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Sin bajos disponibles tras alcanzar los 130 negocios

El Casco Vello de Vigo, a tope

Los portavoces del sector empiezan a ver una "saturación de la oferta" y piden más control sobre nuevos locales que no cumplen la normativa

Estampa habitual de los días de calor en la Plaza de la Constitución con las terrazas llenas. // J. Lores

El Casco Vello es el responsable de que Vigo sea la única ciudad gallega en la que aumentan de forma significativa los negocios de hostelería. El incremento del 16% que reflejan los datos del Catastro desde el año 2009 se debe en gran medida a la auténtica revolución que está viviendo el barrio. Ha pasado de zona marginal a objeto de deseo en apenas seis años. Según cifras de la Asociación de Comerciantes y Hosteleros Vigovello, el boom del casco histórico ha tocado techo este año al alcanzar los 130 restaurantes y bares, la mayoría de los cuales han surgido en los últimos años.

Tanto la portavoz de los hosteleros del barrio, Itos Domínguez, como el presidente de la Federación Provincial de Hostelería (Feprohos), César Ballesteros, reconocen que la demanda de locales y las continuas aperturas que se registran en el casco histórico no tienen reflejo en ninguna otra zona de la ciudad, si bien es cierto que tanto O Calvario como la parte antigua de Bouzas están viviendo también una segunda juventud.

Pero lo del Casco Vello es un fenómeno mucho más fuerte que ha cambiado los hábitos de ocio de los vigueses y los representantes del sector hostelero abogan por planificar bien el futuro del barrio para evitar que la "brutal" competencia que ya se está produciendo acabe llevando al cierre a muchos locales que se subieron a última hora al carro del éxito.

Domínguez, de Vigovello, asegura que la actividad en el barrio ha crecido de tal forma que ahora se enfrentan a un "exceso de oferta". "En verano hay actividad para todos porque entre la demanda local y la llegada de turistas se llenan los negocios. Está siendo un verano muy bueno. Pero aquí no todo es oro. El invierno ha sido duro porque hay muchísima competencia y fuera de temporada se trabaja fuerte el fin de semana y el resto de días se flojea más", explica.

Satisfecha con la rehabilitación urbana de la zona, advierte de la necesidad de que las administraciones sean firmes a la hora de no conceder más licencias y controlar el funcionamiento de los locales existentes. Al tratarse de una Zona Acústicamente Saturada (ZAS) no debería permitirse la apertura de más negocios, pero eso no evita que bajos dedicados a comercio minorista u otros usos se reorienten hacia la hostelería para aprovechar puntualmente el tirón.

"Corremos el riesgo de morir de éxito. Todas las semanas siguen llegando peticiones de nuevos locales y tengo que explicar que ya no hay bajos disponibles para montar un restaurante o un bar. Vivimos una auténtica fiebre por el Casco Vello. La gente no se para a pensar que estamos llegando a un punto de saturación. Todo debe tener un límite", comenta Domínguez.

La portavoz de Vigovello cree que no hay demanda para mucho más de un centenar de locales y por eso pide al Concello más control sobre negocios pequeños que piden licencia para una tienda de degustación o similar y después funcionan como bares. "Tenemos al menos quince localizados. No cumplen la normativa de hostelería ni pagan los mismos impuestos y necesitamos más vigilancia", solicita Itos Domínguez.

También César Ballesteros insiste en la necesidad de establecer mayores controles en el Casco Vello y explica que se llegó a trasladar al departamento de Turismo de la Xunta en Pontevedra "la competencia desleal que representan las terrazas de establecimientos que por ley no tienen derecho a ella". Recuerda que "no todas las licencias permiten servir cafés ni poner mesas y sillas en la calle".

Los hosteleros más veteranos piden un análisis detallado de la situación para consolidar la recuperación de la zona y evitar que se produzcan cierres. El tirón del Casco Vello es el que ha permitido a Vigo pasar de 244 a 285 locales de ocio y hostelería desde 2009 mientras en el resto de ciudades la cifra se mantenía sin variaciones. En Pontevedra subió de 62 a 63 en el mismo periodo y en Santiago se pasó de 121 a 123.

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