val Miñor que en Vigo ha pintado la nave de la Asociación de Marineros de San Miguel de Bouzas y el depósito de aguas de O Castro. Contra estos actos propone medidas disuasorias, como cámaras, en vez de punitivas. "Si no, aún los puedes picar más", argumenta.

Sergio González Pinche también se muestra preocupado por la imagen que dan del colectivo: "Es mala publicidad". Es duro con la pintada del tranvía, ubicado en la misma calle que su mujer con tentáculos. "Es innecesario y ridículo, todo lo contrario a algo artístico", sostiene y agrega: "Dentro de lo ilegal, puedes ir a un muro abandonado, no a un vagón recuperado".

Los que se aventuran con la autoría de la pintada en un lateral del vagón, en la que se puede leer "Abel" y "Patrón", apuntan a menores. María Romero, autora del mural del colegio Jesús de Praga, atribuye esta "falta de respeto en algo tan bonito a nivel simbólico" a "adolescentes con todo su despliegue hormonal". Considera que no se deben ignorar estas manifestaciones. "Están expresando algo interno, hay mucha sintomatología y se deben dar opciones y espacios para que la canalicen", entiende y explica que en su ciudad natal, Lleida, se habilitó una zona junto al río. Si se localiza al autor, entine que no se debe castigar, pero sí responsabilizar: "Que lo limpie para tomar conciencia".

La viguesa Silvia Rodríguez SAX, pionera del grafiti femenino en España y de proyección internacional, resta gravedad a la cuestión. Entiende que es "una gamberrada de unos críos", obra de "algún graciosillo" y descarta motivaciones políticas. Sí cree que "alguna medida, una multilla, un castigo o algo así sí que habría que ponerle" porque lo ve una faena para la gente que lo restauró. Como otros residentes, esta vecina de Coia lo veía venir. "Lo primero que pensé cuando lo pusieron fue: 'A ver cuánto tardarán en firmarlo", recuerda. Destaca que "además es un tranvía", un "caramelo tremendo" para "los locos de pintar trenes".

Para NoveNoel "hay que respetar el trabajo de los demás y darse cuenta del daño que haces". A partir de aquí, entiende que "si hay algo más detrás, también hay que fijarse en lo que reivindica". Aclara que no comparte todas las manifestaciones que hay en la calle, pero las entiende: "Son acciones que opinan y emplean sus medios para llamar la atención". "Denota que hay gente que vive la calle y hace suyo el espacio público", apostilla. Al autor del mural en las escaleras entre Torrecedeira y Pi y Margall solo le "pisaron" su obra una vez, en Santiago, y se muestra muy comprensivo. Era una mujer con trastorno mental que consideraba que su mural "perturbaba a los niños". "Si alguien tiene la capacidad y motivación para saltarse todas las normas, hay que escucharlo", opina.

Darío Álvarez Basso va más allá y ve "lectura artística" en la pintada del vagón. Considera que se acerca al "arte encontrado" y que con él se puede hacer un "viaje en el tiempo": un tranvía antiguo con una pintada moderna. También ve mucha "ironía". En un mundo como el grafitero, donde el nombre propio es la firma, "ponen el del alcalde". Aún así, condena el daño al mobiliario urbanístico. "Es una acto vandálico", concluye.

Los artista también están de acuerdo en que estos actos cada vez son menos frecuentes en la ciudad. "En Vigo, normalmente se respetan los trabajos", resalta SAX. "Ya hay conciencia de respeto al trabajo. Las habas negras se ven más en el saco, pero la mayoría son blancas y son las que perduran", opina el pintor Xavier Magalhaes, que recuerda que las pintadas ya se daban en el imperio romano. En lo del vagón ve "un acto de vandalismo" y defiende que "nunca tienen expresión reivindicativa".

"Estas tropelías, que denigran obras artísticas o con identidad, no se pueden consentir", se muestra firme Antón Pulido. "Todos tenemos la obligación de defender la ciudad. Cada vez hay menos casos de estos y tenemos que conseguir que no haya ninguno", añade. Quiere creer que es obra de "gente joven sin maldad" y "la noche con sus circunstancias".

Otros muralistas advierten que hay mucho más detrás. Cuentan que grafiteros "puros", chavales, están "molestos" con la intromisión del Concello en espacios que utilizaban ellos y con la vigilancia y los obstáculos cada vez mayores para estas prácticas por libre. Prefieren no dar sus nombres ni posicionarse públicamente porque fueron de este colectivo o tienen amigos en él. Algunos temen consecuencias como que la tomen con sus trabajos o, por la otra banda, que la Administración les ponga trabas.



Marcos M. Puhinger - Retrato de Krukenberg

"Hice grafitis, pero en zonas en las que no molestaban, no en material noble"

 



Silvia Rdgz. 'Sax' - Escalera Camelias-Romil

"Es una gamberrada de críos, pero una faena para quien lo restauró"

 



María Romero - Colegio Jesús de Praga

"Son adolescentes, con sus hormonas, pero es una falta de respeto"

 



Sergio G. 'Pinche' - Mujer con tentáculos

"Es innecesario y ridículo, todo lo contrario a algo artístico"

 



'Gory' - Asociación marineros San Miguel de Bouzas

"Es un acto vandálico y nos da mala fama a los que vivimos de esto"

 



'Novenoel' - Escaleras Torrecedeira-Pi y margall

"No estoy de acuerdo con fastidiar trabajos, pero hay que fijarse en qué reivindica"

 



Antón Pulido - Mural de la alegría, Peniche

"Cada vez hay menos, pero estas tropelías no se pueden consentir"

 



Xavier Magalhaes - Abeleira Menéndez

"Es vandalismo y nunca tiene expresión reivindicativa"

 


Darío Á. Basso - Coloso Atlántico, Areal

"Tiene lectura artística, pero es dañar el mobiliario urbano"

 
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