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Fue noticia en 2000

Un icono de la música

Suso Vaamonde murió hace quince años en Vigo y su legado se mantiene como un símbolo de la cultura gallega

Suso Vaamonde, a la guitarra, en una actuación ante la vieja cárcel de Ourense donde estuvo recluido. // FdV

Suso Vaamonde, a la guitarra, en una actuación ante la vieja cárcel de Ourense donde estuvo recluido. // FdV

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A. L. | VIGO

La noticia de la muerte de Suso Vaamonde conmocionó el panorama cultural gallego en el mes de febrero del año 2000. Se cumplen quince años de la desaparición de un icono de la música y también de un emprendedor "incansable", según la definición que hacen de él sus familiares y amigos. Tenía 49 años y mantuvo una larga lucha contra el cáncer.

Su entierro y su funeral fueron algunas de las mejores muestras del carisma de un hombre que siempre defendió sus ideales. "Fue muy comprometido", relatan. Su féretro fue cubierto por la bandera de Galicia y en la misa, celebrada en la iglesia de los Jesuitas, los asistentes cantaron "Volvín a terra pero perdín o amor", uno de sus temas más emblemáticos. Después un largo aplauso le despidió para siempre. Sus cenizas reposan en Regodobargo, un pequeño pueblo que pertenece a Pontecaldelas.

Allí nació el 20 de diciembre de 1950. Su madre, Araceli, era la maestra. Suso Vaamonde tuvo seis hermanos: Araceli, Asun, Loli, Anxos, Senén y Luis. Este último también tuvo un gran protagonismo en su vida, ya que durante muchos fueron componentes del grupo A Roda.

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Suso Vaamonde compuso su primera pieza musical a los 16 años. Se iniciaba así una carrera en la que fundó los grupos Os Copens, Marco Barlovento, Voces Ceibes y A Roda. Siempre con la música gallega con referencia. A Roda nació en el centro de Vigo, en los bares 'Chabolas' y 'La viuda'. Allí se reunían un grupo de amigos para cantar. Y en esos lugares también comenzó a construirse una leyenda que todavía hoy es recordada y permanece viva.

La vida de Suso Vaamonde no fue sencilla. En el mes de junio de 1979 se celebró en la Praza da Ferrería de Pontevedra un concierto antinuclear. El cantautor interpretó "Uah!", una de sus piezas más populares. Pero decidió añadir una estrofa: "Cando me falan de España, sempre teño unha disputa, que se España é miña nai, eu son un fillo de puta". Las autoridades consideraron este fragmento "injurias a la patria con publicidad". Fue condenado a seis años y un día de cárcel. Se dice que fue el primer sentenciado político de la democracia.

Decidió exiliarse. Vivió en Londres, Alemania y su estancia más larga fue en Caracas. También estuvo en Portugal, donde le rindieron numerosos homenajes. Regresó a España en 1984 y fue recluido en la cárcel de Ourense. Allí estuvo durante 46 días. El Gobierno de Felipe González le concedió el indulto. Suso Vaamonde, fiel a su forma de vivir, ofreció un concierto en el centro penitenciario.

Su trayectoria musical estuvo ligada a los poetas gallegos. Le ponía música a sus versos. Pero también publicó siete discos en solitario. Muchos de los amigos que tuvo todavía se juntan para cantar sus canciones e incluso grupos como A Quenlla le nombran en todas sus actuaciones. Es un homenaje sentido, pero también un compromiso inquebrantable con su figura.

Antes de su muerte, en Salvaterra se celebró un concierto en el que estuvo presente, pero no pudo cantar. Se reunieron emblemáticos grupos de la música tradicional gallega. Fueron siete horas de actuaciones, desde las diez de la noche hasta las cinco de la madrugada, en un acto al que acudieron más de tres mil personas.

El pasado mes de agosto, la Fundación Xermolo Manuel María también se acordó de Suso Vaamonde. Le otorgó el premio A Navalla de Manuel María, su galardón más emblemático. Y para recuerdos, las calles. Salvaterra, Chapela y Vigo le rinden también tributo de esa forma. La viguesa se encuentra en la zona de Samil, enfrente del Colegio Amor de Dios.

El músico y cantautor dejó una huella y legado difícil de olvidar. Muchos de sus amigos y familiares, que residen en Vigo, reconocen que "es complicado olvidarse todos los días de una persona que dejó una huella imborrable". Destacan su carácter, "intenso pero leal", y la mala suerte de morir tan joven. "Se marchó sin conocer a sus nietos y eso sí es una gran pena", admite Loli, una de sus hermanas. Xesús, su hijo, también le rinde homenaje todos los días . En todos quedará para siempre su música comprometida y también sus discos, legado que perdurará en la reciente historia de Galicia.

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