Históricos comercios y establecimientos de hostelería de la ciudad, con la llegada del nuevo año, se han tenido que enfrentar al fin de la renta antigua. La prórroga que la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994 concedió a los inquilinos de locales de menos de 2.5000 metros para que pudiera mantener durante 20 años un alquiler por debajo del precio de mercado, se acabó el pasado 31 de diciembre. Estos arrendatarios, con contratos anteriores al 9 de mayo de 1985, se han visto obligados a renegociarlos con sus caseros. El resultado de este proceso ha sido dispar. Unos han alcanzado acuerdos, con incrementos de hasta un 200%. Otros han optado por trasladarse. Y también hay quien ha bajado la verja, ya sea porque aprovechó la ocasión para jubilarse o porque se ha visto incapaz de asumir la subida de los costes.

Se salvan de la actualización del alquiler aquellos negocios en los que siga al frente del negocio el titular original del contrato de renta antigua, o bien su cónyuge, que están blindados por ley hasta su fallecimiento o jubilación. Es el caso de la mercería Saldaña, en la calle del Progreso, donde calculan que aún le quedan tres años. Sin embargo, ya han encontrado otro local al que trasladarán su actividad comercial y mantendrán el actual para "labores".

No existe ningún registro que ofrezca datos concretos sobre cuántos negocios se han visto afectados por este cambio de normativa. La Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos en España estima que rondan los 60.000 en el país y alerta de que 19.000 tendrán serías dificultades para mantenerse. En la comunidad, la Federación Gallega de Comercio calcula que ha perjudicado a 4.500, el 10% del total. Si extrapolamos este porcentaje a los 3.110 comercios minoristas y los 1.913 locales de hostelería que el Instituto Galego de Estadística contabilizó en Vigo en 2013, a principios de año, podría haber finalizado alrededor de medio millar de contratos de renta antigua en la ciudad.

El gerente de la Cámara de Comercio de Vigo, José Manuel García Orois, explica que la medida no ha tenido un impacto homogéneo en la metrópoli, sino que la mayor parte de los inmuebles en esta situación se encuentran en "las zonas que tenían peso comercial hace cincuenta años". Nombra al entorno de la calle Príncipe, el Calvario y Traviesas. García Orois recuerda que no ha sido una actualización repentina, sino "un proceso largo y relativamente progresivo". En las oficinas de la cámara, "desde hace año y medio", se han presentado "bastantes" empresarios para asesorarse sobre el contenido de la nueva norma.

Entiende que el momento que atraviesa el mercado de alquileres de bajos comerciales, con un importante porcentaje de ellos vacíos, "facilita los acuerdos". "Va a contar mucho las expectativas que tenga el dueño, las posibilidades que tenga su propiedad", apostilla. Es posible que sean altas las expectativas del dueño del local sonde durante los últimos 52 años ha estado Curtidos Blanco. Un amplio negocio, en Urzáiz, en los primeros metros de prolongación de la calle comercial por excelencia en la ciudad, Príncipe. Los responsables del negocio prevén cerrarlo cuando terminen de liquidar las existencias.

Fiesta de despedida del Choco Bar en Vigo // Jose Lores

El fin de la renta antigua, sumado al paulatino deterioro que ha sufrido el inmueble, ha abocado al cierre emblemático café-bar Choco. Este clásico de la noche viguesa, que nació como restaurante en 1964 de la mano de Armindo Lorenzo y Pilar González, ya estaba gestionado por los hijos de los fundadores, que lo despidieron esta semana con una fiesta hasta altas horas de la madrugada.

Otro de los damnificados es la tienda de música Manrique Villanueva, fundada en 1907 por el violinista de la Sinfónica de Madrid que le dio el nombre. La actualización del alquiler, en el caso del negocio ubicado en Velázquez Moreno, se une también a otras circunstancia, como la escasa rentabilidad. También fue un empujón más para el dueño del bar Hipólito, un clásico en As Travesas.

Algunos han aprovechado la ocasión para jubilarse. Es el caso de la tasca marinera, El Turista, de O Berbés, que en Nochebuena sirvió su última cena, tras 70 años con los fogones encendidos.