07 de octubre de 2018
07.10.2018
Los títulos con menos gancho de la Universidad de Vigo y

¿Y estudiar eso para qué vale?

Responsables y alumnos de las carreras que todavía tienen plazas libres reivindican su utilidad social y las salidas profesionales - Atribuyen su menor atractivo al desconocimiento entre los estudiantes

07.10.2018 | 03:54

Las clases arrancaron hace casi un mes pero algunas carreras continúan lanzando sus redes en octubre para llenar las aulas de primero, o al menos alcanzar una ocupación razonable, gracias a los dos últimos plazos de matrícula. En centros como la Facultad de Filología y Traducción se viven las dos caras de la misma moneda, mientras unos grados ya agotaron sus plazas en verano otros tienen la mitad de sus pupitres vacíos. El desinterés de la sociedad por las humanidades frente a la tecnología, los propios nombres de estos títulos con poco gancho y el desconocimiento de todas las salidas laborales son algunas de las razones que arguyen sus responsables para explicar las bajas cifras de inscripción.

En el campus vigués, dos especialidades de Traducción y de Industriales iniciaron el curso sin ningún matriculado: Galego-Francés, que ofertaba 10 vacantes, y el nuevo grupo en inglés de Ingeniería en Tecnologías Industriales, con 20. Tampoco esta opción para cursar el 80% de los créditos en inglés despertó demasiado interés en Telecomunicación, que solo sumó 3 inscritos en los primeros periodos de matrícula.

La Universidad de Vigo estrena esta oferta dentro del programa excelencia Ultreia de la Xunta, al que quizá le ha faltado difusión porque ambos grados, en su modalidad tradicional, ya agotaron sus plazas en verano y la ruta propia bilingüe de Industriales sumó 200 alumnos de grado y máster el año pasado.

Según los datos de la CIUG y los que manejan los propios centros, las carreras con más vacantes disponibles en proporción a su oferta son Ingeniería Agraria, con solo 6 alumnos en primero; Gallego-Inglés, también con 6; Recursos Mineros y Energéticos, que suma 7 estudiantes; y Ciencias del Lenguaje, con 12. Además, los grados de Ingeniería Forestal y Ciencia y Tecnología de Alimentos empezaron el curso en Pontevedra y Ourense, respectivamente, con la mitad de sus plazas sin cubrir.

El nuevo equipo rectoral ha anunciado un plan específico para los títulos con más dificultades a la hora de atraer alumnos, cuyo contenido todavía no ha trascendido, y este verano lanzó una campaña de vídeos a través de las redes.

Filología fue uno de los centros participantes y su decano, Luis Alonso Bacigalupe, confía en cubrir con los dos últimos plazos de matrícula las tres especialidades de Traducción que todavía tienen plazas y alcanzar los 30 alumnos en Ciencias del Lenguaje. Español-Inglés y Lenguas Extranjeras ya agotaron su cupo en verano. "Nuestras cifras globales, al final, serán similares a las del curso pasado, alrededor de 200 estudiantes", avanza tras conocer las cifras de preinscripción.

Ciencias del Lenguaje, surgida de dos remodelaciones de las antiguas filologías Hispánica y Gallega en menos de diez años, logró la total ocupación por primera vez el año pasado. "Históricamente, siempre ha costado cubrir las plazas, pero en 2017/18 se matricularon 51 estudiantes y pensábamos que podía empezar a cambiar la tendencia. Pero no ha sido así. Y hemos detectado que el nombre es muy poco transparente", apunta.

"El problema de captación es general en todas las universidades españolas por la confluencia de muchos factores. Las humanidades son necesarias para alimentar la reflexión y la organización del mundo, pero hoy prima todo lo que tiene que ver con el desarrollo tecnológico y la tendencia hiperutilitarista de la sociedad. A esto hay que sumarle la caída demográfica. Y otro elemento a considerar este año en Galicia ha sido la promoción de los estudios de FP como enseñanzas útiles. Se difundieron anuncios en televisión cuando nuestro presupuesto anual para promoción es de 3.200 euros, que no llegan ni para un segundo en pantalla. Analizaremos todos los datos y, si es necesario, haremos reformas", asegura Bacigalupe.

Lo cierto es que quienes eligen Ciencias del Lenguaje se muestran muy satisfechos con la formación recibida como revelan las encuestas a los egresados y testimonios como el de Julieta Insagary, que se acaba de estrenar como alumna de primero: "Mi media fue de un 9,9 y esta carrera era mi primera opción. Y cuando vi las listas había gente inscrita con mejores notas. Supuestamente, los grados científicos y tecnológicos tienen más salidas, nadie que estudie humanidades se libra de estos comentarios, pero eso no es lo más relevante a la hora de elegir. Me gustan los idiomas, mi objetivo es ser docente y el plan de estudios me parece muy completo. Además hay muchos alumnos extranjeros o que ya tienen otros estudios previos, lo que crea un ambiente muy enriquecedor. Llevo un mes de clase y por ahora estoy muy contenta".

En la Escuela de Minas y Energía tienen, a día de hoy, 30 alumnos en Ingeniería de la Energía, titulación que imparte de forma exclusiva dentro del sistema gallego y para la que oferta 50 plazas. En cambio, en Recursos Mineros y Energéticos solo suma 7 estudiantes. "Los últimos periodos supusieron el año pasado el 15 y el 30% de matrícula, así que esperamos aumentar los datos finales. Lo que sí hemos podido identificar es que la nota medio de acceso es superior", destaca su directora, Elena Alonso.

A la espera de un análisis "detallado y serio" sobre la matrícula definitiva para conocer las expectativas de los alumnos y los motivos de su elección, la directora se basa en la "intensísima actividad de divulgación" que desarrolla el centro para adelantar algunas conclusiones.

"Hacemos muchas actividades dirigidas a centros educativos, empleadores, administraciones y ciudadanos. Y percibimos que persiste cierto desconocimiento sobre el potencial de nuestros egresados y, sobro todo, a qué se dedican. El grado de Recursos Energéticos y Mineros se asocia solo al ámbito de la minería, túneles o voladuras, pero sus especialidades también permiten formarse en metalurgia, nuevos materiales, energías renovables, medio ambiente, gestión del territorio o combustibles. Se trata, por tanto, de una ingeniería con una importante diversificación de salidas profesionales", puntualiza.

Alonso también subraya las ventajas que supone estudiar en un centro pequeño: "Podemos llevar a cabo una atención más personalizada. Y además contamos con un programa de mentorización para los estudiantes de nuevo ingreso. Apoyaremos y asesoraremos a todos los que se incorporen ahora para que se integren con normalidad".

Santiago Domínguez, alumno de recursos Mineros, apunta también a esa cercanía: "En tercero, las clases de las especialidades parecen particulares. Es una ventaja ser menos alumnos frente a otras escuelas más masificadas como Industriales. El clima es muy bueno, nos acabamos conociendo todos. Y otra ventaja es que hay menos ingenieros de nuestra rama en el mercado laboral, lo que puede facilitarnos encontrar un trabajo".

"Posiblemente mucha gente sigue asociando estos estudios a la mina, pero no es así, también incluye la industria y los laboratorios. Nuestro abanico de trabajos va mucho más allá. A mí me interesaban los recursos y ahora que he avanzado me gustan los temas de generación de energía o control de calidad", comenta.

En el campus de Ourense también atribuyen la baja matrícula en Ingeniería Agraria al desconocimiento sobre sus salidas laborales. El curso pasado se inscribieron 23 alumnos y, a falta de dos plazos, este año tienen 6. "Los datos son una incógnita para nosotros. Hacemos promoción en centros de Secundaria de toda la provincia y también en Pontevedra y Lugo. Debería ser una carrera más atractiva porque otorga a los titulados competencias profesionales reguladas por el BOE y el sector agrícola y ganadero es muy importante para la economía gallega. Creo que una de las razones es que, por prejuicios, los alumnos y sus familias la asocian al trabajo en el campo, pero es un título estratégico para el desarrollo de nuestra comunidad", defiende su coordinador, el profesor Juan Carlos Nóvoa.

"Los medios dan una idea de que el sector primario no supone perspectivas rentables de futuro, pero hay que disuadir a los jóvenes para que vean el campo como un ámbito de trabajo atractivo. Para que Galicia explote toda su riqueza de manera sostenible necesita a gente con la mejor formación, por eso esta carrera es fundamental. Y la propia Administración debería animar a los alumnos reduciendo el coste de la matrícula o con becas específicas", propone.

Las cifras globales de la Facultad de Ciencias se compensan con la matrícula en los otros dos grados que imparte, cuyos alumnos comparten materias y profesores con los de Agraria: "Estamos sacando más rendimiento a los recursos humanos y materiales".

La verinesa Elena López decidió matricularse en la carrera tras completar un ciclo superior de FP en Eficiencia Energética. "Me preguntaban para qué servía, se asocia al campo y se ignora que tiene complicaciones como cualquier otra ingeniería. Me sorprendió todo lo que abarcamos. Yo descarto dedicarme al peritaje o los temas de legislación, pero me interesa el diseño de las explotaciones y cómo optimizar los cultivos y que sean menos agresivos", plantea.

"La fama siempre se la llevan las mismas carreras y otras quedan en el olvido a pesar de su interés y su importancia. En Galicia el sector primario es clave y este grado debería darse más a conocer", concluye.

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