Hace unos cinco millones de años los caracoles marinos del género Conus dieron el salto desde el continente africano al archipiélago de Cabo Verde, dispersándose por sus islas y dando lugar a nuevas especies. El catedrático de Genética David Posada investiga esta radiación dentro de un proyecto financiado por el Ministerio de Economía que también tiene entre sus objetivos optimizar el análisis evolutivo mediante las tecnologías de secuenciación masiva (NGS) y en el que colaboran expertos en zoología del Museo Nacional de Historia Natural-CSIC y las universidades de Cádiz y Algarve.

"Las islas son laboratorios naturales perfectos para entender el proceso evolutivo. La biodiversidad es muy elevada en un espacio reducido que se encuentra confinado y, a la vez, también fragmentado. A partir de los genes de los caracoles queremos entender su filogeografía, es decir, cómo se distribuyeron y diversificaron. Y utilizamos este contexto para explorar distintas aplicaciones de la secuenciación masiva", explica Posada.

La variedad de estos caracoles en Cabo Verde es conocida gracias al exhaustivo trabajo de Emilio Rolán padre -su hijo es un reconocido biólogo del campus-, pediatra de profesión y malacólogo de renombre internacional. Los Conus son moluscos cazadores que paralizan a sus presas con una toxina que está siendo estudiada por su potencial interés para combatir el alzheimer.

Los investigadores analizan las especies de mayor tamaño, alrededor de 3 centímeros, y extraen 2.000 marcadores genéticos de cada ejemplar. El proyecto arrancó el año pasado con una primera expedición a las islas de Maio y Santiago.Y el pasado abril, el equipo se desplazó a Sal para recoger más caracoles buceando con snorkel.

Una vez en Vigo, los expertos extraen el ADN de las muestras y lo liofilizan para enviarlo a un laboratorio de la Universidad Estatal de Florida que también colabora en el proyecto y que los remite después de nuevo al campus para continuar con los análisis.

Ya han cerrado este proceso con un centenar de ejemplares y los expertos estadounidenses trabajan en estos momentos con nuevas muestras. El proyecto acabará a finales de 2015 y es posible que a lo largo del próximo año los investigadores organicen otra expedición a la isla de Boa Vista.

Posada, cuyo trabajo diario se desarrolla en el ámbito de la biocomputación y, por tanto, ante ordenadores, asegura que añadió la filografía marina a las líneas de trabajo de su grupo de Filogenómica por "envidia" hacia los compañeros del campus que analizan la biodiversidad en puntos remotos del planeta. "Lo necesito. Vuelves con la mente limpia y para mí es bueno entender y participar en todas las etapas del proceso", reconoce.

Otro de sus proyectos en este ámbito le saca del laboratorio para bucear en la Ría de Vigo junto al profesor Jesús Troncoso en busca de nudibranquios o babosas marinas, diminutos invertebrados que condensan en pocos milímetros colores y formas sorprendentes: "Nos financiamos con fondos propios y también trabajamos con otras muestras para delimitar las especies y su distribución en la Península Ibérica".